Críticas

El guardián entre el centeno

La tercera orilla

Celina Murga. Argentina / Alemania / Holanda, 2014.

Cartel de la película La tercera orillaEl cine argentino está pasando un buen momento en el ámbito internacional; sin embargo, como todos los procesos, fue producto de un largo camino que comenzó en 1985, cuando La historia oficial (Luis Puenzo, 1985) ganó el Oscar a la mejor película extranjera. Habría que esperar 24 años para que otra película argentina fuera galardonada con el mismo premio (El secreto de sus ojos, Juan José Campanella, 2009).  Entre ambos hitos, películas como La tregua (Sergio Renán, 1974), Camila (María Luisa Bemberg, 1984), Tango (Carlos Saura, 1998) y El hijo de la novia (Campanella, 2001) también estuvieron nominadas, aunque sin llegar a obtener el premio.

Lo relevante de este pasaje rápido de reconocimientos (dejando de lado los distintos festivales) es que durante este año –y por primera vez en la historia- cuatro películas argentinas fueron nominadas a participar del Festival de Berlín: Historia del miedo, de Benjamin Naishtat; Atlántida, de Inés Barrionuevo; Ciencias naturales, de Matías Lucchesi; y La tercerea orilla, de Celina Murga, que nos convoca en esta ocasión.

La filmografía de Murga comenzó con Ana y los otros (2003), un film en el que la protagonista vuelve a su ciudad natal de Paraná y al encontrar la foto de su novio de la adolescencia en un diario local, comienza a buscarlo. Su segundo largo será Una semana solos (2007), película que narra la historia de un grupo de niños de entre 7 y 14 años que quedan solos durante un fin de semana dentro de un barrio privado. Es justamente a partir de este film en el que Murga comienza a interesarse por la relación entre los jóvenes y los adultos, y es en La tercera orilla donde lleva a cabo un estudio más profundo de los vínculos. Además, el proyecto cuenta con el apoyo –desde la producción- del director Martin Scorsese, que mantiene contacto con la directora desde que ella obtuvo una Beca Rolex para trabajar juntos durante un año.

Fotograma de La tercera orillaNicolás (Alián Nevetac) es un adolescente que vive junto con su madre y dos hermanos en un pueblo de la provincia de Entre Ríos, Argentina. Su padre (Daniel Veronese) es un acaudalado médico y terrateniente de la zona, que a su vez tiene otro hijo con su mujer oficial. El film se centra en la relación entre ambos, en una especie de “tire y afloje” entre el joven (que quiere mantener su vida de adolescente) y su padre, que de a poco lo obliga a seguir sus pasos y a hacerse cargo de sus negocios.

Desde este punto de vista, la película puede ser vista como un retrato del pasaje de la adolescencia a la adultez, un camino que no todos están dispuestos a transitar del mejor modo. Teniendo en cuenta esta premisa, es posible trazar un paralelismo con Holden Caulfield, el protagonista de la novela El guardián entre el centeno (Salinger, 1951). Si bien el nivel de rebeldía de Nicolás tarda en aparecer en el film (a diferencia del personaje retratado por Salinger), la mayor conexión se da en lo que a transición temporal se refiere.

La tercera orilla, críticaEs justamente esta zona de transición la que define el espíritu del film. La historia está contada desde la perspectiva de Nicolás y los lazos que va tejiendo con su entorno. Se trata de un muchacho que gusta de ir a bailar con sus amigos, pero también juega con sus hermanos y es el primero en defender a su medio hermano cuando lo molestan en el colegio. Pero esta faceta es la antítesis del papel que quiere que adopte su padre. Sus acciones, por lo tanto, estarán definidas por este lugar intermedio (esta tercera orilla) en el que aún se conservan características de la juventud, pero en el que de a poco comienzan a aparecer las obligaciones y preocupaciones de la adultez.

Murga retrata muy bien el costumbrismo de las localidades del interior del país. Las grandes extensiones de tierra que separan un lugar del otro, los pájaros cantando a media tarde, las casas con sus puertas abiertas, el mate y los momentos de caza. También se explota las formas modernas de demostración que la sociedad de consumo ha establecido. El padre de Nicolás no está presente, pero subsana su ausencia con regalos materiales, con los que relaja la tensión y permite que la situación se mantenga estable, al menos durante un tiempo.

Sin embargo, el acierto del film está en los climas que logra. Nicolás se muestra silencioso y sumiso con su padre, y es justamente en dichas escenas en las que Murga se toma su tiempo para generar el ambiente propicio para retratar el vínculo. En ocasiones, el “diálogo” termina siendo un monólogo de su padre, con un Nicolás con la mirada perdida y acatando sus órdenes. Este grado de sumisión no tarda en entrar en conflicto con su verdadera esencia: la escena en la que se arroja a la pileta de la casa paterna durante una tormenta o la liberación que logra al cantar en un karaoke son el preludio de una decisión que más tarde tomará y que será el cierre definitivo de esta transición. Y en ese punto, el mérito máximo de la película es preparar el terreno para el desenlace, que si bien puede parecer exagerado, Murga lo va tejiendo con un in crescendo sutil y pausado, que se vuelve insostenible. Quizá este sufrimiento interior que exhibe Nicolás sea donde más se vea la influencia de Scorsese, quien alguna vez dijo: “Busco a los personajes que sufren para ver cómo se enfrentan al dolor”.

LA tercera orilla, de Celina MurgaPor momentos, el film comparte características del neorrealismo italiano. Para empezar, Nicolás es interpretado por un actor que debuta en esta película y que se presentó al casting de casualidad. Por su parte, el padre, si bien es retratado por un actor de teatro de larga trayectoria, es la primera vez que participa de una película. Cabe destacar la actuación de ambos actores. Hay también, como se comentó anteriormente, una necesidad de retratar la realidad tal como es. Nicolás habla como un adolescente típico argentino, usando jergas y modismos propios del país. Incluso se llega a niveles en donde no existe música incorporada en la posproducción: solamente se reserva a sonidos ambientales y de los lugares que los protagonistas asisten. También resalta la variedad de locaciones que se retratan: la casa de Nicolás, la casa y chacra paterna, locales bailables y un salón de eventos tienen lugar a lo largo de la historia, aunque ninguno destaca por encima del otro.

Es este aspecto costumbrista –que predomina en gran parte de la producción nacional- lo que de algún modo hace que la gente se aleje de este tipo de cine. A nivel de taquilla nacional, la película tuvo una llegada relativamente baja. Pareciera que el público argentino es más gustoso de ver películas que lo lleven a ver otras realidades. Desde este lugar, el cine argentino estaría condenado a triunfar y a obtener reconocimiento más allá de sus fronteras, en espacios donde lo que se cuenta puede verse como novedoso, donde el tratamiento de las situaciones permita al espectador ir más allá de su realidad. Se trata, pues, de otra costumbre que la sociedad local deberá modificar para darle oportunidades a producciones que –si bien muchas veces no tienen nada nuevo que ofrecer- puede servirnos como un espejo en el cual mirarnos como sociedad.

Trailer:

Ficha técnica:

La tercera orilla ,  Argentina / Alemania / Holanda, 2014.

Dirección: Celina Murga
Guion: Gabriel Medina y Celina Murga
Producción: Tresmilmundos Cine / Waterland Film / Rommel Film
Fotografía: Diego Poleri
Música: Federico Billordo / Andreas Ruft
Reparto: Alián Devetac, Daniel Veronese

2 opiniones en “La tercera orilla”

  1. Bella película Me emocionó y me mantuvo en suspenso todo el tiempo. No presagiaba tal desenlace.. Una mirada inteligente sobre el machismo, la hipocresía y los falsos valores de nuestra sociedad

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