Críticas

Tristeza

Handia

Aundiya. Jon Garaño, Aitor Arregi. España, 2017.

HandiaCartelEl equipo de la película Loreak (2014) vuelve a la realización de largometrajes con una nueva obra,  Handia, en esta ocasión dirigida por Jon Garaño y Aitor Arregi, añadiendo este último, además de su papel como coguionista, el de codirector. En su anterior filme ya nos sorprendieron y cautivaron por su alta delicadeza y sensibilidad. Por fortuna para sus autores, terminó obteniendo el reconocimiento que merecía, aunque tardíamente, con la elección de la película para representar a España en los Oscar. En esta ocasión comparecen con una obra que en un primer momento da la sensación de que se aleja totalmente de los derroteros de la primera. En realidad, ello es puro espejismo, ya que aunque transitemos en lugares o tiempos distintos, las preocupaciones de los responsables del filme continúan siendo las mismas. Así, en ambos nos imbuimos en un ambiente de sentimientos contenidos y de profunda tristeza, en donde el gris existencial cobra elevado protagonismo.

En Handia nos sorprende el ambicioso proyecto que los realizadores se han atrevido a abordar. La película se sitúa en el siglo XIX, desde la década de los treinta a los sesenta. Y desfila por guerras carlistas o la España Isabelina, sin ahorrar viajes por el continente europeo decimonónico. Estamos en una época en donde la fotografía, por su novedad, todavía sorprende (el cine aún tardaría) y esa Europa en ebullición contrasta abruptamente con el mundo rural vasco, cerrado y con una economía de pura subsistencia. Se afrontan universos tan dispersos y diferentes que la ambición podría haber llevado al ridículo. Pero no es el caso, y Jon Garaño y Aitor Arregi consiguen conformar con acierto una obra que, cuanto menos, enternece. Además, logran imprimir un sello personal sin necesidad de la utilización de grandes artificios cinematográficos, una mirada propia cuya visión altera el ánimo del espectador.

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La película aborda el trastorno del gigantismo, esa enfermedad hormonal que produce  el crecimiento desmesurado del cuerpo humano. Pero ello es una pura anécdota a los efectos conseguidos, pues se podría haber utilizado cualquier característica que diferenciara a alguien de la generalidad de humanos, provocando con ello el asombro y la extrañeza, hasta llegar al espectáculo sombrío. Si nuestro protagonista en Handia, Joaquín, padece ese trastorno, en El hombre elefante (The Elephant Man, 1980), del director David Lynch, su desgraciado protagonista, John Merrick, lo que posee es la cabeza terriblemente deformada. En ambos casos estamos en el siglo XIX, parece que se tratan de hechos sucedidos realmente, y provocan la misma reacción en los afectados y en el resto de humanos. Estamos hablando de humillación para los primeros, para los que sufren el defecto, y de algarabía y jolgorio para los segundos, para los que se creen superiores y no son más que vulgares. Mera cuestión numérica.

Hay un momento importante en el filme que nos ha llevado directamente a la magnífica película de Alan J. Pakula, La decisión de Sophie (Sophie’s Choice, 1982). Nos referimos al diabólico instante en que debemos elegir la suerte, o más bien la desdicha, de uno de nuestros hijos, decidiendo cuál de ellos deberá seguir el camino de la adversidad. Y no se pierdan los recovecos en donde puede refugiarse la memoria para poder seguir adelante.

Nos encontramos frente a una puesta en escena seca, directa y austera. Con breves detalles y desnudez de elementos, nos percatamos plenamente de rencillas arrastradas, sueños imposibles y amores dados por perdidos. La conexión con las raíces, la memoria y la naturaleza están fantásticamente retratadas con la fotografía de Javier Aguirre y mágicamente envueltas con la música de Pascal Gaigne. Ambos profesionales repiten tras la aventura de Loreak. Estamos ante una forma que podemos nombrar de sencilla en elaboración de imágenes, que en ningún caso debe confundirse con simpleza o con falta de atención en los detalles. Por el contrario, la película resalta por su cuidada estética y especial esmero con todos sus elementos.

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No queremos pasar por alto la relación que se establece entre hermanos, en este caso entre el menor en edad pero no en altura física y su hermano mayor, Joaquín y Martín. Austeramente interpretados por Eneko Sagardoy y Joseba Usabiaga, sentimientos soportados y reprimidos se adueñan de sus comportamientos. Celos, rencillas, envidias… Distintos modos de ver y enfrentarse a un mundo que no ha tenido en cuenta sus particulares intereses a la hora de otorgar cualidades.

Parece que estemos frente a una historia del pasado, de leyendas o mitos que a lo mejor sí sucedieron de verdad. Pero no hay que olvidarse de lo más importante y de lo que en realidad adquiere mayor peso. Y esa circunstancia no es otra que la alegoría que tiene que establecerse entre el drama de ese gigante de Altzo que debe recorrer media Europa exhibiéndose como un monstruo y el espanto que soportan en la actualidad aquellos que no pueden circular por dicho continente con libertad; sí, todos aquellos que se quedan al otro lado de la frontera, al ser considerados también diferentes. Y ya puestos a hablar de “diferencia”, encontramos muy atinada la reflexión sobre el poder del dominante, que llega a considerar anormal o retrasado a quien no sigue sus propias normas, léase costumbres, tradición, religión o idioma. Qué mejor ejemplo que el encarnado en el filme por la reina Isabel II.

Muchas veces nos hemos preguntado las razones por la que los hombre o mujeres acuden a las guerras. No encontramos motivo alguno que pueda llevar a utilizar la violencia para la defensa de cualquier principio o interés, sea el que fuere. Muy lejos se quedan las formas de reclutamiento carlistas de los entusiastas alistamientos en el ejército que nos tiene acostumbrados el cine norteamericano. ¿Por qué estamos luchando? Una pregunta universal que debe dejar honda huella si se la cuestiona cualquier soldado en el campo de batalla.

Jon Garaño, Aitor Arregi y todo el equipo de Handia nos ofrecen una magnífica obra que hasta destila poesía. En esta ocasión, han tenido mejor fortuna en lo que puede repercutir en su recorrido, al haber obtenido el Premio Especial del Jurado en el último Festival de San Sebastián.

 

Tráiler:

Ficha técnica:

Handia (Aundiya),  España, 2017.

Dirección: Jon Garaño, Aitor Arregi
Duración: 114 minutos
Guion: Jon Garaño, Aitor Arregi, José Mari Goenaga, Andoni de Carlos
Producción: Irusoin / Kowalski Films / Moriarti Produkzioak
Fotografía: Javier Aguirre
Música: Pascal Gaigne
Reparto: Joseba Usabiaga, Eneko Sagardoy, Ramón Agirre, Iñigo Aranburu, Aia Kruse, Iñigo Azpitarte

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