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Paraíso (Temporada 1)

Ahora que nos acercamos al estreno de la segunda (y, al parecer, última) temporada de la serie española Paraíso, que se estrenó en Movistar+ en junio de 2021, es un buen momento para recuperar esta ambiciosa propuesta que pretendía ser la versión nacional de la popular Stranger Things (2016-) Es una lástima que la serie no haya tenido más trascendencia ni más recorrido, sobre todo teniendo en cuenta que viene de la mano de Fernando González Molina, un auténtico Rey Midas del cine español, responsable de taquillazos tan rotundos como Fuga de cerebros (2009), 3 metros sobre el cielo (2010), Tengo ganas de ti (2012), Palmeras en la nieve (2015) o la exitosa Trilogía del Baztán, que adapta las novelas de Dolores Redondo: El guardián invisible (2017), Legado en los huesos (2019) y Ofrenda a la tormenta (2020).

Con estas referencias, resulta muy extraño que se haya hablado y escrito tan poco de esta serie, pero creo que esto tiene más que ver con la estrategia publicitaria de Movistar+ y con la política de suscripciones que con los valores intrínsecos de la serie. Es una lástima, porque Movistar+ está generando unos contenidos muy interesantes que no tienen más visibilidad porque, para tener acceso completo al contenido de la plataforma, el usuario debe contratar el paquete completo con telefonía e internet… En fin, una reflexión más para estos momentos en los que modelos como el de Netflix se encuentran en plena zozobra por la caída de suscripciones.

Paraíso debe su nombre al de una de esas discotecas próximas a la costa levantina que formaba parte de lo que se denominó la Ruta del Bakalao, y que, de alguna manera, se encuentra en el centro y origen de toda la historia que se cuenta en esta primera temporada. Todo arranca con la desaparición de tres adolescentes en un pueblo costero levantino durante el verano de 1992, un hecho que recuerda al caso de las niñas de Alcàsser. El pueblo donde se desarrolla la acción es un lugar ficticio, Almanzora de la Vega, pero se han tomado localizaciones de lugares perfectamente reconocibles, como Altea, Santa Pola, Benidorm, Alfaz del Pi, Villajoyosa, Calpe, Jávea…

Los creadores de la serie, el ya mencionado González Molina y los guionistas Ruth García y David Oliva, han convertido la primera temporada en una caja de resonancias cinéfilas ochenteras y noventeras, subrayadas por la elección musical, con canciones de Mecano, que van desde títulos clásicos como Los Goonies (The Goonies, Richard Donner, 1985) o Cuenta conmigo (Stand by Me, Rob Reiner, 1986) hasta referencias como Verano azul (1981-1982), Ghost (Jerry Zucker, 1990) o El secreto de la pirámide (Young Sherlock Holmes, Barry Levinson, 1985). El resultado es un cóctel muy interesante, pues al final del primer episodio se produce un giro inesperado hacia lo fantástico que, aunque al principio parezca fallido, acaba convirtiendo la serie en otra cosa.

La primera temporada consta de siete episodios de poco más de cincuenta minutos (“El incendio”, “La cabina”, “La mortaja”, “La feria”, “Presa”, “Tres chicas cada tres años” y “El balneario”), de los que tan solo el primero y el último llegan a la hora de duración. Fernando González Molina dirige todos los episodios, pero codirige dos de los centrales con Sandra Gallego, al tiempo que participa en los guiones con los otros dos creadores de la serie, a quienes se unen en la escritura Álvaro Bermúdez de Castro, Carlos García Miranda y David Lorenzo.

En torno a la discoteca Paraíso se construye una historia de desapariciones que va dando saltos en el tiempo y se centra en dos grupos de personajes: por un lado, el grupo de adolescentes compuesto por Javi (Pau Gimeno), Álvaro (Cristian López), Quino (León Martínez), Zeta (Héctor Gozalbo), Bea (María Romanillos) y Olivia (Patricia Iserte); por otro, la pareja de adultos formada por Paula Costa (Macarena García) y Mario (Iñaki Ardanaz). En cierto modo, Macarena García, que interpreta a una guardia civil que mantiene una estrecha relación con la familia de una de las niñas desaparecidas, lleva el protagonismo de la serie, y supone también el punto de encuentro entre las diferentes subtramas, que recuerdan a películas de M. Night Shyamalan y de Jordan Peele, pero también a títulos de Alejandro Amenábar, J. A. Bayona o Alberto Rodríguez.

No hay nada en Paraíso que no hayamos visto con anterioridad en otras series y películas, pero está todo bien combinado y orquestado, y solo de vez en cuando patinan un poco los guiones. El resultado es, desde luego, notable, y tiene la ventaja de ser una serie para toda la familia. Esperemos que el estreno de la segunda temporada sirva como excusa para recuperar la primera, que acaba, como ya es de suponer, con un final abierto.

 

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