Críticas

Camino a la debacle

Nitram

Justin Kurzel. Australia, 2021.

Nitram afichePor fuera de todo sensacionalismo, Nitram nos intruduce ante la problemática de un adulto, afectado de un severo retardo, frente a un contexto familiar contradictorio. Un padre permisivo y una madre disciplinadora son los componentes de un entretejido del que solo tenemos los resultados; subrayado permanente que remarca patrones familiares influyentes.

A partir de aquí, se suceden situaciones donde el protagonista viaja a medio camino entre la exigencia adulta y el comportamiento infantil. Una necesidad de ocupar el tiempo, en no se sabe qué cosas, pretende ser antídoto para una catástrofe ni siquiera sospechada.

Basado en un una historia real ocurrida en Tasmania, el filme se centra en los prolegómenos del desastre, sin siquiera mostrarlo: es la masacre de Port Arthur,  1996.

A Kurzel le interesan los preparativos, todo el acontecer previo para delinear un perfil que no parece rumbear hacia la violencia; no es lo central. Interesa el retrato, la previa desmenuzada en términos de genealogía sostenida sobre premisas lejanas. El tonto, el incapaz; la masacre, vida y obra en un tiempo, quehacer aleatorio que exhibe rastros motivacionales pasados, impulsores de significado presente. Las armas fueron un juego, la distinción no parece ser clara; la protección es argumento vacío, da pie a aparentes razones que encubren el riesgo desde lugares no pensados. Nadie sospecha sucesos criminales, solo el empleo del tiempo importa. El valor personal es soporte de sentido que, más que motivar, promueve acciones hacia un sentimiento de importancia social, cuya ausencia socava estados de ánimo aplastados mediante terapias medicamentosas. La tristeza en puestas en escena que denotan sencillez, chispazos de cordura, la iluminación llega inesperadamente ante la tragedia familiar.

Nitram fotograma

Un filme de imprevisiones que flotan sobre lo obvio, una discapacidad intelectual con sentimientos muy humanos ante circunstancias extremas, no plasmadas como tales, sino desplegadas sobre un campo de “normalidades anormales”; ¿es como se espera que actúe? En cierto sentido, Nitram refleja algo necesario, la lógica corriente. Lo que termina desprendiéndose, por momentos no condice con la línea de desarrollo argumental, se le asigna ese toque de resolución, inexplicable desde odios o deseos. Intentos de solucionar problemas de sentido existencial que no recorren caminos razonables. Aquí, es donde se sitúa lo que puede ser, aunque siempre con cierto matiz, la sorpresa de lo inesperado, lo no preparado. Sucesión de hechos que van comprendiéndose a posteriori, nada anuncia su ocurrencia.

Sucesos reales desprendidos de la galera de un mago; nadie podía saberlo, simplemente ocurrió, pero tampoco sorprende. Pensar en retrospectiva es la propuesta, todo el tiempo el sentido común se esmera en recoger elementos que harían posible cada paso en progresión. Un guion que nos lleva de la mano sin permitir que abandonemos el pasado. No recurre al flashback, sino al desarrollo progresivo de elementos que se esmeran en remarcar la importancia de lo que es en lo que será. Una óptica que involucra lo familiar y lo social desde hermetismos, carencias y debilidades contribuyentes a la generación de tragedias vividas al mejor estilo de una explosión que irrumpe fuera de todo cálculo.

Nitram escena

Es la historia de un muchacho discapacitado, sus padres buscan mantenerlo ocupado, culmina entablando un buen relacionamiento más con las armas que con las personas.

Una gran labor de Caleb Landry Jones en el papel de Nitram. La torpeza impregna todo el quehacer del actor, es estimulada con una cámara que, por momentos, se le tira encima en primerísimos primeros planos y planos detalle, para ofrecer una radiografía completa de todas las posibilidades de movimiento en perspectiva micro. No quedan dudas, estamos frente a una dinámica corporal recurrente desde una espontaneidad que denota la dificultad de ser como los demás. La vida es a los tumbos, sin control, tanto social como personal.

El contexto adolece de una discapacidad equivalente a la del protagonista; nadie se da cuenta de nada, se fomenta, y se deja, según lo que cada quien proyecta en la circunstancia real. Nitran es a los ojos de los demás, incluso los nuestros. Todos ponemos lo que no hay, deberemos esperar el desenlace, solo allí estaremos viendo. Causalidad en retrospectiva; un tema que debe ser pensado a posteriori de forma cuidadosa; separar la paja del trigo; lo aparente es solo eso, no hay señales.

Nitram plano

Una enseñanza que trasciende la ficción, un pedido de alerta que no necesita apelar a lo gore para hacerse notar; incluso, basta algún plano detalle para mostrar cuan lastimado está el protagonista. La imposibilidad de proyectar riesgo a futuro se traslada, de Nitran al contexto, para llegar finalmente al espectador. Recordamos la escena del accidente con Helen, no hay conexión entre la conducta emitida y la posible consecuencia. La tragedia se vuelve sinónimo de lo impredecible, la discapacidad es social y, desde allí, es engendrado el propio discapacitado. La asociación es clara; nadie queda afuera, todos somos responsables. Es la razón por la cual la exhibición no interesa, la violencia está presente, es aludida por la cámara, más nunca exhibida. Un caso es la excepción: Nitram golpea a su padre deprimido para que se levante del sofá. Violencia familiar que semeja una acción repetida más que sentida, un impulso desde razonamientos de otros. Pero viene al caso, contribuye a la comprensión en el contexto familiar. Es lo que le interesa a Kurzel, los microepisodios que suman, las gotitas que van llenando el vaso, la esencia en contribución a lo que vendrá; el resultado no sería tal sin este preámbulo. Es lo que nos intenta decir el filme, la violencia no importa, interesa el proceso por el cual se llega a la misma, y eso es materia de reflexión a partir de sucesos familiares y sociales previos que se van concatenando para producir un sufrimiento que, si bien puede llegar a aflorar, no deja de ser un chispazo aislado, disimulado por un sistema que confunde en su propia confusión inadvertida. Nitram es lo que es en relación a lo que otros creen y dicen que es; una dialéctica que solo aporta confusión y falta de atención a la gravedad de los hechos.

La amistad es congraciarse con el otro sin previa evaluación por la corrección en los medios. Nitram no discrimina lo necesario en la eventualidad, da igual, es capaz de exponerse en medio de fuegos artificiales con tal de obtener el festejo y aprobación. Las armas suelen ser un obsequio apropiado a la hora de ser aprobado por alguien; el matar, un acto de amor hacia el padre depresivo y complaciente.

Un film pretencioso desde la interpelación, más no desde el efectismo. Ha obtenido algunos premios importantes: Academia Australiana de Cine y Televisión (AACTA), mejor película, dirección, montaje, guion original, actor, actriz, actor secundario y actriz secundaria; Festival de Cannes, mejor actor, Caleb Landry Jones. Vale la pena verla.

Ficha técnica:

Nitram ,  Australia, 2021.

Dirección: Justin Kurzel
Duración: 112 minutos
Guion: Shaun Grant
Producción: GoodThing Productions
Fotografía: Germain McMicking
Música: Jed Kurzel
Reparto: Caleb Landry Jones, Essie Davis, Anthony LaPaglia, Judy Davis, Annabel Marshall-Roth

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