Críticas

Una distopía en el espejo

Nuevo orden

Michel Franco. México, 2020.

Cartel de la película Nuevo ordenEn su sexto largometraje como realizador, Michel Franco (Ciudad de México, 1979) pone al espectador frente al espejo de una distopía, pues lo que relata en Nuevo orden resulta inquietantemente familiar, extrañamente próximo, no solo en México, que es donde se ambienta la acción, sino en muchos países del mundo, y no solo ahora, sino también en pasados recientes y en futuros inmediatos. ¿Hasta cuándo resistirá el mundo contemporáneo tantas desigualdades? ¿Cuándo estallará una auténtica lucha de clases? Y, en caso de ocurrir, ¿cómo será su represión? Ese es el espejo distópico que pone frente a nuestros ojos Michel Franco en Nuevo orden, película que se alzó con el Gran Premio del Jurado del Festival de Venecia y que obtuvo también el premio Forqué a la Mejor Película Latinoamericana.

Parece que, desde hace días, hay una serie de revueltas en Ciudad de México (la pintura verde se convierte en indicador de las protestas), pero eso no ha impedido la celebración de una boda en uno de los barrios más lujosos de la ciudad, adonde van acudiendo los invitados para saludar a los novios. Algunos invitados tienen problemas para llegar, otros se marchan inesperadamente, un antiguo empleado de la casa acude en busca de ayuda… y la novia, Marianne, una inmensa Naia González Norvind, a pesar de todo, intenta hacer lo correcto, acompañada por Cristian (Fernando Cuautle), que forma parte del servicio de la familia.

Aunque, en muchos sentidos, Nuevo orden es una película coral y hay muchas acciones que quedan fuera de campo, el espectador enseguida encuentra su punto de anclaje, su referencia para navegar por la trama, en Marianne y Cristian, dos personajes que muestran rasgos netamente positivos en mitad de todas las miserias, mezquindades, egoísmos y traiciones que caracterizan a casi todos los demás personajes. Aunque la película se centra en lo que le pasa a esta familia en los meses siguientes al día de la celebración, lo cierto es que podemos trazar una lectura más general de lo que pasaría en nuestros días si hubiera una revuelta de este tipo: ¿habría alguna posibilidad de que triunfara?, ¿podría restablecerse el orden?, ¿cómo sería la persecución y represión subsiguientes?, y, finalmente, ¿cuál sería el nuevo orden?

Todo esto es realmente lo que inquieta del título de Michel Franco, a quien se ha acusado de equidistancia o ambigüedad ideológica, pero creo que el mensaje de la película es claro: si se produjera esa lucha de clases, al final ganaría quien tuviera mayor capacidad represiva, casi con toda probabilidad el ejército, lo que limitaría aún más los derechos fundamentales de una población explotada y empobrecida. A lo largo de la Historia, también de la más reciente, y en distintos lugares el mundo, hemos tenido ocasión de comprobar cómo muchas revoluciones se han resuelto como involuciones.

No han faltado las comparaciones con Parásitos (Gisaengchung, Bong Joon-ho, 2019), un título con el que Nuevo orden guarda una estrecha relación, si bien lo que en la película coreana se planteaba como una lucha entre dos familias que admitía una lectura más general, en la mexicana se convierte en algo mucho más global, pues la interpretación que hacemos es la de que, pase lo que pase, el poder de siempre se abrirá camino como sea y seguirá siendo más poderoso que nunca. Es más, en el caso de México esto resulta claro, pues se trata de un país que se ha militarizado bastante en los últimos años para poder luchar contra el narcotráfico. Otro título con el que se ha comparado el film de Michel Franco es con Joker (Todd Phillips, 2019), pero debo confesar que me parece mucho más inquietante la realidad que se presenta en Nuevo orden, por su proximidad e inminencia, que la denuncia que aparece en las otras dos películas, que, no lo olvidemos, se estrenaron en un mundo prepandémico y, por tanto,  más ingenuo.

Nuevo orden recuerda al mejor cine político de Costa-Gavras o Gillo Pontecorvo, pero no cuenta hechos del pasado, sino acontecimientos que podrían ocurrir. A veces, el reverso del terror es el mismo terror, o incluso uno mayor, aunque sea de signo contrario, y aquellas personas que quieren hacer lo correcto están perdidas, porque el mundo ya no se rige por la ética, sino por una ambición sin cortapisas. Nuevo orden no juzga a los personajes, sino a la humanidad entera. Y lo peor de todo es que, cuando nos asomamos a ese espejo, no nos gusta lo que vemos, aunque en el reflejo nos veamos a nosotros mismos.

Tráiler:

Ficha técnica:

Nuevo orden ,  México, 2020.

Dirección: Michel Franco
Duración: 88 minutos
Guion: Michel Franco
Producción: Michel Franco, Cristina Velasco, Eréndira Núñez Larios
Fotografía: Yves Cape
Música: Cormac Roth
Reparto: Naian González Norvind, Diego Boneta, Mónica del Carmen, Darío Yazbek Bernal, Fernando Cuautle, Eligio Meléndez, Lisa Owen, Patricia Bernal, Enrique Singer, Gustavo Sánchez Parra, Javier Sepúlveda, Sebastian Silveti, Roberto Medina, Analy Castro, Eduardo Victoria, Claudia Lobo, Sophie Gómez

Una respuesta a «Nuevo orden»

  1. El tema de Nuevo Orden, en mi opinión, es que realmente no refleja los problemas de las clases sociales sino que acentúa, por medio de la estigmatización a las mismas. Es decir, los malos son los pobres, morenos, chaparros, etc. (70% de la población mexicana) y los ricos (blancos, guapos, etc) son los que se ven afectados en sus vidas diarias. Tal parece una pesadilla de ricos y no una lucha válida de clases; el Ejército no aporta mucho pues la represión solo va encaminada a su beneficio propio. La violencia extrema no se entiende y de nuevo se percibe a las clases bajas como bárbaros e intolerantes.
    No hay comprensión de la clase social baja, representarlos como animales (literalmente) no explica sus carencias, necesidades o reclamos.

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