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El poder del sexo débil

 

Dentro del continente asiático, Líbano se encuentra al este del Mediterráneo y limita con Siria e Israel. Su historia determinó una identidad cultural particular, caracterizada por una diversidad religiosa y étnica.

En la ciudad de Biblos se encontró evidencia de las primeras poblaciones del Líbano alrededor del 5000 a.C. Fue tierra de los fenicios entre 1550 a.C. y 300 a.C. En el siglo XX, después de la Primera Guerra Mundial, las cinco provincias que comprenden el Líbano moderno pasaron al poder francés, independizándose en 1943.

Con respecto a la religión de la población, un 60% son musulmanes y 40% cristianos. La lengua oficial es el árabe, aunque 40% son francófonos y 15% parcialmente francófonos (legado de la ocupación francesa).

Como todos los países de la región, atravesó conflictos y luchas civiles en este siglo y en el anterior. La guerra civil entre 1975 y 1990 se llevó alrededor de 200.000 vidas y un millón de heridos (casi un cuarto de la población). Otros conflictos tuvieron lugar entre 2005 y 2007, y afortunadamente ya se encuentran resueltos.

A pesar que la producción de films en el Líbano comenzó en 1920 y se realizaron al momento más de 500 films, es en este siglo que el cine libanés comienza a participar más exhaustivamente y con mayor éxito en festivales internacionales de renombre (como Cannes, por ejemplo). Gracias a esto, algunos films libaneses se dan a conocer en el mundo entero.

Tal es el caso de los dos largometrajes de la joven directora libanesa Nadine Labaki: Caramel (Sukkar Banat, 2007) y ¿Y ahora adónde vamos? (Et maintenant on va où?, 2011), ambos con participación y premios en los festivales de Cannes, San Sebastián y Toronto.

Nadine Labaki nació en 1974, en Baaddat, Líbano. Pese a que es una hija de la guerra civil, sus films no tratan temas políticos. El tema principal de estos films es la mujer o, mejor dicho, cómo se ve el mundo a través de la mirada de la mujer.

Caramel es la historia de cinco mujeres libanesas, de distintas edades, que trabajan juntas y comparten vivencias en un salón de belleza de Beirut. Las historias, aunque algunas tristes, tienen siempre una cuota de humor, romanticismo y poesía.

Las protagonistas del film nos muestran en profundidad el universo femenino. En particular el de la mujer libanesa, que actualmente se encuentra en la hipocresía de un sistema tradicionalista oriental, de cara al modernismo occidental. Labaki, como profunda conocedora de su país y del mundo femenino, denuncia que el Líbano no es un ejemplo de apertura, liberación e independencia como pretende mostrarse ante el mundo. Sus mujeres están llenas de tabúes, remordimientos y culpa.

El personaje principal, Layale, está protagonizado por la misma Nadine Labaki. Pese a las dificultades que implica que el director de un film también sea un personaje principal, Labaki aceptó el reto. Mayormente, porque ella es la única actriz profesional del elenco, el resto de las mujeres protagonistas no se dedican a la actuación. Eligiendo mantener la naturalidad y frescura de estas actrices no profesionales, la directora no les impuso un diálogo rígido y las fue guiando en las escenas para que lograran sentirse cómodas manteniendo su personalidad.

Layale es una mujer exitosa e independiente, dueña de un concurrido salón de belleza en Beirut, la capital y la ciudad más grande de Líbano. No obstante, vive con sus padres, como la mayoría de las jóvenes solteras libanesas. Vive un romance clandestino con un hombre casado, hecho que oculta a su familia por vergüenza y por el cuál es juzgada por la sociedad.

Nisrine es peluquera en el salón de Layale y se encuentra en los preparativos de la boda con su príncipe azul. Pero no puede compartir con él una verdad que la aqueja, ella no es virgen. La solución termina siendo continuar con la hipocresía: una intervención quirúrgica para reconstruir su virginidad.

Rima también trabaja en el salón y está en el proceso de descubrimiento de su homosexualidad. Ella nunca habla de ello, sus amigas tampoco, aunque lo notan y expresan a menudo que no es muy femenina.

Jamale es la clienta más fiel del salón. Sueña con ser actriz, y para lograr su sueño invierte horas de esfuerzo en su apariencia física antes de participar de distintos castings. No admite envejecer y dispone de varios trucos para ocultar su menopausia.

Rosa es costurera y vive al lado de la peluquería. Es una señora muy refinada y querida por las chicas del salón de belleza. Se enamora a una edad tardía, pero renuncia explícitamente al amor con dolor para seguir ocupándose de su hermana mayor Lili, quien no está demasiado bien de la cabeza.

Estas cinco mujeres nos cuentan dramas inherentes a la naturalidad femenina, que serían imposible de ser protagonizados por hombres. Igualmente, Caramel está lejos de ser una película feminista, los hombres son sensibles y cariñosos. Son espectadores curiosos del mundo femenino y miran embobados y admirados a sus musas. El único hombre de comportamiento cuestionable es el amante de Layale, pero, a propósito, la directora decidió no mostrar su rostro. Según Labaki, en todas partes del mundo existen hombres infieles, y es muy fácil armarse una imagen de ellos.

Para los decorados, Labaki decidió elegir lugares que parecieran perdidos en el tiempo, anclados entre los años sesenta y setenta. Tal es el caso del salón de belleza y de la tienda de la costurera Rosa. Esto brinda un ambiente melancólico y también una atmósfera más cálida, un sutil color caramelo que tiñe todo el film.

Tiene sentido que el responsable de la música de esta película sea también el marido de Nadine Labaki. La elección de la música acompaña absolutamente lo que la realizadora nos quiere mostrar y hacer sentir. No sólo hay música original que acompaña cada una de las historias, sino también canciones populares libanesas con letras alusivas a lo que está sucediendo en el film. Una pena para los que no conocemos el idioma árabe, pero la música con su lenguaje universal nos llega de todas formas al corazón.

En una entrevista, la productora de Caramel, la francesa Anne-Dominique Toussaint, cuenta que el rodaje completo del film se dio antes de los disturbios del Líbano, entre mayo y septiembre de 2007. Esta suerte que tuvo el equipo de rodaje determinó, sin duda, el producto final; no hubiera sido posible realizar un film tan bello y fresco si el rodaje hubiera sufrido los disturbios de fondo.

Cuatro años después de Caramel, Nadine Labaki presenta en Cannes ¿Y ahora adónde vamos? (Et maintenant on va où?, 2011). En este segundo largometraje podemos captar un mismo estilo, pero se siente también un aire mayor de denuncia, de dolor e indignación ante los conflictos políticos del Líbano.

En un pequeño pueblo libanés habitado por musulmanes y cristianos, una serie de malentendidos determina una enemistad violenta entre hombres de las dos religiones. Las mujeres del pueblo se ponen de acuerdo y conspiran para evitar que los conflictos continúen.

En este film, nuevamente, las mujeres son protagonistas. Los hechos están relatados a través de la mirada femenina. Se indaga en la esencia femenina y en problemas que aquejan sólo a las mujeres, pero esta vez con una vuelta más compleja. Las mujeres logran lo que desean porque también conocen en profundidad a sus hombres, y a cada uno le ofrecen lo que hace falta en el momento justo para lograr su objetivo.

El problema más importante que logra movilizarlas y unirse en un objetivo común es la pérdida de sus seres queridos. Hijos y maridos muertos de forma injusta y en vano, principalmente, por diferencias religiosas. Este drama y sufrimiento es universal, y está bien elegido para ilustrar lo inútil que resultan las luchas por la religión. Ante el dolor de los seres queridos, no existe ninguna diferencia por etnia o religión.

A diferencia de Caramel, el conflicto de las mujeres de ¿Y ahora adónde vamos? es único y compartido. Lo que difiere es que según su religión y situación familiar, cada una de las protagonistas lo manejará de forma diferente. Se habla sobre diferencias entre cristianos y musulmanes, para después llegar a la conclusión de que somos todos iguales.

Labaki logra mostrar de una forma brillante en sus films las virtudes de las mujeres, esas características que les dan poder sobre los hombres. Y tampoco se queda con la virtud más obvia: el poder de la maternidad. En ¿Y ahora adónde vamos? trata sobre el poder que las mujeres tienen sobre la alimentación de sus hombres. Sin contar excepciones, ¿acaso no son las mujeres las que han alimentado a la humanidad desde el principio de los tiempos? En Caramel, las mujeres muestran su poder de embellecer, cuando los hombres se entregan en sus manos logran volverse más lindos y atractivos.

La directora cuenta con orgullo que dispone en su staff de muchos hombres, pero ellos tienen que ser lo suficientemente sensibles para entender al mundo femenino.

En esta segunda película el trabajo musical vuelve a ser maravilloso, y se anima a un poco más que en Caramel. El film toma algunas características de musical, con coreografías que acompañan y resaltan aún más la belleza de las melodías.

La elección de actores no profesionales se dio también en esta segunda oportunidad, y la realizadora no sólo logró que actúen bien, sino también que canten.

A pesar que ¿Y ahora adónde vamos? se encuentra en un tono más profundo y dolido que Caramel, no deja de tener una muy buena cuota de humor. Satirizando a las religiones, la escena en la iglesia dónde una de las mujeres simula tener conversaciones con la virgen es realmente graciosa.

En estos dos films tenemos un abanico de mujeres muy diferentes entre sí, cada una con una personalidad y conflicto propio, así como también la habilidad para resolverlo. En los personajes no se encuentran para nada los clásicos arquetipos de la tradición judeo-cristiana: madre/prostituta, mujer fatal/chica buena, etcétera. Labaki nos muestra mujeres reales, que por supuesto son mucho más complejas como para clasificarlas en buenas y malas.

El femenino es el sujeto activo, el que logra cambiar el curso de la historia. En particular la habilidad de cambiar el rumbo de los hechos se ve mucho más en ¿Y ahora adónde vamos?, las mujeres van adaptándose y resolviendo conflictos para llevar a los hombres según su conveniencia.

En ambos films, el personaje femenino es el principal portador de la mirada. Se ve claro en ¿Y ahora adónde vamos?, cuando Amal (dueña del café del pueblo interpretada por Nadine Labaki), les grita a los hombres y los echa de su bar expresando a gritos lo que sienten las mujeres del pueblo. Y como sucede a menudo, los hombres no pueden más que reaccionar sorprendidos y con vergüenza cuando las mujeres expresan a los gritos lo que sienten.

En el cine de Hollywood clásico el personaje femenino era el objeto erótico, dónde los protagonistas y los espectadores masculinos depositaban su mirada. En ¿Y ahora adónde vamos? también hay mujeres que cumplen ese rol, pero en este caso contratadas y manejadas por otras mujeres.  Esa manipulación del objeto erótico les permite lograr de los hombres todo lo que necesitan.

De nuevo, en este film que no es feminista, los hombres no ocupan para nada un rol secundario. Ellos simplemente tienen el mismo lugar importantísimo que ocupan para las mujeres en la vida real.

Como contraposición al cine clásico de Hollywood, en los films de Labaki las heroínas son todas mujeres, no existen héroes hombres. Los hombres tienen un papel importante, pero basado en lo que aportan a las heroínas.

La directora libanesa con sus dos largometrajes logró crear un lenguaje cinematográfico que expresa el deseo femenino. Es por eso que resultan tan importantes ciertas características formales de su cine: la belleza y coherencia de la música, fotografía, vestuario y decorados.

Es un placer ver este tipo de cine pensando en la evolución y el tiempo que fue necesario hasta que mujeres como Laura Mulvey, Marjorie Rosen y Molly Haskell pudieron denunciar en la década de los setenta el masculinismo imperante en el cine. Gracias a ellas se logró que la mujer esté más representada en el séptimo arte. El cine de Labaki nos muestra también qué interesante es que esta mirada femenina tome aspectos locales, cuando las realizadoras tienen la oportunidad de mostrar a las mujeres de su país y su cultura.


Soledad Torrero

Graduada del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

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