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Orson Welles y Don Quijote: Inalcanzable proyecto en búsqueda de la excelencia o El derecho a la obra inacabada

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No resulta descabellado considerar a Orson Welles el paradigma de realizador con mayores proyectos frustrados o inacabados. Con apenas una docena de obras terminadas, muchas de ellas, como El cuarto mandamiento (The Magnificent Ambersons, 1942) o Sed de mal (Touch of Evil, 1958), adulteradas por cambios y recortes impuestos por los productores, sin el consentimiento del propio director, las películas, proyectos, guiones o borradores que se quedaron por el camino fueron muchos, demasiados. Probablemente, nunca llegaremos a conocerlos todos, pero sirva de ejemplo el inventario que hizo Jonathan Rosenbaum al morir Orson Welles en 1985, llegando a contabilizar hasta diecinueve proyectos que se quedaron en diversas etapas de producción. Entre ellos, por la importancia en el mundo de las letras universales de la novela que se intentaba llevar a la pantalla, por los años que Welles invirtió en el mismo (desde 1955 hasta su fallecimiento), por las sucesivas vicisitudes que iban surgiendo para torpedear más y más el proyecto, además de por la lógica inquietud y curiosidad intelectual que despierta el enfoque que al parecer Orson Welles pretendía dar a la obra de Miguel de Cervantes, por todo ello, decimos, seguramente la obra inconclusa más famosa de Welles, incluso de entre las más conocidas en la historia cinematográfica de ilustres inacabadas, se encuentra esta adaptación que el director estadounidense pretendió realizar de la obra de Cervantes, Don Quijote de la Mancha.

Fotograma2OrsonWellesyDonQuijoteSiendo un enamorado de la creación del escritor inglés William Shakespeare, del que si consiguió sacar adelante dos obras, Macbeth (1948) y Otelo (Othello, 1952), además de un largometraje recreado en sus textos, Campanadas a medianoche (Chimes at Midnight, 1966), no resulta extraño que Welles también fuera un entusiasta seguidor del escritor español, dándose la peculiar circunstancia, por cierto, que ambos literatos fueron contemporáneos y fallecieron en el mismo año, en 1616.

Orson Welles, desde su primera visita a España en 1933, se enamoraría de este país no sólo por los tópicos de su gastronomía, fiestas, tauromaquia o costumbres locales, sino porque además, todo hay que tenerlo en cuenta, con diecisiete años aterrizó en Sevilla, y además de intentar ser torero (según sus mismas declaraciones, compró sus propios novillos para debutar), consiguió vivir durante una temporada como un virrey, ganándose la vida como escritor, con esporádicas colaboraciones en algunas publicaciones. Su relación con España perduró hasta su muerte, y aparte de que su segunda esposa, Rita Hayworth era de origen español, profesionalmente varios trabajos lo ligarían con la península ibérica: series como Nella terra di Don Chisciotte, algunos capítulos de Around the World with Orson Welles o las producciones de Mr. Arkadin, Don Quijote, y Campanadas a medianoche. No resulta casualidad que sus cenizas, o parte de ellas, reposen en Campillo de Antequera, localidad andaluza cercana a la ciudad de Ronda, en el interior de un pozo situado en la finca “El recreo de San Cayetano”, propiedad de su amigo, el torero Antonio Ordóñez.

El primerísimo origen del proyecto puede situarse en el año 1955, cuando el realizador estadounidense, recién salido de Mr. Arkadin, realiza unas pruebas mudas de vestuario y maquillaje en el Bosque de Boulogne de París, con los actores Mischa Auer y Akim Tamiroff, que habían participado en la última película, como Don Quijote y Sancho Panza, respectivamente. Se llegaron a sumar seis minutos útiles de rodaje, con la financiación de Filmorsa, a pesar de las tensiones que habían surgido con su productor por el montaje de Mr Arkadin.

Fotograma3OrsonWellesyDonQuijoteEn el año 1957, la idea resurge cuando Welles está ocupado en el montaje de Sed de mal (Touch of Evil), y su amigo Frank Sinatra le ofrece la oportunidad de rodar, de una manera inmediata, una versión para la televisión de la segunda parte del libro de Cervantes, con Charlton Heston como Don Quijote, pero por incompatibilidades de fechas hubo de abandonarse el intento. Pero el proyecto de adaptar al cine la novela de Miguel de Cervantes ya envenenaba la sangre de Orson Welles, y consigue dedicar ese mismo año cuatro o cinco semanas en el rodaje de la obra en México, una obra que en un principio constaba de tres episodios de media hora y que pronto se convirtió en tres capítulos de hora y media, trasladando al hidalgo caballero y a su escudero con su original caracterización, fieles al relato y descripción de Cervantes, pero transposicionándolos a la época actual, a la España de la dictadura de Franco, y narrado todo ello por el propio Welles a una joven turista americana, interpretada por Patty McCormack, una actriz de doce años ya curtida y recién alabada por su interpretación en Mala semilla (The Bad Seed, 1956) de Mervyn LeRoy. El dinero que le reportó al realizador de Wisconsin su papel de Will Verner en El largo y cálido verano (The Long Hot Summer, 1958) de Martin Ritt, le permitió financiar estos inicios de rodaje. El actor Mischa Auer ya no estaba disponible, y Welles concedió el papel de Don Quijote al actor español, exiliado en México desde la Guerra Civil, Francisco Reiguera, a quien por cierto, por dicha circunstancia, no se le permitió acudir a los rodajes realizados con posterioridad en territorio español. Por las imágenes que nos han quedado, el actor se transformó en una exquisita proyección del caballero ideado por Miguel de Cervantes. Lamentablemente, falleció en el año 1969, sin poder regresar a España, y dejando a Orson Welles sin actor principal, a pesar de que consciente de su enfermedad, Reiguera apremió al realizador estadounidense para finalizar con todos sus planos antes de que la salud ya no se lo permitiera. En cuanto a Sancho Panza, continuó interpretándolo el actor de origen armenio Akim Tamiroff, dirigido por Welles en cuatro ocasiones, con una plasticidad y elocuencia perfectamente recreada en el material que ha podido visionarse, y aunque fiel al proyecto a lo largo de los años, también falleció en 1972, y dejó igualmente al director norteamericano sin su segundo protagonista, Sancho Panza.

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Con un equipo reducido, comenzó en ese año 1957 su personal adaptación cervantina, en la que pensaba actualizar invenciones de la novela, sustituyendo, por ejemplo, molinos por excavadoras o moros por una pantalla de cine, hasta la conclusión con una explosión atómica que pulverizaba a todo el universo, excepto a nuestros dos héroes. Y todo ello sin guion previo, sin hilo conductor narrativo o esbozo de relato. Cada mañana, los actores, el equipo y el director partían a la aventura, inventando el filme durante el trayecto. Aunque no nos olvidamos, en palabras del propio realizador, que Welles nunca repetía dos veces la misma mentira, con ocasión del Festival de Cannes de 1958, en una entrevista que pudieron realizarle André Bazin, Charles Bitsch y Jean Domarchi en el hotel Ritz de París, publicada en la revista Cahiers du Cinéma, Welles daba al filme por prácticamente acabado, estructurado en un único capítulo de hora y media, mudo, excepto su propia intervención verbal en algunos comentarios, al que solo le faltaba rodar la escena final de la bomba H. Lo caracterizaba por su estilización desde el punto de vista de los encuadres y empleo de objetivos e insistía en la improvisación “ensayada” que había protagonizado el rodaje, así como en la propia y única financiación personal que había utilizado.
Lo cierto es que una vez en Europa, en ese mismo año, 1958, cuando Orson Welles se traslada a vivir a la ciudad de Roma para interpretar el papel de Saúl en David y Goliat, de Richard Pottier y Ferdinando Baldi (David e Golia, 1960), reanuda el rodaje de Don Quijote en Italia, con sus dos protagonistas, pero ya sin la joven actriz americana Patty McCormack, al parecer porque los meses no pasaban en balde y había “pegado el estirón”, lo que le imposibilitaba el seguir haciendo el papel de jovencita turista americana.

Fotograma5OrsonWellesyDonQuijoteTras otros dos años de paréntesis, en 1961 se reanuda el rodaje, esta vez en España, pero cayéndose del burro en esta ocasión (del caballo Rocinante quedaría más gráfico), Francisco Reiguera, que como ya hemos adelantado, estaba exiliado y no podía volver ante la continuidad del régimen franquista. En los siguientes meses, Welles aprovecha otros proyectos que le iban surgiendo en Italia o España, como Campanadas a medianoche (Chimes at Midnight, 1966), para ir añadiendo fragmentos que iba financiando con las ganancias, con desvío al mismo tiempo de técnicos y recursos de la película oficial que estaba rodando, para aprovecharse de la coyuntura. Es precisamente en 1966, en julio, ya concluido lo esencial del film del hidalgo caballero, cuando Welles filma él mismo, por última vez para la película, con su propia Cameflex al hombro, a Sancho Panza buscando a su señor en Pamplona, en plenas fiestas de San Fermín. A partir de ese momento, los complementos rodados en España o Italia serán sólo imágenes documentales y paisajes, y en la primavera de 1972 envía a su operador Gary Graver a filmar imágenes de la procesión de la Semana Santa en Sevilla. Fallecidos los dos actores principales, ya parece que el rodaje ha llegado a su definitivo final, y solo queda un montaje que se continuará intermitentemente en España, Italia o Estados Unidos, hasta la muerte de Welles, casi treinta años después desde el inicio del rodaje en México.

Al parecer, el material recogido, únicamente, ha podido ser visto por el público en dos montajes diferentes. El primero, realizado por la Cinemateca de Francia, se exhibió en el Festival de Cannes de 1986 a partir de una copia de trabajo. El segundo es llevado a término por el director español Jesús Franco, con ocasión de un encargo de la Junta de Andalucía para la Exposición Universal de Sevilla de 1992. Jesús Franco, a pesar de su prolífica obra, en general depara poco interés en calidad cinematográfica, aunque se haya intentado la reivindicación de su figura dentro de la propia industria, otorgándole un Goya Honorífico en 2009. Trabajó con Orson Welles en Campanadas a Medianoche como realizador de la segunda unidad, pero al parecer, la relación entre ambos fue avinagrándose en el transcurso del rodaje, y Franco fue despedido antes de la finalización de la película.

Con el pomposo nombre de Don Quijote de Orson Welles, el realizador madrileño, Jesús Franco, elaboró un largometraje de 116 minutos, con una suma de escenas de distintas procedencias, y filmadas en su día con finalidades dispares, con la autorización de la que fue última compañera de Welles, Oja Kodar, heredera de los derechos de sus films inconclusos. La película, de muy escasa calidad técnica, termina resultando un híbrido de filmaciones correspondientes al proyecto original de Welles, de imágenes tomadas de la serie Nella terra di Don Chisciotte, que el maestro estadounidense produjo para la televisión italiana en 1961, e incluso incorporando filmaciones del NO-DO. El producto es una sucesión de escenas deslavazadas, que durante una hora se dedican a perseguir a Don Quijote y Sancho Panza, y a producirnos dolor de cabeza en su verborrea constante. Afortunadamente, a la mitad del film el hidalgo caballero se pierde (¿?), pero pasamos a un periodo en que Sancho se dedica a la búsqueda de su señor, a través y en medio de un refrito de fiestas nacionales, desde Gigantes y Cabezudos en Cataluña, a Moros y Cristianos en Novelda o los Sanfermines de Pamplona. Por fin, encontramos a Don Quijote, encarcelado, lo liberamos e intentamos el viaje a la Luna, que lo de la bomba atómica ya estaba muy visto. Lo único que destacaríamos del film, sin que se sobreponga a nuestras reflexiones posteriores, serían las caracterizaciones de los dos protagonistas, el retrato de la España rural de la época y los travellings de Don Quijote y Sancho cabalgando en la llanura desértica.

Fotograma6OrsonWellesyDonQuijoteEl mismo Jesús Franco, que falleció en el año 2013, llegó a declarar que “a mi modo de ver, Orson no quería terminar el Quijote. Deseaba conservar ese proyecto como algo propio, que viviera con él; como una ilusión, un sueño que nunca podría culminar. En el fondo, esto último le resultaba indiferente, porque era él mismo quien costeaba la película”. ¿Y el propio Franco se atreve a pensar de ese modo, declararlo públicamente, y a pesar de ello, realizar el desacertado largometraje que se atreve a denominar Don Quijote de Orson Welles? La falta de respeto a los derechos del autor sobre su obra es evidente, y produce especial disgusto e indignación que los deseos de Orson Welles de no mostrar su trabajo públicamente hasta que considerara que estaba en condiciones, o incluso no mostrarlo nunca, hayan sido violados de una manera tan burda, al servicio de espurios intereses mediáticos, políticos y económicos.

 

Bibliografía:

  • “Maestros del cine. Orson Welles”. Cahiers Du Cinéma. Paolo Mereghetti.
  • Orson Welles. Santos Zunzunegui. Cátedra.
  • El universo de Orson Welles. Varios autores. Notorious ediciones.
  • Orson Welles. El poder y la ley. Abelardo Ortolá Bou. Cine/Derecho. Tirant lo blanch.
  • Orson Welles en acción. Jean Pierre Berthomé y François Thomas. Akal.
  • Mis almuerzos con Orson Welles. Conversaciones entre Henry Jaglom y Orson Welles. Edición de Peter Biskind.
  • Crónicas. Anagrama.
  • Orson Welles. André Bazin. Paidós.
  • Orson Welles. Ciudadano Welles. Conversaciones con Peter Bogdanovich. Capitán Swing.

Pilar Roldán Usó

Graduada del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA


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