Críticas

Menos lobos, Caperucita

Lobos de Arga

Lobos de Arga. Juan Martínez Moreno. España, 2011.

Cuando el hambre aprieta, el cine novel español aguza el ingenio. Y, dentro de éste, la comedia es el género que ha presentado una mayor proliferación, cuidado y frescura en los tiempos que corren. La producción cinematográfica no podría estar más lejos de funcionar como ciencia exacta, pero parece que todo este proceso se asienta sobre la idea de que el público (todo el mundo) necesita una sonrisa en su vida. Por ende, se ha abierto una brecha, si bien no generacional, sí estilística y temática, consecuencia de una incansable y minuciosa exploración de los sistemas originales de representación. Un trabajo que ha devenido en nuevos patrones narrativos y tendencias audiovisuales: uno de los más frecuentes y exitosos, internacionalmente, pasa por combinar lo que la gente vive con lo que necesita; esto es, dos géneros, terror con comedia.

Atendiendo a esta fórmula, no me cansaré de repetir que el ejemplo más meritorio y espectacular del que disponemos hasta la fecha es [Rec]3. Génesis (Paco Plaza, 2012), una gozosa experiencia visual donde la sangre divierte sin que se pierda un ápice de la tensión propia del survival. Por su parte, Lobos de Arga, con una mecánica muy similar, no demuestra una inspiración tan icónica, o, por lo menos, no procede de una alquimia tan equilibrada: pese a disponer sobre la superficie el arranque de una leyenda ilustrada como un siniestro preámbulo de oscuro cuento de hadas, esconde el verdadero cóctel en su corazón, tierno y gamberro a partes iguales. En base a esta tesis, encuentro un claro paralelismo entre la cinta de Juan Martínez Moreno y la británica Attack The Block (Joe Cornish, 2011): los lobos de Arga, como los alienígenas del bloque, son solo un mal truco, cuyo propósito no es distraer la atención del espectador, sino terminar de proyectarla sobre una pandilla protagonista sin desperdicio.

Por supuesto, esta estrategia requiere de un elenco a la altura de las circunstancias, y Lobos de Arga lo reduce a un trío, cuanto menos prometedor: Gorka Otxoa -director novel y/o Borja Cobeaga de por medio- se ha convertido, en apenas dos o tres películas (y mucha televisión), en el gran valor seguro de la comedia juvenil española; Carlos Areces ha experimentado una evolución increíblemente acelerada en sus caracterizaciones cómicas (hasta el punto de pasar aquí por gallego cerrado); y Secun de la Rosa es alguien a quien siempre querrías tener en tu equipo, dicho en un mal chiste con su nombre, uno de los mejores secundarios españoles del género. Si seguimos con la lista, encontramos dos gallegos de excepción que apoyan la credibilidad del pueblecito: Manuel Manquiña, una auténtica denominación de origen de la región, y Luis Zahera, que deja bien alto el pabellón en nombre de la Guardia Civil.

El contexto rural bajo el que se normaliza la concreción de una leyenda no hace sino disponer el tipo de humor que más ha triunfado en la historia del cine español, un costumbrismo que, lejos de agotarse, cada vez ampara más representantes. Pero, en este caso, los gags aumentan su eficiencia conforme se aproximan al surrealismo, conclusión que se desprende de la descacharrante secuencia en la que el niño-lobo debe comer un dedo de Tomás para desprenderse de la maldición, o de la macabra sorpresa del desenlace.

Al estilo chanante, Martínez Moreno ha sabido conjugar estas dos vertientes tan aplaudidas y ensamblarlas con aptitud y oportunismo (en lo que concierne al furor del momento por los hombres lobo). Lo que cuenta es tremendamente divertido, pero acusa cierta dispersión en la forma de contarlo. La asimetría narrativa desemboca en lo peor que le puede ocurrir a una comedia, que se vuelva pesada y redundante. No queda otra que culpar al propio director -también guionista-, puesto que el problema se deduce de una mala planificación de las secuencias de acción, y no de una falta de tiempo y presupuesto, como pudiera entenderse si no fuera por la fijación impertinente sobre aquéllas. Así, episodios intrascendentes pretenden cierta relevancia artística/formal, como el larguísimo ataque del lobo al matrimonio en su casa, o esa masacre que tiene lugar en la iglesia y que se aproxima a la serie B por defecto. Un lastre demasiado abultado para pasarlo por alto en una cinta que no trasciende más allá de sus personajes.

Ficha técnica:

Lobos de Arga (Lobos de Arga),  España, 2011.

Dirección: Juan Martínez Moreno
Guión: Juan Martínez Moreno
Producción: Tomás Cimadevilla y Emma Lustres
Fotografía: Carlos Ferro
Música: Sergio Moure
Reparto: Gorka Otxoa, Carlos Areces, Secun de la Rosa, Manuel Manquiña, Luis Zahera, Mabel Rivera, Coté Soler

Javier Moral

Licenciado en Periodismo. Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de Aula Crítica. Miembro del Consejo de Redacción de EL ESPECTADOR IMAGINARIO

 

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