Críticas

No paga ser pillo

La mujer del animal

Víctor Gaviria. Colombia, 2016.

Cartel de la película La mujer del animalVictor Gaviria es un director de cine colombiano de mucho mérito. Ha realizado una serie de obras que han alcanzado renombre, en las cuales ha trabajado extensamente los temas de la ciudad de Medellín y sus grandes problemas. Con Rodrigo D, No futuro (1990) y La vendedora de rosas (1996), participó en la Selección Oficial del Festival de Cine de Cannes. Con Sumas y restas (2001) obtuvo premios en el Festival de Cine Latino de Miami, en la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (Alma), en el Festival de Cine Latinoamericano de Toulouse. Son películas muy fuertes, descarnadas, repletas de palabras duras y de situaciones extremas. Gaviria también ha trabajado en una serie de cortometrajes y de documentales que le han merecido reconocimiento. Se puede decir que es un cineasta investigador de la complejidad urbana, y pocos lugares como Medellín se prestan para este tipo de trabajos. Como también es poeta, sus temas, a pesar de la crudeza de las situaciones, se tratan con gran humanismo y sensibilidad, se podría decir que tienen ánima y esencia. Contribuyen a ello su disciplina y su aplicación a los detalles, que se refleja en el hecho de que a pesar de que en general trabaja con actores naturales, algunos de ellos son los protagonistas mismos de las historias, los lleva a expresar una profunda vivencia de las situaciones que, a mi modo de ver las cosas, solo se logra con gran imaginación y sensibilidad, ambas características del poema.

La Mujer del Animal (2016) es su más reciente producción. Ocurre, el filme, en su totalidad, en la extensa barriada del llamado Barrio Popular y sus alrededores, al noreste de la ciudad, unos asentamientos intensamente poblados que las personas, casi todas ellas desplazadas de las zonas campesinas de Antioquia desde hace muchos años, han ido levantando en lugares difíciles, muy inclinados, estrechos. Se trata de viviendas muy sencillas, pequeñas, construidas inicialmente a base de cartones, trozos de madera y latas, o de paredes de barro y caña, que poco a poco se han ido transformando en viviendas de material y de ladrillo, ordenadas de alguna forma, y servidas por electricidad, por senderos, con calles estrechas, acueductos y alcantarillados. Ha sido un proceso gradual, de muchas luchas y sacrificios, que oscila entre la ilegalidad, la informalidad, la explotación de negociantes, el rebusque, el heroísmo, el trabajo comunitario, el empresarismo y los esfuerzos que hace la ciudad por atender a tantas necesidades.

La mujer del animal, fotograma

Se trata de una historia basada en hechos reales. Se nos cuentan los increíbles sufrimientos y el heroísmo de Amparo, una joven que a los 18 años cae en las garras de un personaje siniestro a quien todos llaman “el animal”, con lo cual podemos imaginar muchas cosas, bastante inferiores a lo que se aprecia en realidad en los animales, que son seres evolucionados y de comportamientos instintivos, hermosos en muchísimos sentidos. Amparo llega al Barrio Popular en busca de su hermana que allí vive. Viene huida del colegio, en uniforme de colegiala y de inmediato es objeto de la atracción de algunos malandrines que forman una banda criminal liderada por el “animal”. Estos personajes cometen crímenes de diversa naturaleza, en general robos y atracos que azotan a los mismos vecinos y a las personas pobres. Rápidamente, Amparo se ve atrapada y arrastrada, (literalmente por sus cabellos negros y hermosos), hasta convertirse en esclava sexual y en la mujer del terrible personaje, a quien todos temen en el barrio, sin que nadie sepa cómo salir de él, sin que nadie descubra cómo liberarse del régimen de terror primitivo que ha establecido en la vecindad.

Al seguir la vida de Amparo al lado del “animal”, nos sentimos absolutamente impotentes, atribulados. Es tal la angustia y la sensación que tiene ella de estar atrapada sin salida, que empezamos a ver la totalidad del barrio como una enorme prisión, tal como la mira ella, que no ve salida, entre las paredes de miedo, de resignación asustada, de indiferencia y de complicidad forzada que rodean sus horas, sus días y sus años. La ciudad hermosa de luces brillantes se deja ver, una y otra vez, en la planicie y en las montañas opuestas del valle donde se asienta Medellín, pero es inalcanzable para Amparo o incluso para los habitantes del barrio.

lLA mujer del animal, cine colombiano

Nos lleva, Gaviria, en forma obligada por lugares que la mayor parte de los espectadores no conocemos y no visitamos: pequeñas habitaciones de piso de tierra, donde duermen hacinados los miembros de las familias; cocinas muy pobres, pero amables, donde las mujeres hacen lo mejor por sus hijos y compañeros, y sí es del caso, por el visitante que se arrime; callejuelas embarradas e irregulares que, atrevidas, unen la intimidad de los vivientes en estrecha simbiosis de rápidas e ingeniosas comunicaciones verbales; tiendas y comercios donde se vende al fiado y por puñados; escenas hogareñas de gente buena que va construyendo la vida diariamente, con sus hijos, con sus esperanzas. Y alrededor, la plaga humana que no falta, la maldición de los malevos que se reúnen a tramar sus fechorías, a repartirse los productos de sus robos, a violar a cualquier mujer que esté sola, a pervertir a niños y jóvenes para prolongar el ciclo de miserias humanas, a beber y a jugar, a construir negatividad. Son una minoría, pero tienen alcances insospechados y se constituyen en una angustia inmanejable para el barrio y para la sociedad misma.

Viviendo con Amparo en las tristes situaciones que nos muestra el filme, los espectadores experimentamos las desgracias del machismo en sus expresiones más terribles: dominio abusivo, violencia física y verbal, humillación, injusticia, soberbia, brutalidad. Es agobiador ver cómo las personas que rodean al causante de todas estas desgracias son impotentes para enfrentar o moderar estas situaciones. Originados en antiguas historias familiares de violencia y de sumisión, se van extendiendo estos comportamientos por todas partes, infectando las vidas de protagonistas y de afectados: madre, hermanas, hermanos, vecinos, víctimas. Espirales de negatividad, que, al parecer, solamente la ley del karma y la de la acción y reacción, son capaces de resolver y de aliviar.

lLA mujer del animal, Víctor Gaviria

Pienso que en esto último reside uno de los valores de esta película, el que nos preguntemos cómo se pueden resolver las situaciones y qué puede hacer la sociedad para superarlas, tanto desde su origen mismo como del manejo de las realidades humanas y sociales que tienen que ver con ellas. ¿Cómo superar la impotencia que se siente al ver que nada parece posible ante la arbitrariedad y las horribles ofensas contra los derechos humanos? Al obligarnos al contacto íntimo con estas sangrantes realidades sociales, los espectadores quedamos untados del dolor de las víctimas, aunque la sensación sea de incomodidad. Pero también quedamos impregnados de admiración, al sentir cercano el diario vivir de la gente buena y humilde, que mantiene su forma natural de salir adelante, con esa energía tan humana, encerrada en la naturaleza de ser pobre y honrado, convencida de que realmente no paga ser pillo, no importan las circunstancias ni las limitaciones.

 

Tráiler

Ficha técnica:

La mujer del animal ,  Colombia, 2016.

Dirección: Víctor Gaviria
Duración: 120 minutos
Guion: Víctor Gaviria
Producción: Daniela Goggel
Fotografía: Rodrigo Lalinde
Música: Luis Fernando Franco
Reparto: Natalia Polo, Tito Alexander Gomez, Jesús Vásquez

4 opiniones en “La mujer del animal”

  1. Tremenda historia, espeluznante personaje protagonista, sobre todo si se tiene en cuenta la veracidad de los hechos que se cuentan. Bien rodada, con muy escasos medios y con actores y actrices que no lo son. Eche en falta un diálogo coherente por parte del “animal”. Puede que esto forme parte del mensaje que se desea transmitir, pero como espectadora, me saturaron los búfidos a modo de palabras a lo largo de toda la película. Muy bien elegidos todos y cada uno/a de los vecinos de la triste barriada colombiana.

  2. De principio a fin sentí la piel erizada, mi pecho apretado, el ceño fruncido, y lágrimas correr por mis mejillas de manera natural e involuntaria. Admiro la capacidad de relatar una historia que no es si mas la vida misma, la realidad que muchos desconocemos y por ello asombrados y a la vez horrorizados contemplamos atónitos a lo largo de filme. Felicito al reparto no se si sean actores constituidos o no, pero sus actuaciones fueron muy dignas y meritorias. Y aunque el filme en general nos deja con u mal sabor de boca, hay que reconocer que a pesar de su crudeza verbal y escenográfica, es una película que consigue que el espectador se enganche y a la vez experimente todo tipo de emociones y sensaciones tanto negativas como positivas, a más de dejarnos un claro y contundente mensaje, la justicia existe y ” quien a hierro mata, a hierro muere.”

  3. Super película! retrato de una dura realidad que viven muchas mujeres . Hace solo cuatro días me la ví y todavía pienso en ella. Tengo una sensación de impotencia y rabia…. sigo traumatizada..creo que en realidad la película logró transmitir, que en últimas es el objetivo del cine.
    Saber que es un caso de la vida real, con nombre, apellido , fecha y lugar, pero que hoy en día es la realidad de muchas mujeres, me ha dejado muy triste.
    Muchas gracias por la película, la aplaudo!!! no sé si obtuvo premios…..se lo merece!!!

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