Críticas

Un fin imperceptible

Solo el fin del mundo

Juste la fin du monde. Xavier Dolan. Canadá, 2016.

Cartel de la película Solo el fin del mundoAunque uno no sea un fan de Xavier Dolan (yo personalmente soy una fan enorme), no se puede negar que el joven cineasta canadiense es un genio. No obstante, parece que él mismo no se preocupa demasiado por lo que piensan los demás y sigue haciendo el cine que le interesa, y esa es su fuerza. Desde los principios de su carrera, en 2008, a la edad de 19, cuando dirigió y escribió su primera película, J’ai tué ma mère, por la cual ganó tres premios en el Festival de Cannes, luego Mommy, hasta la última Sólo el fin del mundo (las dos también reconocidas en Cannes), el enfant terrible de cine de autor se arriesga al difícil juego con las emociones de los espectadores: a fin de cuentas, sólo hay tanto sufrimiento y vulnerabilidad que se puede soportar y de lo que se puede ser testigos, aunque esté sólo en la pantalla. Dolan camina una línea fina entre montar un espectáculo y llevar a los espectadores al límite. Eso me trae a la mente las películas de Quentin Tarantino en lo que respecta a los extremos. La diferencia es que Dolan reemplaza la violencia física de Tarantino con la furia, la ira verbal, que también linda con la agresión física. Por eso me sigo preguntando: ¿Por qué, aunque muchas veces haya tenido ganas de parar el filme de Dolan o salir del cine por no poder soportar que los personajes se provoquen tanto daño, no lo hago? ¿Será que encuentro placer en esta experiencia voyeurista? Sí, puede ser, pero hay más. Lo que me atrae del cine de Dolan, lo que creo que atrae también a los demás, es exactamente lo que les puede quitar las ganas de verlo: su coraje, su audacia, su fuerza, su sinceridad brutal.

Solo el fin del mundo, fotograma

Lo que llama atención es que Sólo el fin del mundo tiene mucho en común con otra película del año 2016, Fences, en lo que respecta al lugar dónde se desarrolla la historia y el énfasis en los diálogos, en vez de una acción convencional. Estamos en una especie de escenario, que consiste en la casa y el jardín de la casa de la madre de Louis (Gaspard Ulliel), un treintañero dramaturgo homosexual con una enfermedad terminal. Después de doce años de ausencia, Louis hace una visita a su familia para comunicarles que le queda poca vida. Si bien por un momento salimos de la casa, cuando el protagonista y su hermano Antoine (Vincent Cassel) suben al coche a dar una vuelta, poco después regresamos al mismo sitio. El espacio limitado, se aprovecha técnicamente con abundancia de los primeros planos que encuadran a los protagonistas de una manera cerrada, al igual que poca profundidad de campo. No obstante, lo que verdaderamente revela los orígenes teatrales de la película, basada en una posiblemente autobiográfica obra de Jean-Luc Lagarce, un actor, dramaturgo y director teatral que en 1995 murió de SIDA, es su “diestra verbosidad” (Sight & Sound, marzo 2017, p. 64). Como en Fences, otro filme reciente basado en una obra de teatro, lo que cuenta más son los monólogos pronunciados por los personajes y las conversaciones en las que participan y que sin falta se convierten en unas peleas dramáticas y casi insoportables para el espectador. Por si fuera poco, la cámara elije un objeto o una cara a la vez, intensificando estos conflictos. Como resultado, les tenemos que enfrentar uno a uno. Si fuera lo contrario, tal vez habría más ruido, pero menos destrucción. Sólo en algunos momentos breves de una paz relativa (de hecho, la calma antes de la tormenta), uno se acuerda, aunque eso resulta muy duro hacer, que no estamos viendo una pelea familiar real, sino un filme. Entonces nos podemos dar cuenta del impresionante talento interpretativo y virtuoso de todo el reparto, particularmente de Vincent Cassel, cuyos incontrolables ataques de ira, realmente, dan tanto miedo como asco y hacen que durante una agotadora hora y media de esa intensidad emocional estemos totalmente pegados a la silla.

Juste la fin du monde

Pero esa intensidad emocional no viene sólo de la continua pelea de la que somos testigos, porque los arrebatos de furia están entrelazados con unos breves momentos de la vida familiar que tienen apariencia de normalidad. Esperamos que por fin Louis pueda anunciar su noticia, y que ante ella, la familia se reúna y le perdone por tenerles olvidado durante doce años. No obstante, los espectadores en seguida se dan cuenta de que tienen que estar atentos, porque esa tranquilidad es para engañarles. Resulta que los resentimientos dentro de la familia son tan graves, que la paz dura sólo unos minutos, antes de convertirse en otra pelea, todavía más brutal y humillante. Finalmente, Louis abandona sus intenciones de decir la verdad y se le entiende, porque parece que a los miembros de la familia, tan atrapados en la autocompasión y con tan poca consideración el uno por el otro, ese tipo de noticias, aunque se tratara del fin del mundo (alias la muerte de uno de ellos), no recibiría la atención que se merece. Al final, nadie se da cuenta de las señales de la enfermedad que muestra Louis, por ejemplo el sudor de su frente, los anillos rojos alrededor de los ojos o que esté demasiado silencioso. Louis no quiere pincharles la burbuja en la que su familia está tan cómoda y de la que no parece que tenga muchas ganas de salir.

Esta historia podría haber sido contada de forma diferente, por ejemplo de una manera moderada, con menos violencia verbal y más respeto hacia el protagonista que se está muriendo, pero a Dolan no les interesan soluciones intermedias, sino el impacto que su trabajo tiene en los espectadores. Sus películas no se puede quitar de encima de una manera fácil. En mi caso, continuamente les doy vueltas, me hacen pensar cómo se puede mejorar la condición humana y transformar nuestras sociedades. Creo que en esos tiempos inquietantes, el cine de impacto profundo es lo que más necesitamos.

Ficha técnica:

Solo el fin del mundo (Juste la fin du monde),  Canadá, 2016.

Dirección: Xavier Dolan
Duración: 97 minutos
Guion: Xavier Dolan (Obra: Jean-Luc Lagarce)
Producción: Coproducción Canadá-Francia; Sons of Manual / MK2 / Telefilm Canada
Fotografía: André Turpin
Música: Gabriel Yared
Reparto: Léa Seydoux, Nathalie Baye, Gaspard Ulliel, Vincent Cassel, Marion Cotillard

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