Críticas

Pasado presente

Hasta siempre, hijo mío

Otros títulos: So Long, My Son.

Di jiu tian chang . Wang Xiaoshuai. China, .

Los acontecimientos que nos tocan vivir y las decisiones que tomamos conforme a estos acontecimientos marcan el camino por el que discurrirán nuestras vidas, sin que haya marcha atrás.  Wang Xiaoshuai lo sabe y tal vez por ello la historia de su cine es también la historia de su país, China, con sus estrictas políticas económicas y sociales y una clase obrera a la que nunca se le ha regalado nada. A través de la ficción, este director documenta la realidad social china.

Cuando Wang Xiaoshuai, perteneciente a la llamada sexta generación del cine chino, es entrevistado acerca de Hasta siempre, hijo mío, hace referencia a un proverbio de su país que dice: “Mira hacia adelante y olvida el pasado”, sabiendo que esto no es posible y que lo mejor no es olvidar sino aceptar los hechos ocurridos.

En Hasta siempre, hijo mío encontramos algunos de los temas ya vistos en sus anteriores películas, donde los protagonistas, trabajadores infortunados, luchan por una vida digna que se ve condicionada por las limitaciones impuestas por el férreo  gobierno estatal.   Pero en esta ocasión Wang Xiaoshuai nos cuenta una historia que se extiende más en el tiempo, a través de varias épocas, con todos los cambios históricos y políticos que necesita reflejar con ello. Narra la vida de un matrimonio desde sus primeros años de casados, en los años 80, hasta su vejez, bien entrado el siglo XXI. Un relato marcado por la política de planificación familiar china y la tragedia que supone la pérdida de un hijo.

Sin duda, uno de los elementos más sobresalientes de la película es la narración no lineal que Xiaoshuai hace de los hechos y la maestría con la que es capaz de manejar y dosificar la información, sin dejar nada en el aire, pero manteniendo el interés pese al extenso metraje de la historia. Simplemente, impecable.  Nos hace pensar en el trabajo de un relojero que va engranando de forma milimétrica todas y cada una de las piezas que componen un reloj hasta conseguir que su funcionamiento sea perfecto. Así la historia se nos va revelando poco a poco, como sucede cuando recordamos algún hecho del pasado, que no llega a nuestra memoria de forma ordenada, sino que unos detalles surgen antes que otros y solo a base de seguir recordando y rescatando elementos, logramos armar la narración completa.

Liyun y Yaoyun forman un matrimonio de clase obrera, que trabaja en la misma fábrica y que vive en un modesto bloque de viviendas de propiedad estatal. Tienen un pequeño hijo y son amigos de otro matrimonio obrero que también tiene un hijo de edad similar. Los problemas surgen cuando Liyun queda embarazada de nuevo y se ve obligada a abortar para poder cumplir con “la ley del único hijo” que imperaba en esos momentos en China. A partir de ahí la tragedia les acompañará de una forma injusta, afectando tanto a la familia de Liyun y Yaoyun como al matrimonio amigo. Olvidar o negar los acontecimientos no servirá para remediar las cosas. Solo el tiempo y la aceptación de los mismos harán que todos vuelvan a vivir en paz consigo mismos.

Las malas pasadas que nos puede jugar el destino cuando deseamos algo es uno de los elementos que aparecen de forma constante  en las películas de Wang Xiaoshuai, y sus  personajes se ven obligados a batallar por ello. Pareciera que cuando más desean algo, más imposible se vuelve el conseguirlo. Recordemos el caso de la  La bicicleta de Pekin (Shiqi sui de dan che, 2001) una hermosa cinta que nos cuenta la odisea de un joven campesino para recuperar una bicicleta que necesita para trabajar y que justo pierde cuando acababa de pagarla y convertirla en propiedad suya;  o la de la madre divorciada de In Love We Trust (Zuo You, 2007) que se ve obligada a concebir un hijo, no con su nuevo marido como sería su deseo, sino con su anterior cónyuge, dado que necesita un hermano compatible para su hija enferma de cáncer. En Hasta siempre, hijo mío es el cruel destino el que pone infinitas dificultades para que Liyun y Yaoyun  logren su deseo, importante para ellos y la educación que han recibido, de ser una familia como las demás.

Otra de las particularidades del cine de Xiaoshuai es el uso del espacio, casi siempre reducido y limitado, donde se desarrollan las historias. Nunca su cine ha sido opulento ni ha filmado grandes producciones. Se trata de un cine modesto en términos de producción, que trata  de ser fiel a la realidad y reflejar los pequeños grandes  problemas de sufren aquellos que menos tienen. Así la cámara se mueve en el espacio natural de la clase obrera: casas humildes, habitaciones sencillas, espacios vecinales compartidos, calles estrechas, a veces laberínticas. Se hace poco uso de planos generales que muestren espacios extensos y un horizonte que dé esperanzas. En La bicicleta de Pekín las pequeñas calles de uno de los barrios de la ciudad y las viviendas proletarias son un elemento más de la narrativa. Como también lo es el laberinto de calles donde Liyun y Yaoyun buscan a su hijo adoptado. Hay un momento en Hasta siempre, hijo mío que el director se sirve de un plano abierto, distinto del resto de planos, para narrarnos la escena fatal del río. Una escena trágica que Xiaoshuai, con mucho respeto y elegancia, refiere desde la distancia.

El relato de la vida de Liyun y Yaoyun no puede dejarnos indiferentes,  porque es el  relato de un pueblo humilde, acostumbrado a dar y no recibir, a perder y no ganar. Por ello, el cine de Wang Xaoshui sigue fiel a sí mismo, para no dejar de contar las historias de la gente sencilla.

Tráiler:

 

Ficha técnica:

Hasta siempre, hijo mío  / So Long, My Son (Di jiu tian chang ),  China, .

Dirección: Wang Xiaoshuai
Duración: 2019 minutos
Guion: Mei Ah, Wang Xiaoshuai
Producción: Dongchun Films
Fotografía: Kim Hyun-seok
Música: Dong Yingda
Reparto: Liya Ai, Du Jiang, Zhao-Yan Guo-Zhang, Jingjing Li, Qi Xi, Roy Wang, Wang Jingchun, Cheng Xu, Mei Yong

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