Críticas

Unión, reunión, consolidación

No todo es vigilia

Hermes Paralluelo. España, Colombia, 2014.

No todo es vigiliaCuando en Bafici 2011 vimos la ópera prima  de Hermes Paralluelo, Yatasto, consideramos que se trataba de una mirada demasiado estilizada de la miseria que corroe los suburbios de las ciudades importantes. En cambio, en el 29° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, el joven director catalán presentó una obra más personal, que retrata la rutina de dos ancianos (sus abuelos), en una película que roza los límites entre la ficción y el documental. El título delata la intención del filme: No todo es vigilia cuenta, estructurada en tres actos, la historia de Felisa y Antonio.

Los primeros planos nos ubican en los pasillos de un hospital, donde Antonio, acostado sobre una camilla, aguarda su traslado para un estudio médico. Frente al ascensor,  parece un náufrago en espera de su salvación. La imposibilidad de ver qué lo rodea, el sonido recurrente del ascensor que se detiene en un piso y sigue su trayecto, el silencio que se instala para hacer las horas más largas… todo esto nos inspira un desasosiego que es compartido por Felisa, quien se desplaza con la ayuda de un andador, a través de las diversas y confusas rampas que cruzan los pasillos, para seguir a Antonio, que se aleja presuroso, trasladado por el enfermero. Paralluelo logra sumergirnos en un estado de ansiedad y angustia que puede equiparar el que vive el propio Antonio y su esposa.

No todo es vigiliaLa segunda parte nos da cierta tranquilidad: Antonio y Felisa ya están de regreso en casa. Una casa oscura, con pasillos angostos y una escalera estrecha que lleva a los dormitorios. Uno con bastón, la otra con andador, ambos imposibilitados de desplazarse con agilidad, parecieran tener en esa casa un enemigo que les hace más difícil la existencia. Sin embargo, ellos allí se encuentran a sus anchas. Suben parsimoniosamente cada peldaño. Van juntos al dormitorio, vuelven a bajar juntos a la cocina… pero cuando uno de los dos se sienta enfermo, será el otro quien lo cuide. La casa no sólo es oscura y estrecha. Está llena de sonidos que intentan hacerles llevar un ritmo que les es imposible ejecutar. El despertador que no saben detener (nos preguntamos para qué levantarse tan temprano una vez que conocemos su rutina), el timbre que toca alguien y que por impaciencia se va porque nunca llega la respuesta… una serie de sonidos que no son atendidos, porque ellos viven su realidad ajenos a lo que sucede afuera. Un papel debajo de la puerta se convierte en la obsesiva vigilancia de la anciana, que lo guarda una y otra vez en la mesa de noche. De la misma manera, Antonio revisa más de una vez la caja de cerillas con que enciende la cocina. Idas y venidas dentro de ese espacio cerrado donde se sienten seguros. En la cocina, la silueta de la pareja se recorta contra el vidrio iluminado de la puerta, la estufa emite la única luz que da calidez al cuarto. En cada plano hay una búsqueda estética. La cámara se desplaza de un dormitorio al otro en ida y vuelta, con un plano secuencia que nos muestra el descanso de los ancianos. Una cama los reúne y otra, los separa. Y el cuadro… verdadero protagonista del film, que los mira desde la pared. Un retrato de ellos el día de su boda, donde se ven guapos y felices. Escena que nos arranca algunas sonrisas mientras los vemos comentar una imagen que aún no conocemos. Hasta que los vemos mirarnos desde ese cuadro, como se los mira a ellos, jóvenes y orgullosos, hermosos en su unión.

La tercera parte es un plano abierto. Un plano general, iluminado por la luz del día, que muestra la calle de un pueblo blanco, cuyo sendero transitan los dos viejos para despedirse de nosotros, a la manera en que Chaplin lo hacía en sus filmes.

No todo es vigiliaEn la rueda de prensa ofrecida el día de la proyección de su película, Hermes Paralluelo sostuvo que tenía ese plano final en su mente cuando se le ocurrió filmar esta etapa de la vida de sus abuelos. También contaba con los diálogos, pues eran los cuentos y anécdotas que estaba cansado de escuchar desde que era un niño. Sólo había que evocarlos. Seguro de cumplir su sueño de estudiante de cine, el director compuso con No todo es vigilia un retrato amoroso de sus abuelos, que con más de ochenta años aún siguen juntos y se acompañan en una vida que ha tomado otras urgencias. “No sé si será una cuestión de tiempo o de amor, pero no son entes del todo independientes entre sí”, dice el director.

Una película pequeña, con una cámara que se desplaza al ritmo de los ancianos y que se queda en esos momentos que uno quisiera retener de sus seres queridos. La historia no nos empuja a sufrir los pesares que suelen tener estos abuelos, sino que los retrata con un humor delicado, con una mirada cariñosa y con un desenlace que los comprende en sus tiempos, en sus creencias, en sus necesidades y sobre todo, en su amorosa compañía. Si Yatasto ofrecía una mirada poco auténtica de la pobreza cordobesa, No todo es vigilia nos brinda un universo más genuino.

Tráiler:

Ficha técnica:

No todo es vigilia ,  España, Colombia, 2014.

Dirección: Hermes Paralluelo
Guión: Hermes Paralluelo
Producción: Iván Guarnizo, Hermes Paralluelo
Fotografía: Julián Elizalde
Reparto: Felisa Lou, Antonio Paralluelo

Liliana Sáez

Directora de AULA CRÍTICA, Escuela de Crítica Cinematográfica y de EL ESPECTADOR IMAGINARIO

 

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