Críticas

Cuando todo lo demás sobra

La memoria del agua

La memoria del agua. Matías Bize. Chile, 2015.

LamemoriadelaguacartelEstamos ante la nueva y atrayente obra del realizador chileno, Matías Bize, tras la aclamada La vida de los peces (2010), galardonada, entre otros premios, por el Goya a la mejor película extranjera de habla hispana. En esta ocasión, en su quinto largometraje, y siguiendo con su temática intimista, el director se centra en el duelo que debe atravesar una pareja, tras la pérdida de un hijo, trauma inmenso que en el diccionario de la lengua castellana no tiene definición en la relación de parentesco con la víctima, como, en cambio, sí la posee la persona que pierde a su marido o a su mujer (viuda/viudo) o la que sufre la ausencia de una madre o padre (huérfana/huérfano). La pareja, interpretada por Elena Anaya y Benjamín Vicuña (Amanda y Javier, en la ficción), deberá enfrentarse a su tragedia, desde el planteamiento inicial adoptado por el guion del largometraje, de una relación que ya ha transitado hasta el punto en que no puede mantenerse, ante la perenne presencia entre ambos del hijo ausente, en el espacio, tanto físico como psíquico.

Matías Bize aborda este drama, como ya lo hiciera con anterioridad Krzysztof Kieslowski en Tres colores: Azul (Trois couleurs: Bleu, 1993), Atom Egoyan con El dulce porvenir (The Sweet Hereafter, 1997) o Nanni Moretti en La habitación del hijo ( La stanza del figlio, 2001), y el director chileno lo hace sin complejos, en primer plano, un primerísimo primer plano que no abandona a los protagonistas en todo el metraje, siguiéndoles con el foco muy cerrado, indagándoles, intentando adentrarse con la cámara en su alma. Ello obliga a Elena Anaya y a Benjamín Vicuña a entregarse a una interpretación en donde ofrecen lo mejor de ellos mismos, consiguiendo sostener todo el filme, y haciendo que cualquier paisaje adicional que sobresalga de sus semblantes sumidos en la ausencia sean mínimos, apenas unos cuantos, transformando el ambiente general en un microcosmos de angustia, agobio y desesperación. Esa cámara tan cercana logra que nos aproximemos, en un ritmo muy pausado, a Amanda y a Javier en su intimidad y dolor, interesándonos, ya no por lo que acontece o puede suceder, sino por los sentimientos de desorientación y ahogo que están padeciendo. El encuadre lo conforman los personajes principales, y ellos lo sostienen y lo engrandecen. Y si bien Elena Anaya sobresale por la exposición de sentimientos, Benjamín Vicuña, queremos creer que por exigencias del papel, peca de sobriedad y austeridad de gestos. Por otra parte, el filme no deja claro el tiempo en el que transcurre, lo que nos impide situar en un espacio temporal concreto la evolución, o la falta de ella, experimentada por los personajes.

Lamemoriadelaguafoto1Además de los primeros planos, Bize recurre al fuera de campo para no mostrar lo que es evidente, y que ya se encuentra presente en la mente del espectador, sin necesidad de imagen explícita alguna, lo que resulta una decisión, además de elegante y sobria, muy acertada. Lo que parece que interesa al autor, de manera primordial, y diríamos que con exclusividad, son los sentimientos, reacciones, evolución y relación de los dos protagonistas. Fuera de ello, todo es accesorio y está de sobra. Incluso los personajes de reparto, en esta ocasión, efectivamente se nos muestran como secundarios, con la única misión resultante de abrir, ligeramente, la cerrada y tremebunda trama, intentando cierta respiración asistida, pero sin conseguirlo y, en verdad, tampoco lo necesita, con la dificultad añadida de que uno de los secundarios recuerda en demasía a un ex-presidente del gobierno de España, de lamentable coprotagonismo en las islas de las Azores, con bigote y melenita incluidos.

Lamemoriadelaguafoto2La película cuenta con un obstáculo grande, y es su banda sonora original. Compuesta por Diego Fontecilla, fue grabada en Londres y Eslovaquia, y estuvo acompañada por la Orquesta Sinfónica de Bratislava. En un filme de grandes silencios, excepto la explosión final, cargada de reproches, nihilismo y desesperación, la música va haciéndose presente poco a poco, desde un tenue piano hasta inundar la imagen, cuando consideramos que además de ser innecesaria para sostener el resto de elementos del conjunto, acaba resultando ubicua e incluso molesta.

El agua, su imagen, su fisicidad, su color, es la protagonista del título, del drama, del trauma, de la azulada fotografía, de la historia. Chile es mostrada mágica y misteriosa en el azul de su océano y de sus piscinas, hermosa también el agua solidificada como nieve. Ojalá hubiéramos podido disfrutar de estas últimas imágenes heladas sin la agresión de las notas musicales. Paradójicamente, esa agua coincide en maldición y en deseo, ese anhelo de desaparecer en una cabaña, al sur, rodeada de lagos… El agua y la memoria, esa última que no necesita de fotos, juguetes, días estelares o fenómenos meteorológicos para estar presente en cualquier instante, movimiento o pensamiento.

La memoria del agua, imagenMatías Bize se ha atrevido con una situación de partida muy delicada, que ha sabido atravesar con sutileza y buen tono. Dentro de la congoja general, se ha insertado alguna situación que desborda ironía y sarcasmo, como la construcción de una casa para una pareja, con cargantes problemas, dentro de su diáfano bienestar económico general, de egoísmo y dominación, consiguiendo marear al arquitecto encargado de la edificación, cual psicólogo o abogado de divorcios se tratara.

El realizador aborda el duelo sin sensacionalismos ni moralina, sin recurrir a un exceso sentimental, cambiando el foco de seguimiento a uno y otro progenitor, enfrentándose con ello a distintas formas de sufrir, y a su exteriorización. Con todo ello, reflexiona sobre las consecuencias de atreverse con los acontecimientos en soledad o compañía, y las derivas o repercusiones sorprendentes que, de una u otra forma, pueden hacer surgir y rememorar. Un enfrentamiento de reacciones y decisiones, del que, afortunadamente, no se hace partícipe al público, en el sentido de que tenga que tomar partido entre prototipos de conducta.

Y para terminar, un último apunte: no nos olvidamos del perro, ese ser inocente, quien, como más o menos viene a decir el refrán, en la desgracia, termina recibiendo todas las pulgas. Perfectamente anexionado al clima general, acaba protagonizando escenas que se encuentran entre las más dolorosas e impactantes de todo el filme.

Tráiler:

Ficha técnica:

La memoria del agua (La memoria del agua),  Chile, 2015.

Dirección: Matías Bize
Guión: Matías Bize. Julio Rojas
Producción: Ceneca Producciones
Fotografía: Arnaldo Rodríguez
Música: Diego Fontecilla
Reparto: Elena Anaya, Benjamín Vicuña, Néstor Cantillana, Pablo Cerda, Alba Flores, Sergio Hernández, Silvia Marty, Antonia Zegers

Pilar Roldán Usó

Graduada del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

Deja un comentario


* Los campos marcados son obligatorios