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Intemperie

Benito Zambrano. España, 2019.

Intemperie CartelEl realizador sevillano Benito Zambrano nos emocionó en 1999 con su primer largometraje, Solas. Posteriormente, dirigió Habana blues (2005) y La voz dormida (2011). Acaba de estrenar su último filme, Intemperie, inaugurando la pasada edición del Festival de Valladolid. Sorprende que un autor que ha conseguido tanto reconocimiento en público, crítica y premios, solo haya sido capaz de realizar cuatro películas en dos décadas.  Por declaraciones del mismo Zambrano, achaca la circunstancia tanto a la dificultad de encontrar proyectos como financiación. Para el autor, acabar una obra resulta una tarea ardua y hasta milagrosa. Con Intemperie, Benito Zambrano, en la adaptación de la novela homónima de Jesús Carrasco, se ha interesado por adentrase en el terreno del western crepuscular. Un western hispano que se desarrolla por Andalucía en el año 1946, siete después de la finalización de la Guerra Civil.

Las películas del Oeste agonizantes en un final de género han dejado en la historia cinematográfica, ya desde los años sesenta del siglo pasado, obras de enorme calidad, incluso clásicos inolvidables. Nos acordamos de John Ford y su filme El hombre que mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance, 1962) o Grupo salvaje (The Wild Bunch, 1969) y La balada de Cable Hogue (The Ballad of Cable Hogue, 1970), ambos de Sam Peckinpah; o también las más recientes La puerta del cielo (Heaven’s Gate), de Michael Cimino, en 1980, o Sin perdón (Unforgiven), de Clint Eastwood, en 1992. Tampoco el siglo XXI ha estado escaso de talento en este temática. Pozos de ambición (There Will Be Blood), de Paul Thomas Anderson , o No es país para viejos (No Country for Old Men), de los hermanos Coen , ambas de 2007, entrarían en el elenco. 

Zambrano se ha atrevido a lanzarse a esta piscina con un filme que destaca por su espectacular puesta en escena. El rodaje, realizado en escenarios naturales, convierte al paisaje en otro protagonista y sabe transmitir con intensa veracidad olores, sabores, texturas…; sensaciones diversas que consiguen que el polvo de desierto se meta en los ojos de los espectadores o que las moscas de la pantalla les revoloteen (estas últimas no demasiadas, todo hay que decirlo). Unos parajes que más que a Andalucía, y concretamente a Granada, provincia en la que se rodó la película, nos hace viajar hasta Marruecos o el desierto de Texas. 

Intemperie, fotograma

En las primeras escenas del filme, se aprovecha para mostrar las duras condiciones que soportaban por aquellas fechas los jornaleros. Unos trabajadores rurales que tenían por compañía continua e indeseable el hambre, la miseria, el analfabetismo y el miedo. Debían soportar la violencia de los caciques, a quienes tenían que someterse prácticamente en una situación de esclavitud, malviviendo en cuevas o cabañas. Un mundo embrutecido de maltratos verbales y físicos. La recreación de un panorama desolador en esa España de posguerra cruel y pobre; un universo de señores y siervos. Los primeros con todo el poder, el mando y la fuerza. Los segundos hacinados, rodeados de hijos descalzos, desnutridos y harapientos. Una situación desesperada que solo puede abocar a círculos de dependencia y servidumbre. El señor manda y el siervo obedece y calla, o acaso habla cuando se le amenaza con la pérdida de lo poco que posee. La recreación de todo ello se erige en lo mejor del largometraje.

Son dos los protagonistas de Intemperie. El primero, un crío de doce años, “el niño”, que huye de casa del capataz al haber sido víctima de abusos reiterados. No destripamos nada. Se deduce de las primeras escenas, en las que vemos las cicatrices físicas de un pasado muy reciente. Está interpretado con autenticidad por Jaime López. El segundo protagonista, encarnado por el actor Luis Tosar, se trata de un solitario pastor, alejado de otros seres humanos y despechado por una existencia virulenta de enfrentamientos anormales que crean los ricos y en los que luchan y mueren los pobres para que los potentados continúen mandando. Como reflexiona el propio personaje, hablamos de un pretérito absurdo, de sobrevivientes si hay suerte, repleto de oscuridad y escepticismo. 

Imagen de la película Intemperie

La obra, tras la magnífica recreación inicial de unos años no muy lejanos, se adentra en un filme de aventuras, de persecuciones encadenadas, que prometen más de lo que terminan aportando. Mientras tanto, continuaremos gozando en esa transposición a la pantalla de un mundo crepuscular y decadente, una atmósfera extrapolable a muchos otros lugares. Y no queda sitio para gamas de grises. Únicamente encontraremos blanco y negro en un microcosmos en el que los buenos son maravillosos y los malos unos canallas indecentes. Evidente herencia del cine americano hollywoodiense. 

Si bien las escenas de persecución y caza no perderán protagonismo a lo largo de toda la obra, poco a poco se va a ir dando importancia a la relación entre el niño y el pastor. Un vínculo que derivará en la práctica en una relación cuasi paterno-filial. Y aunque se pretenda llevar el interés del largometraje hacia ese terreno, nos vamos quedando con una sensación de planitud. Parece que a la mesa le falta una pata, que el conjunto del filme precisa más aristas para terminar resultando realmente importante. Y ello a pesar de que entre animales y humanos peores que caballos, perros o cabras, se introducen ciertas reflexiones orales en el personaje de Tosar que pretenden perfilar de un modo personal el desarrollo de la película. Resulta una pena no haber conseguido redondear una obra que destila esfuerzo y cariño de todo el equipo en atmósfera, en actuaciones y en la recreación de una época infame de nuestra historia. Se acierta también en el tono de colores elegido, una paleta que transporta a gamas de pardos y ocres. Una palidez desértica que se empapa espectacularmente con esos páramos sin vegetación, prácticamente sin agua y lo sentimos, parece que transmitiendo poca emoción. 

IntemperieFoto3

Se nos exhiben personajes sucios por fuera, la mayoría también por dentro. Una porquería que genera violencia explícita, aunque por fortuna se ahorren ciertos planos. Coincidimos en su condición de innecesarios. La dureza, la sequedad, la gelidez del ambiente, así como la podredumbre de muchos personajes no necesitan mostrarse más categóricamente. De todas las escenas, nos quedamos con aquella en que el silencio se impone sobre diálogos y reflexiones, el caballo al fondo, el niño de espaldas y el pastor con la mano puesta en el hombro del chico en muestra de consuelo, solidaridad y apoyo. Un momento emocionante en una película cuyo mayor obstáculo es precisamente el alejamiento del espectador. No consigue que entremos de pleno dentro de ella y la vivamos como propia.

En cualquier caso, estamos ante una valiente y valiosa aproximación a un mundo olvidado que, probablemente, no se haya dejado tan atrás. En realidad, Benito Zambrano es un gran profesional que nunca deja indiferente. Esperemos que la inspiración y el apoyo económico le persiga con mayor asiduidad en años venideros. 

Tráiler:

httpv//www.youtube.com/watch?v=c7luKLcVN2s

Ficha técnica:

Intemperie ,  España, 2019.

Dirección: Benito Zambrano
Duración: 103 minutos
Guion: Pablo Remón, Daniel Remón, Benito Zambrano (Novela: Jesús Carrasco)
Producción: Morena Films / Movistar+ / TVE / Áralan Films / Ukbar Filmes
Fotografía: Pau Esteve Birba
Música: Mikel Salas
Reparto: Luis Tosar, Luis Callejo, Jaime López, Vicente Romero, Manolo Caro, Kandido Uranga, Mona Martínez, Miguel Flor De Lima, Yoima Valdés, María Alfonsa Rosso, Adriano Carvalho, Juanan Lumbreras, Carlos Cabra

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