Entrevistas 

Manuel Mozos, director de Ramiro

Manuel MozosManuel Mozos ha estrenado alguna de sus películas en festivales como Locarno, por ejemplo. Ramiro, su último largometraje, tuvo su World premiere en la última edición del festival de cine DocsLisboa, celebrado a finales del mes de octubre. Muy pocos días después de su proyección allí, llegó al Festival de Cine de Sevilla.

Ramiro es una aproximación a una cierta poesía de la frustración. Una película que navega entre esa desolación que preocupa a muchos cineastas portugueses, dado el rumbo que tomó su país a partir de un momento determinado. Una metáfora de la situación a la que se ha visto abocada una sociedad. Hay ocasiones en que el cine ha dado lugar a personajes que tienden a construirse bajo un perfil más bien pasivo, con grandes resultados, como es el caso que nos ocupa.

EL ESPECTADOR IMAGINARIO ha entrevistado a Manuel Mozos, director de Ramiro.

Raúl Liébana (RL): En primer lugar, ¿cómo entró en contacto con el proyecto? ¿Cómo le llegó el guion de Telmo Churro y Mariana Ricardo?

Manuel Mozos (MM): Un día, Mariana y Telmo me dijeron que les gustaría hacer un guion para mí. Me quedé encantado. Después me presentaron una primera versión, todavía corta, pero que daba una idea muy clara por dónde iba todo. Me gustó y les dije que aceptaba su propuesta. Así desarrollaron el guion y, en un determinado momento, empezaron a entregarme lo que iban haciendo y lo discutíamos e íbamos construyendo. Yo iba opinando sobre lo que ellos escribían, hasta llegar a una versión que nos pareció bien. Con esta versión de guion, y a través de la productora O Som e a Fúria, que apoyaba el proyecto, se acudió a las subvenciones del Instituto de Cine Portugués (ICA). Tuvimos que asistir tres veces, hasta que fue aprobado. Cada vez hicimos alteraciones y cuando se fijó el rodaje, todavía hicimos más cambios, pero ya pensando en los posibles actores y decorados. Claro que en el rodaje hubo cosas que se cambiaron, así como también hubo improvisaciones. Y lo mismo sucedió en el montaje y posproducción, con cortes de algunas escenas y de planos, así como cambios en el orden original del guion.

RL: ¿Cómo se planteó usted este proyecto? ¿Por qué filmar a un librero frustrado, cuya vida es anodina?

MM: A mí me gustaba la historia y, sobre todo, el personaje. Además, sentí que iba dentro de los otros largometrajes de ficción que había hecho. Una historia muy vulgar, vivida por personajes anodinos, aparentemente sin nada de extraordinario o simpático, como son la gran mayoría de las personas. Pero que después, a lo mejor, puedan aportar algo que sorprenda y las muestre como personas únicas.

RL: Hay mucha sensibilidad en el modo de mostrar a este personaje, ¿Cómo dirigió al actor principal que da vida a Ramiro, para conseguir esa apatía y ese distanciamiento con respecto a todo lo que le rodea?

MM: Habíamos elegido a cinco actores que podrían dar vida a Ramiro. De entre ellos, acabamos escogiendo a António Mortágua, no solamente por su figura física, sino también por conocerlo mucho de su trabajo en el teatro. Yo no lo conocía personalmente y supe que él nunca había hecho cine o televisión. Eso me interesó, pero también podría ser un riesgo. Después de un primer encuentro, pude percibir su entusiasmo por hacer una película, al mismo tiempo que sentía un cierto miedo por hacerla, siendo encima el actor principal. Mantuvimos varios encuentros en los que nos conocimos y en los pudimos ensayar y hablar del personaje. También hubo encuentros en que estuvieron presentes otros actores. António siempre se mostró muy atento y entregado en todo el proceso.

Al final del primer día de rodaje, me dijo que estaba menos agobiado y que, a pesar de todos los recelos, tenía confianza para ir adelante. Y así fue hasta el último día, en que me confesó estar muy contento de haber hecho Ramiro, pero que todavía no estaba seguro de quedarse contento consigo mismo cuando se viera en la pantalla. Ahora sé que los dos estamos muy contentos del resultado.

RL: En este sentido, hablando del papel del personaje, hay algo que influye en él como es la iluminación, que parece muy importante, porque durante gran parte de la película el personaje está filmado entre una penumbra, lo que hace que lo veamos como alguien oscuro, apagado y casi sin vida, ¿qué criterio siguió en este sentido?

MM: Ese trabajo fue compartido con João Ribeiro, el director de fotografía, y Artur Pinheiro, el director de arte. Hablamos y discutimos con el máximo cuidado qué características debían tener la luz y los colores, conforme a los espacios, los personajes y los sentimientos de estos. A veces, eso no estaba del todo muy claro antes del rodaje. Pero tras su inicio y conociendo bien las localizaciones, todo empezó a tener más sentido. Para eso también fue positivo empezar con las escenas de Ramiro solo en su casa, de modo que António, el actor y el equipo, percibieron por dónde iba la cosa y la película.

RL: La película habla de la frustración (alguien que quería ser escritor y termina siendo librero) y de la rutina de ésta, es decir, podríamos considerar que estamos ante un retrato permanente de la rutina de la frustración, pero ¿cómo cree que esto está presente en la película y qué idea principal quería abordar a través de ella?

MM: Lo que me interesaba era hablar de lo que es normal y vulgar, del día a día, de la rutina, de las pequeñas cosas y cómo a veces eso puede tornarse interesante o importante en la vida de personas normales, sin que tengan nada extraordinario. Cómo cada uno lleva la vida y lo que siente como verdadero en ella. Y todo eso puede parecer insignificante o sin sentido para los demás. Pero precisamente son esas pequeñas cosas o idiosincrasias lo que nos hace vivir e intentar hacer algo en ella.

RL: Al hilo de esta idea que indica usted, lo cotidiano está muy presente en la película, ¿cómo quería retratar este aspecto?

MM: Intenté tanto en esta película, como en las otras que hice, poder conjugar lo cotidiano y la rutina con un desamparo o esa evidente frustración de los personajes, para después intentar rescatarlos de ahí, haciendo algo que, consciente o inconscientemente, cambiara sus vidas o la de otros, si es posible para mejor. Claro que no sé si lo logré…

RL: Además, todo ello ha conseguido atravesarlo de un tono ligeramente cómico pero, en realidad, ¿cree que hay otros problemas mayores, más hondos, que usted quisiera plantear?

MM: Me gusta ese tono ligeramente cómico, que intenta ser sutil. Igual que intento jugar con una cierta ironía o hasta algún sarcasmo. También podría haber melancolía, pero no una tristeza profunda. Me gusta pensar la película en un tono menor, por eso, a lo mejor, y creyendo que hay en verdad muchos otros problemas, más complejos, no intento exponerlos o siquiera plantearlos, por no ser tal mi vocación, ni probablemente tenga los conocimientos, ni tampoco mucho interés en eso.

RL: ¿Cree que su película, desde ese punto de vista de frustración en que retrata a su personaje principal, podría ser una metáfora de la impotencia y la frustración que sufre su país ante la fuerte sacudida de la crisis y las medidas que se tomaron?

MM: Sí, me agrada pensar en Ramiro como una metáfora de la impotencia y frustración del Portugal de hoy. Pero no era la intención principal hacer un cine abiertamente político, de verdades absolutas. Claro que será político, pero en un tono menor, con pequeños apuntes y observaciones que el espectador podrá o no detectar y percibir. Será él quien vea la película y la entenderá a su manera.

RL: Por último, parece que todos esos personajes que giran en la órbita de Ramiro son los que lo hacen sentir vivo, ¿qué efecto cree usted que ejercen estos personajes sobre él?

MM: Ramiro es alguien distante y huraño, él no podría vivir de la misma manera sin esos personajes que giran en su órbita. De alguna manera, son ellos los que lo hacen vivir, lo mueven y, en definitiva, hacen que reaccione. Además, son ellos los que en términos narrativos acaban por hacer que la historia se desarrolle, por poco que sea.

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