Críticas

Arte por un guardia de museo

Museum Hours

Jem Cohen. Austria, EUA, 2012.

Una de las mejores películas del concurso internacional del festival de Locarno, aunque no según el jurado oficial. El Kunsthistorisches Art Museum de Viena (Museo de Historia del Arte) es el escenario de un relato de encuentros entre dos cincuentones solitarios. Se trata de un guardia del museo, Johann, y una mujer canadiense, Anne, que llega por primera vez a Viena para cuidar de una prima en estado de coma.

La historia es de amistad y para nada una historia de amor rosa como podría esperarse. Es un ejemplo de solidaridad hacia los extranjeros que llegan a un lugar desconocido. También es una excusa perfecta para mostrar lugares fuera del circuito turístico y para compartir historias insólitas de Viena. Se haya visitado antes, o no, es inevitable salir de la sala sin unas tremendas ganas de viajar a la capital austríaca.

Durante gran parte del film, la cámara recorre el museo, mostrándonos obras de arte de la colección permanente. De fondo, disfrutamos música clásica o, en mayor parte, la voz del personaje principal, el guardia del museo Johann interpretado por Bobby Sommer.

Existen reflexiones sobre el arte, de esas que se le pueden ocurrir a cualquier persona inteligente, sin necesidad de ser un experto en el tema. Entre otras, la idea que plantea que un museo sería el equivalente a mostrar en unos años una colección de autos de lujo, televisores de última tecnología y relojes costosos, ya que las obras de arte eran objetos de la burguesía y se encontraban siempre muy alejados del pueblo. Por otro lado, los museos fueron el primer lugar dónde se comenzó a compartir el arte con todo el mundo, las obras de arte estaban ocultas en los hogares de la gente muy pudiente. Entonces surge de manera inevitable la pregunta, ¿no deberían entonces todos los museos ser gratuitos?

En esta película, el museo es el personaje principal. Se intenta mostrar la relación que tiene la institución con los más jóvenes, y al nombrar la atracción que tienen hacia los cuadros de desnudos se hace una observación divertida y muy cierta. Es verdad que algunos de los cuadros son escenas casi pornográficas, pero con la excusa de ser obras de arte se exhiben libremente ante toda la familia.

Otra idea interesante es que la relación del museo con las personas es tan estrecha, que las personas pasan a ser obras de arte del museo. Para llegar a esta idea se necesita una abstracción como la que puede lograr un guardia de museo muy observador como Johann. Esto es aún más cierto en los museos de arte antiguos, dónde la iluminación es cálida y muy particular.

Los guardias de museos son personajes que siempre fascinaron al director. Son personas fuertes porque logran estar parados gran parte del día y por luchar contra el aburrimiento y el cansancio. También son afortunados porque, en caso que lo quisieran, serían las personas que lograrían conocer de la forma más profunda las obras de arte. Esta oportunidad se ve justificada cuando Johann le describe las obras de arte del museo a la prima de la protagonista en estado de coma. Su percepción es completa y bellísima de escuchar. No sólo es inherente a las obras de arte, sino también a todo el entorno, por ejemplo cuando describe Verano de Giuseppe Arcimboldo, el cuadro favorito de los niños.

Museum Hours es una obra de ficción pero tiene muchísimas características de documental. Jem Cohen confesó en la sesión de preguntas y respuestas, luego de presentar su film en Locarno, que sus películas hablan de la vida, sin importar mucho si es ficción o documental. También fue más sencillo conseguir el permiso de las autoridades del museo para filmar adentro, al tratarse de un film de ficción. Según el director, en el museo se presentaron siempre muy abiertos, ayudando en todo momento a que el proyecto se llevara a cabo.

Para esta película, Cohen decidió trabajar con actores que no son actores. A Boby Sommer lo eligió por tener mucha experiencia de vida habiendo trabajado en muy raras y diversas profesiones. A Mary Margaret O’Hara la eligió para el papel de Anne, cumpliendo un sueño que tuvo luego de verla cantar hace unos treinta años, cuando quiso filmarla en una película. La filmación contó con varias escenas de conversaciones espontáneas en los bares de Viena, que resultaron un éxito a pesar de la inexperiencia de los actores. Para su rol, Bobby Sommer aprovechó los recuerdos de la infancia, cuando visitaba a menudo el museo junto a su familia.

El artista destacado del museo es Brueguel, por el cual el director siempre tuvo una admiración especial. Según él, el pintor flamenco nos dejó, en sus obras, documentales de la vida de los campesinos. La característica fascinante de muchos de sus cuadros es discutida en el film, nos es muy difícil encontrar el centro de la pintura. Según cómo se vea y qué detalles uno encuentre, puede tomar interpretaciones muy diversas.

El exterior de la ciudad de Viena tiene también un papel importante. Según el director, no quiso contrastar el museo con el paisaje de afuera, tampoco mostrar el exterior más gris y apagado como pareciera la intención. En las escenas exteriores se quiso mostrar las distancias, siempre hay algo o alguien cerca o lejos. Para denunciar la apropiación de las ciudades que realizan las grandes corporaciones, se muestran carteles de Coca-Cola que arruinan las fotos bellas de Viena.

Hace diez años atrás, al ver El arca rusa (Russkiy kovcheg, Aleksandr Sokurov, 2002), recuerdo haber pensado qué poder tiene el cine de mostrarnos los museos de una forma tan diferente. Completamente distinta, pero también complementaria, para pensar en otros detalles que se nos escapan cuando visitamos los museos de forma convencional. Museum Hours, a pesar de mostrarnos un contexto mucho más actual, tiene el poder de cautivar y emocionar tanto como el film de Sokurov.

Ficha técnica:

Museum Hours ,  Austria, EUA, 2012.

Dirección: Jem Cohen
Guion: Jem Cohen
Producción: Paolo Calamita, Jem Cohen, Gabriele Kranzelbinder
Fotografía: Jem Cohen, Peter Röhsler
Reparto: Mary Margaret O’Hara, Bobby Sommer, Ela Piplits

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *