Críticas

Madurez frente a la irresponsabilidad

Jack

Edward Berger. Alemania, 2014.

Cartel de la película JackEl alemán Edward Berger no es novato en la dirección. En su carrera profesional, se ha ocupado, con prioridad, de la realización de series de televisión. En Jack, nos sorprende con una obra que consideramos muy notable, tanto por su atinado y redondo guion, trabajo del propio realizador y de Nele Mueller-Stöfen, como en la acertadísima forma en que lo lleva a la pantalla, en la que, tras una aparente sencillez, se esconde un trabajo muy elaborado y cuidado en todos sus detalles. El filme fue presentado en la Berlinale de 2014 y obtuvo el Premio Lola de Plata del Cine Alemán al mejor segundo largometraje.

Con una cámara nerviosa, Edward Berger va persiguiendo a su protagonista, Jack, un niño de diez años en búsqueda de su madre, a veces solo, otras, acompañado de su hermano menor, Manuel. La cámara le sigue por detrás, lateralmente, por delante, en cualquier tipo de plano, y se detiene cuando Jack lo hace, pocas veces, por cierto, para descansar, llamar por teléfono o lavarse los dientes, mientras medita sobre sus circunstancias y destino. El niño, ambos niños, acaparan casi totalmente la imagen, dejando de manera consciente a ese mundo adulto insensibilizado que se van encontrando, prácticamente, fuera de campo.

La historia se desarrolla en la actualidad, en una ciudad germana, y situándola en el periodo estival, le ayuda al realizador para acrecentar la luminosidad y brillantez del colorido en bosques, jardines, paisajes urbanos o vestimentas, lo que atrae inmensamente. El director alemán también se apoya con largos travellings para acompañar a Jack y a Manuel en su búsqueda, con hermosos planos secuencia laterales que recorren puentes, carreteras o calles urbanas. Tampoco se olvida de marcados planos cenitales, como el del arranque del film, con los dos críos durmiendo profundamente en su cama. El ritmo es ágil, mucho, y no se detiene en ese camino angustioso que se va recorriendo, hasta cerrarse el círculo, a través de la resolución y el coraje de Jack, arrastrado y subyugado por sus circunstancias.

Fotograma de JackLa banda sonora, a cargo de Christoph M. Kaiser y Julian Maas, mientras se visiona el film, asemeja prácticamente inexistente, pareciendo que únicamente se utiliza la música en momentos muy puntuales, casi como una marcha fúnebre, o cuando se produce diegéticamente. Este aparente silencio, mucho más aparente que real, tras leer las numerosas canciones que intervienen en el largometraje en los títulos de crédito, hace destacar el sonido diegético no musical, como las pisadas o el ruido de los automóviles, teniendo en consideración, además, que los diálogos son mínimos y casi innecesarios.

La larga y agónica búsqueda de Jack y su hermano deja al descubierto, como ya se ha empezado a apuntar, un mundo adulto hostil, egoísta, inmerso en sus propios problemas, diversiones y evasiones, siendo casi irrisorias las “muestras de apoyo” por los que ya han alcanzado la mayoría de edad, frente a un par de menores que muestran la viva imagen del abandono. Y ya metidos en el mundo adulto, podemos hablar de la “olvidadiza” y “alocada” madre, Sanna, cuya irresponsabilidad es tan enorme y detestable, que ante la duda, casi prefieres pensar que todo su comportamiento se debe a un grave desequilibrio mental y no a simples rasgos negativos del carácter, como el egoísmo, la informalidad y la falta de compromiso, además de un claro poco desarrollo cognitivo (aunque la primera alternativa, la del transtorno psíquico estaría apoyada por el comentario de un amigo, cuando le pregunta a Jack, casi al final del film, si su madre está bien; la segunda, la de un defecto o más en el carácter, tendría también amplio recorrido en sustentarse, con la conversación del inicio en el parque entre la propia progenitora y una amiga, aquella en la que se plantean tomar precauciones o no para evitar el embarazo…).

JAck, de Edward BergerHay escenas en la película que recuerdan al mejor Charles Chaplin, como en la que ya toca alimentarse y se recurre al hurto, en un restaurante, de los azucarillos y los envases de leche preparados para los cafés que solicitan los clientes. Es el momento más enternecedor e imborrable del film, que no carece precisamente de ellos, pero con el acierto de no caer en la sensiblería. También la sensación de abandono y angustia que se muestra de la infancia, nos trae a la memoria la extraordinaria película de Charles Laughton, La noche del cazador (Night of the Hunter, 1955), o propuestas del neorrealismo italiano como Alemania, año cero (Germania, anno zero, 1948) de Roberto Rossellini, o incluso obras mucho más recientes como la rodada en tres dimensiones por Martin Scorsese en 2011, La invención de Hugo (Hugo), o también la realizada por los socialmente comprometidos directores belgas, los hermanos Dardenne, en su largometraje El niño de la bicicleta (Le Gamin au vélo, 2011).

Jack está interpretado por Ivo Pietzcker, y se come, literalmente, la pantalla, en una actuación que no se olvida. Aparece entrañable en ese deambular incesante, con destinos y objetivos concretos. Es solo un niño de diez años que tiene que ocuparse de su comida y de la de su hermano, que hace la colada, la recoge, limpia la suciedad, que se reprocha personalmente, a pesar de la ausencia de la madre, el que su hermano se meta en la bañera con el agua demasiado caliente, o que se olvide de recogerlo cuando tiene que salir huyendo de un centro comercial. Al unísono, con el avance en el desarraigo, la cara de Jack se va tensando, reconcentrándose en su amargura, hasta aceptar con inteligencia el único camino que ya le queda por recorrer.

jack-2Estamos en la Europa denominada civilizada, ya bien entrado el siglo veintiuno, y el panorama que se retrata sobre la despreocupación de los padres de las necesidades, incluso básicas, de sus hijos, resulta desalentador y casi insultante para los que tienen que recorrer barreras y barreras burocráticas, esperar años, además de sobornar en el peor de los casos, para conseguir ese hijo adoptado que se convertirá en el centro de su universo. Al hilo de ello, nos acordamos de la estimable y reciente película de la directora argentina, Daniela Féjerman, La adopción (2015), creemos que injustamente ignorada por crítica y público. En un mundo donde deben primar y priorizarse los derechos de la infancia, la reacción de la progenitora Sanna, gritando con soberbia su pretensión de no tener que renunciar a la compañía de sus hijos, resulta, como mínimo, hipócrita y repugnante, en una madre que no solo los ignora, sino que no les otorga importancia alguna la mayor parte del tiempo, y que le resulta natural su derecho a salir, divertirse, desaparecer durante unos días, sin que le inquiete lo más mínimo el bienestar y paradero de su prole.

Termina la película y aparece, en gran tamaño, el nombre del filme, Jack, con las letras de color blanco y el fondo de la pantalla en un tono negrísimo, reflejo de la grandeza del protagonista y de la siniestra actitud de la mayoría de adultos que le rodean.

Tráiler:

Ficha técnica:

Jack ,  Alemania, 2014.

Dirección: Edward Berger
Guión: Edward Berger. Nele Mueller-Stöfen
Producción: Port au Prince film & Kultur Produktion
Fotografía: Jens Harant
Música: Christoph M. Kaiser. Julian Maas
Reparto: Ivo Pietzcker. Georg Arms. Luise Heyer. Vincent Redetzki. Jacob Matschenz. Nele Mueller-Stöfen

Pilar Roldán Usó

Graduada del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

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