Cortometrajes 

Shmama

Shmama, de Miki Polonski, se inicia con un plano general de un desierto. Una extensa tierra árida y seca, que se abre paso ante cualquier horizonte posible. La cámara comienza a retroceder muy lentamente, mediante un travelling retro. Al final se revela situada en el interior de un hotel, y desde ese momento muestra una voluntad de penetrar con su mirada y movimientos serenos y pausados, de insinuar o susurrar la tragedia de su protagonista, Leah, que vive con su hija, Meital. La cámara ha pasado de encuadrar un enorme desierto, a encuadrar la ventana que limpia una mujer, y después, de manera muy gradual, un pasillo del hotel. Un plano secuencia largo, que denota una estudiada planificación y sobre el que se pueden hacer varias lecturas. En primer lugar, Polonski retrata la soledad a través del paisaje, la misma que sufre Leah, su protagonista. En segundo lugar, esta idea se subraya desde la forma adoptada para expresarse, un travelling retro que realza el aislamiento y la imposibilidad de crecer.

Este espacio vacío y estéril, donde no crece nada, es el punto de partida del filme, al igual que los pasillos con un único punto de fuga o las mujeres que limpian las habitaciones del hotel con cierta indiferencia. Hay un plano general que Polonski compone encuadrando la fachada del hotel, la cual está compuesta de las terrazas de las habitaciones, y donde se ve a las empleadas haciendo su trabajo. Las terrazas en este plano, parecen celdas y se muestran como sinónimo de la encrucijada que viven, marcada por el aislamiento. Polonski pone de manifiesto con gran fuerza visual, no ya solo a través del paisaje que retrata, sino de la propia arquitectura, su capacidad simbólica para absorbernos, engullirnos y hasta anularnos. El retrato de Polonski, con este distanciamiento, muestra la impotencia de los personajes para conectar con el mundo que los rodea.

Shmama es el nuevo cortometraje del joven director israelí, Miki Polonski, quien llegó a presentar Ten Buildings Away (2015) en Cannes (Cinéfondation). El cortometraje que nos ocupa fue proyectado en el Festival de Cine de Jerusalén y premiado después en el Festival de Cine de Locarno, dentro de la sección Pardo di Domani, con el Pardino d’Argento SRG SSR.

Polonski muestra la soledad, los miedos y los recelos de Leah, a quien parece que su marido, por ejemplo, abandonó. El cortometraje no explica con precisión qué sucedió en el pasado de Leah, sin embargo, una noche queda para cenar con un compañero y se dará cuenta que todavía no se encuentra preparada para afrontar una nueva relación. Su situación desemboca, por tanto, en una incapacidad de comunicación y de establecer nuevas relaciones, una manifiesta parálisis que le genera el miedo a volver a adquirir un nuevo compromiso.

Shmama también es un retrato de la relación entre una madre y su hija, que se encuentra deteriorada. El modo en que esta idea se retoma al final del cortometraje, será la fortaleza de la película. Polonski lo hace a través de otro bellísimo plano secuencia. Leah ha decidido ir al hotel. Su hija, Meital, cantaba esa misma noche. La cámara encuadra a Leah en un pasillo del hotel, apoyada sobre una pared, mientras se oye una canción. La cámara, poco a poco, recorre el pasillo y se acerca a Leah. El movimiento ahora, travelling de acercamiento, es el contrario con el que Polonski decidió abrir la película, si bien la planificación sigue siendo igual de milimétrica. Ese gradual acercamiento de cámara, muestra una reconciliación, que el director israelí refuerza con otro elemento, como es la canción que canta Meital, que le ayuda a expresar la situación del personaje.

Cuando Leah, después de caminar un poco, se sitúa al lado de una puerta, hay camareros que entran y salen, y ésta queda abierta. Al fondo vemos a Meital cantando, que ahora ha quedado reencuadrada por el marco de la puerta. Leah, ha quedado apoyada en la pared, escuchando, sin mostrarse. Esta música diegética es el modo en que Polonski decide explicar cuál es el sentimiento de Leah.

Los dos personajes, en planos espacio-temporales diferentes, se funden a través de esa canción. La forma que adopta el filme, transporta al espectador a un punto suspendido, en el que Polonski consigue hacer bien visible la idea sobre la necesidad de luchar frente a los temores, crecer y reponerse, si bien no parece albergar demasiada esperanza y prefiere aferrarse a la idea de la imposibilidad de superar el pasado, como él mismo nos indica en la entrevista que le hemos realizado.

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