Críticas

Al lío

Sieranevada

Cristi Puiu. Rumanía, 2016.

SieranevadaCartelEl director Cristi Puiu, integrante de la denominada Nueva Ola rumana, ha sido hasta el momento premiado en importantes festivales con sus largometrajes anteriores, entre ellos La muerte del Sr. Lazarescu (Moartea domnului Lazarescu, 2005) o Aurora, un asesino muy común (Aurora, 2010). Con Sieranevada, participó en la Sección Oficial del de Cannes del pasado año y se alzó con el galardón de Mejor Película en el de Chicago.

Aunque el realizador no destaca precisamente por su maestría economizadora de metraje, con esta última propuesta, Puiu se permite la osadía de tomarse prácticamente tres horas, concretamente 173 minutos, para situarnos en un ambiente determinado, en colocarnos o describirnos un clima universalmente reconocible. Y hablamos de atrevimiento, porque a la media hora del filme ya se ha captado en su conjunto el mismo, haciéndose innecesario y fatigoso buena parte de su desarrollo.

Lo meritorio de la obra no es llevar a la pantalla acontecimientos insospechados o no, que se van sucediendo y hacen avanzar una trama, sino saber recrear un microcosmos transportable a cualquier país y a muchas familias, circunstancia que el director consigue con eficacia en pocas escenas. El clima y ambiente se crea con ocasión de la reunión de un clan, parentela más próxima o amigos íntimos, en su intención de realizar los ritos culturales y/o religiosos propios que acostumbran a perpetuarse con la muerte de uno de ellos.

La película, excepto los diez minutos iniciales de un largo plano-secuencia y otros tantos que transcurren en la vía pública en sus postrimerías, se desarrolla en su totalidad en un pequeño piso de clase baja. El apartamento está situado en Bucarest y se presenta anodino, sin elemento destacable alguno más que la vulgaridad, además de la acumulación de objetos. A ello, en su puesta en escena, deberemos sumarle las incesantes personas que van y vienen, que pululan por ahí, aparecen y desaparecen, rellenan una estancia o la vacían. Nos asemeja como la vida misma, en tiempo real, o eso desearíamos, porque si la ficción la reduce, maldita esta existencia de tiempo acotado y perdido haciendo la nada.

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Con tales elementos, el realizador rumano se atiborra con una cámara que sigue a los personajes, de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, los instiga desde cualquier ángulo y los acompaña el tiempo que le apetece, hasta que suena un móvil o llaman a la puerta, o alguien realiza un movimiento y decide cambiar de objetivo. Pero dicha modificación no altera métodos o forma de seguimientos. Desafortunadamente no estamos contemplando una película de Ernst Lubitsch, pero jamás habíamos visto tantas puertas abrirse y cerrarse concentradas en un mismo filme. La diferencia con el director estadounidense de origen alemán es que en Sieranevada no nos importa demasiado qué sucede detrás de esas estancias que se abren o se cierran al espectador.

Por la sensación y alguna conversación escuchada, el piso en donde se mueven los personajes podría derivar de la época comunista y entre otras estrecheces, la luz no es su fuerte. La oscuridad de las habitaciones, añadiéndose la circunstancia de que al parecer nos encontramos en temporada invernal, o así se deduce de la nieve o el hielo del exterior y de la vestimenta, nos aboca a una fotografía funesta por sombría, acorde por otra parte con la coyuntura lúgubre de la reunión. En cualquier caso, solo basta imaginar cualquier comida de navidad en donde ustedes elijan y añadirle esa dosis de congoja por el deceso producido con ocasión del encuentro que se “conmemora” . Y si encima rematamos la faena juntando conversaciones sobre política, religión o sexo, pues ahí estamos, al lío, cada uno a lo suyo. Pero a veces el río se revuelve en demasía y llega la inundación.

Incluso se alcanza la sensación, hasta ciertos momentos en la película, de estar a punto de disfrutar de una obra excepcional, de que hasta el camarote de los hermanos Marx se nos quedaba grande y las expectativas iban creciendo. Pero todo ello termina estancándose en agua de borrajas y llega un punto en que entendemos que el realizador Cristi Puiu ya no tenía nada más que aportar. Con ello, lo que se consigue es dejar desangelada y roma buena parte de su nueva obra. No sucede acontecimiento sobrecogedor alguno, únicamente la vida y nada más, que no es poco; pero lo que se hubiera podido plasmar con poesía, incertidumbre, intriga o imaginación no debe permanecer estático con la misma canción de cámara va y cámara viene el tiempo que nos antoja.

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Desconocemos el porqué de la risa final, ni qué tiene de comedia la obra; es probable que sea mejor así, tomarse con cierto humor nuestras vidas ya que no parece que vayan a dar mucho más de sí. También, a lo largo del largometraje, hasta nos había entrado el apetito, pero si llegan al término de la película, se darán cuenta de que las promesas no daban para tanto; ¿o la mejor parte se la llevó el religioso? Y ya que estamos con  el remate del filme, lo que nos pareció una obra que carecía de banda sonora, les recomendaría que no se perdieran el inmenso número de canciones que parece que la forman según los títulos de crédito. Tampoco en el conato de búsqueda del encargado de la misma hemos tenido el acierto de encontrarlo. La razón de este contrasentido de asomo de ausencia musical se encuentra por vía diegética, a través de una radio que se escucha constantemente en la sombra y a poco volumen.

Nos produce la máxima admiración y respeto el salirse de las vías establecidas por las exigencias comerciales, pero si ello se realiza a fuerza de la paciencia del cinéfilo, entendemos que no es el mejor camino. Esperaremos a la próxima, ya que el realizador rumano ha dado buena muestra de su particular y atractivo saber hacer a lo largo de toda su carrera. Y terminamos mencionando lo que más nos ha fascinado de todo el largometraje: la circunstancia de que sea la religión con la que nos topemos, sigue sin entenderse un ápice las proclamas lanzadas desde su oficialidad. Al respecto, presten atención al monólogo del pope sobre la segunda llegada inadvertida de nuestro salvador. No tiene desperdicio.

Tráiler:

Ficha técnica:

Sieranevada ,  Rumanía, 2016.

Dirección: Cristi Puiu
Duración: 173 minutos
Guion: Cristi Puiu
Producción: ARTE France Cinéma / Alcatraz Film / Mandragora; Rumanía-Francia-Bosnia y Herzegovina-Croacia-Macedonia
Fotografía: Barbu Balasoiu
Reparto: Mimi Branescu, Bogdan Dumitrache, Catalina Moga, Dana Dogaru, Petra Kurtela, Sorin Medeleni, Tatiana Iekel, Marian Ralea, Simona Ghita, Andi Vasluianu, Judith State, Iulian Puiu, Silvia Nastase, Rolando Matsangos, Ioana Craciunescu

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