Críticas

El cineasta a favor de la corriente de la vida

Las cosas

Carlos Rivero. España, 2017.

Cartel de la película Las cosasLas cosas se abre con planos donde Carlos Rivero se adentra en la naturaleza de una forma orgánica, natural. Se trata de planos filmados por una cámara que parece mostrarse inquisitiva, ávida de respuestas o, al menos, curiosa, con necesidad de explorar. Todavía desconocemos las cuestiones ante las que se interroga o los aspectos hacia los que desea dirigirse, que se precisarán más adelante. Sin embargo, ya se aprecia, a través de este paisaje natural, retratado con ausencia de sonido, que podría ser cualquier bosque en medio de cualquier sierra, un modo muy concreto de ubicarse Carlos Rivero con respecto a su película y ante el cine. La libertad del que entiende este arte como una valiosa herramienta para iniciar una intensa búsqueda, tanto n lo personal, como en lo formal.

Las cosas es una película-búsqueda, que surge de una crisis creativa o casi existencial, que el cineasta utiliza como revulsivo a favor de sí mismo para satisfacer las respuestas necesarias. Su planteamiento es coherente y pertinente, por tanto, con respecto a dicha necesidad. Desarrollada como una road-movie durante varios días de un verano, este precioso filme no solo puede encuadrarse dentro de este género, sino que también puede entenderse como las páginas de un diario personal. Anotaciones realizadas en las horas muertas de los cálidos días de verano. Así, del filme también emergerá un bello e íntimo retrato familiar, que interpela y explora la familia desde los mismos senderos que recorre la cámara al inicio, en la sierra, es decir, desde la más absoluta soledad.

La forma errática y nerviosa de la cámara, que llega a filmar en el fondo de un río, escondida entre piedras, entrando y saliendo del agua, es la manera de Carlos Rivero de permanecer fiel a esa búsqueda permanente. Es el modo de prueba y error como continuo aprendizaje, así como también es el medio, como si de un test de estrés se tratase, de conocer hasta qué punto es tolerable toda esa realidad que rodea al cineasta con respecto a la cámara y, por qué no, hasta qué punto también es permeable a la misma.

Fotograma de Las cosas

En este sentido, la inocencia del personaje de Aarón (sobrino del cineasta), mostrada a través de una mirada limpia que él mismo registra en el interior del coche, mediante un largo plano, o la siesta del padre de Carlos Rivero, son algunos de los mejores momentos de este filme que vienen a confirmar que ni la vida ni el cine deben sujetarse a corsets, ni perder ese carácter inquisitivo y descubridor.

Aquí reside la metáfora de este hermoso híbrido, algo inclasificable, que se nutre de un modo abierto y casi indisociable de lo experimental y de lo documental; una película sin estructura, como la vida, imprevisible, que tampoco cierra la puerta de la ficción, la cual se explica a través de los mismos senderos que hay al inicio, de la relación del cineasta y su cámara con la naturaleza. Descubrimos así a un Carlos Rivero determinado a filmar, posicionándose a favor de la corriente de la vida, metáfora nunca mejor explicada que a través de la propia secuencia del río, restituyendo el valor de la familia desde el origen de inestabilidad al que se ve sometido el cineasta en el inicio del proyecto. Y entre todos estos senderos, la figura de la familia se abre paso, ocupando en el filme, progresivamente, una posición predominante, a través de preguntas que indagan sobre el pasado, en anécdotas durante una comid, o un paseo, mientras se cierra la noche, quizás para ayudar, de este modo, a entender mejor el presente.

Ficha técnica:

Las cosas ,  España, 2017.

Dirección: Carlos Rivero
Duración: 97 minutos
Guion: Carlos Rivero, Claudia Rivero, Lola de los Reyes, Carlos Rivero Vargas, Aaron Ruiz
Fotografía: Carlos Rivero

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