Bandas sonoras: 

Una mujer tras los fantasmas del villano

Título: Joker (2019) BSO

Autor/es: Hildur Guðnadóttir

Sello: Water Tower Music.

Año: 2019

Joker - BSO

La visión extremadamente perturbadora que Joaquin Phoenix le imprimió a la figura del villano más célebre de la factoría DC Comics, se convirtió en un desafío para muchos de los colaboradores de la película. Para la compositora Hildur Guðnadóttir, sin embargo, esta visión supuso una relación de ida y vuelta, una simbiosis muy personal y estrecha con el protagonista. Con un pergamino reciente en los Emmy por su banda sonora de la miniserie Chernobyl (HBO 2019), la violonchelista islandesa, afincada en Berlín, fue seleccionada por el director Todd Phillips, conmovido por la música que esta había creado para Sicario: El día del soldado (Sicario: Day of the Soldado, 2018), la película de Stefano Sollima, de quien Phillips es admirador. El realizador quería que el personaje generara una especial empatía con los espectadores, a partir de la transfiguración de un ser inocente en su génesis en un villano producto de la desesperación, a la que fue arrojado por una sociedad incapaz de contener a ciertas almas trastornadas. Para ello, lo primero que pensó fue en una banda sonora a contracorriente, áspera y no convencional. La exasperante estética que Hildur podía aportarle a Joker con su música minimalista y su experiencia en crear sonidos que crispan los nervios, lo movió a remitirle un correo electrónico con una proposición cuanto menos original: “Voy a comenzar esta película y quiero hacer algo extraño. Te envío este guion y simplemente quiero que empieces a escribir música”. Esta particular forma de trabajo no es habitual en la industria del cine, pues la costumbre indica que la música se compone una vez que la película tiene su montaje final, aún cuando no esté totalmente terminada. Uno de los primeros en ir contra ese método fue el célebre David O. Selznick, cuando urgió al compositor Franz Waxman a escribir la música de Rebecca (Alfred Hitchcock, 1940), sin tener el film terminado, cosa que finalmente no ocurrió, por la presión en contrario del maestro del suspense.

“Entonces, ella escribió música del guion. Normalmente, un compositor, ve la escena, y sobre ella escribe la partitura”, contó el director Todd Phillips. La novedosa manera de trabajar obligó a la compositora a sentarse a pensar el texto y transformarlo en una voz musical atormentada y oscura. “Todd me dio el guion de la película y me pidió que escribiera la banda sonora en función de mis sentimientos durante la lectura. Es el estudio de un personaje absolutamente realista que, para mí, se ha traducido en melodías muy simples y repetitivas. Así es como Arthur Fleck (Joker) ve las cosas”, explicó Hildur Guðnadóttir en la emisora estadounidense NPR. “Siempre dentro de esa esencia, traté de adaptar la orquestación a la evolución del Joker. No con acordes o música intrincada, sino con una estructura que estaba en sintonía con la depresión del protagonista”.

Por cierto, la metodología sugerida por el realizador podría haber complicado a varios compositores, pero no fue el caso de Hildur, cuyo nombre significa “batalla” en islandés. Se lo puso su madre en honor a la virtuosa violonchelista británica Jacqueline du Pre, prematuramente fallecida de esclerósis múltiple a los 42 años, cuya historia la había impresionado por su lucha y por su impetuosa forma de tocar el instrumento. Así Hildur se encontró influenciada desde pequeña con este personaje de la música, y así también comenzó a estudiar el violonchelo a los cinco años, con el que demostró gran virtuosismo, ingresó en el ambiente musical grabando discos como solista, tocando con grupos como Múm, Pan Sonic, Throbbing Gristle, Knife y Fever Ray, y finalmente incursionó en el cine y la televisión con las bandas sonoras para Secuestro (Kapringen, 2012) y María Magdalena (Mary Magdalene, Garth Davis, 2018) formando equipo con su compatriota Jóhann Jóhannsson, fallecido a los 48 años, (cinta en la que por cierto Joaquin Phoenix hace de Jesus), y la mencionada Chernobyl.

El trabajo de Guðnadóttir resultó más importante de lo esperado, porque sobrepasó su función esencial para convertirse en un significativo apoyo para la interpretación de Phoenix. En efecto, durante la ya célebre escena en el baño, tanto el director como el actor se encontraban literalmente empantanados en el debate sobre cómo debía Phoenix interpretar al Joker. Filmaban una y otra vez la escena pero terminaban decepcionados. Entonces, a Phillips se le ocurrió poner la música de Hildur para crear clima, lo que afectó la sensibilidad de Joaquin e hizo surgir una espontánea coreografía de la locura, produciendo cambios en la filmación que permitieron salir del atolladero y crear una secuencia antológica.

Para esta escena la compositora comentó que se sentó con su chelo e intentó meterse en la psiquis del Joker: “Me agarré de la sensación que me quedó luego de leer el guion, y en cuanto toqué las primeras notas sentí como un golpe en el pecho, muy fuerte, como una reacción física, y supe que lo tenía”. Es la misma sensación que uno experimenta al escuchar la banda sonora en su combinación con las imágenes, con un violonchelo penetrante y tan dramáticamente expresivo y perturbador como las carcajadas convulsivas del Joker.

Pero el sistema de trabajo de esta chelista de 37 años, oriunda de Reykjavik, hija de una cantante de ópera y un clarinetista, compositor y director, no es para nada convencional, pese a que creció en un ambiente impregnado de música clásica y culta. Para escribir la música de Chernobyl grabó cantidad de sonidos ambientales de la central nuclear de Ignalina, donde se rodó la serie, y con su mezcla creó melodías a partir de reactores y turbinas, de chirridos de puertas, algo que se encuentra en la música concreta, movimiento musical originado en los estudios de la radiodifusión francesa de 1929 por Pierre Schaeffer, ligado a la aparición de dispositivos que permitían manipular sonidos y combinarlos para construir una verdadera partitura auditiva. “Nunca he tenido las aspiraciones de un violonchelista orquestal, siempre lo he visto en un ángulo más experimental”, dijo Hildur.

La banda sonora de Joker se grabó con la North German Radio Symphony Orchestra, de cien instrumentos, con un claro liderazgo de la interpretación de Guðnadóttir al chelo sobre una base de cuerdas estridentes que lleva la crispación a niveles agobiantes y transmite esa energía al personaje, transformando el pasado que condiciona su vida, en un presente escalofriante. “Al principio, la orquesta está en el fondo, pero a medida que las verdades se revelan ante sus ojos, da un salto decisivo hacia delante. Arthur Fleck se vuelve cada vez más agresivo y la banda sonora más imponente”.

No hay en la música de Joker reminiscencias del Batman de Danny Elfman, orquestalmente sinfónico aun cuando fuera novedoso en su época, sino que la estética de Guðnadóttir bebe sin tapujos de las fuentes del Hans Zimmer de El caballero de la noche, en toda su atmósfera asfixiante de tonalidades electrónicas redundantes de crescendos que se agigantan cuanto más dramática se torna la trama y el despertar psicológico de los personajes. Pero en la creación de Guðnadóttir las cuerdas reemplazan a los sintetizadores.

A la música incidental de la compositora islandesa se une una banda sonora construida con una serie de temas tomados de películas clásicas como Smile de Tiempos Modernos (Modern Times, 1936) compuesta por Charles Chaplin e interpretada aquí por Jimmy Durante, y canciones icónicas del rock, el pop y el swing, entre las que encontramos My Name is Carnival, de Jackson C. Frank; White Room, de Cream; Send in the Clowns, de Stephen Sondheim, interpretada por Frank Sinatra; temas de Creedence Clearwater Revival, Jimi Hendrix, Jefferson Airplane, The Animals, Buffalo Springfield, The Guess Who y la polémica Rock and Roll part 2, de Gary Glitter, que se escucha cuando Joker baja bailando las escalinatas, celebrando su espiral de violencia, canción que provocó la ira de muchos, pues el cantante, que está preso, condenado por pedofilia y abuso sexual, podría hacerse rico con los derechos de autor que percibirá por su inclusión en el film.

Joker ha movido las estructuras, es un hecho, y ha levantado las más encendidas diatribas entre quienes la aman o la odian, generando infinidad de comparaciones, para mi gusto fútiles, entre la versión de Phoenix y la que Heath Ledger bordara para el Batman de Nolan. Discusiones de todo tipo que, por supuesto, incluyen el ítem musical. Lo cierto es que, en este aspecto, Joker ha supuesto una interesante variante a las partituras de los Guasones más clásicos o sinfónicos y, sin negar la influencia de la obra de Zimmer, ha conseguido dibujar con solvencia la personalidad de un Joker mucho más complejo, terroríficamente asfixiante. Eso sí, no es una música fácil de digerir, ni siquiera para aquellos habituados a la experimentación o de oídos más entrenados.

El violonchelo de Guðnadóttir es la voz interior de este Joker intimista, en el que sus cuerdas, chirriantes, despiertan todos sus fantasmas.

 

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