Críticas

El horror como chiste sin gracia

Exorcismo en el Vaticano

The Vatican Tapes . Mark Neveldine. EUA, 2015.

Exorcismo-cartelHay ocasiones en las que me gustaría acabar una crítica en un par de frases, que son más que suficientes para que todos nos entendamos. Pero, resulta, que uno aspira a cierto aire profesional, y no queda más remedio que dar explicaciones sobre la postura tomada respecto a ciertos productos fílmicos que, por otra parte, no merecen ni el esfuerzo ni su tiempo, querido lector o lectora. Así las cosas, en los próximos párrafos, me dedicaré de una forma implacable a intentar, por todos los medios, que se convenzan de la esencia de Exorcismo en el Vaticano como una basura deleznable.

La película cuenta detrás de la cámara con un viejo conocido en esto de los desvaríos cinematográficos, aunque hasta ahora contaba con un compinche con el que repartir las culpas. Mark Neveldine formó junto a Bryan Taylor un dúo gamberro y exagerado que se dio a conocer con la excesiva Crank, protagonizada por la estrella del cine de acción Jason Statham. Sus maneras poco elegantes y el manejo del disparate que estaba perpetrando la pareja de directores hizo que, de primeras, riéramos la gracia. Participamos de forma cómplice en aquella broma rodada sin ningún pudor y con muchas ganas de divertirse; consiguieron que todas esas cosas que hacían de Crank un auténtico insulto al arte de hacer películas quedase sepultado por la sorpresa y el extraño humor negro que destilaba la propuesta. Lo que ocurre es que un chiste puede funciona una vez, o dos como mucho, y Neveldine y Taylor se acomodaron en los excesos, que ni divertían ni escandalizaban una vez visto el conejo en la chistera.

Mark Neveldine se estrena ahora en solitario con este Exorcismo en el Vaticano, una película que es otra piedra en el camino del género de horror, cayendo en todos los clichés imaginables y sin la mínima aportación o novedad, más allá de la pérdida de la valiosísima hora y media que dura el asunto; un tiempo que jamás recuperarás, y que podría haber dedicado a cosas productivas, como, por ejemplo, comprobar si han crecido las uñas de sus pies, querido lector. Volvemos al trillado camino de las posesiones demoníacas, paso a paso hacia la nada, en una historia tan insustancial como carente de valor estético o argumental, en un subgénero en el que ya se ha dicho casi todo. Desde la seminal El Exorcista, la llegada de las fuerzas el mal escondidas en una cándida jovencita ya ha tomado todas las formas posibles, me temo, y con notables ejemplos de buen cine, como Requiem (Hans-Christian Schmid, 2006). Parece que para ciertos productores nunca hay fin, y la fórmula facilona se alía con la falta de escrúpulos para resultados tan nefastos e indignantes como este enésimo aburrimiento malsano a costa de los miedos apocalípticos de turno. El género de terror es fundamental para el entendimiento de la historia del cine, pieza clave del séptimo arte y motivo por el que se han rodado excelentes películas, algunas clásicos totales del cine. Sin embargo, desde hace años, apenas salvamos un par de cintas de la cantidad de películas innecesarias, rodadas con la única intención de robar el dinero a los incautos adolescentes de turno, en busca de emociones fuertes. Por lo tanto, no es ya que Exorcismo en el Vaticano sea una película mala; es indignante, indigesta e insultante.

La protagonista de Exorcismo en el VaticanoNo hay nada en esta película capaz de establecer el mínimo vínculo cómplice con el espectador. Visualmente, asistimos estupefactos a una absurda amalgama de ideas inconexas, un quiero y no puedo que sitúa a este bodrio entre la inoperancia pretenciosa y la broma de mal gusto. Imágenes que pretenden recordar al sobre explotado found footage se mezclan con el delirio visual característico de Neveldine, que además se muestra totalmente domesticado, un pez fuera del agua que no entiende el género elegido y se deja arrastrar por la corriente. Si hubiese apostado por el gamberrismo marca de la casa, y las carencias argumentales se hubiesen suplido con el humor negro de otras ocasiones, quizá, por lo menos, hubiésemos tenido una película olvidable, pero llena de esa maldad cómica que la convertiría en un placer culpable. Pero no. Hay mucha falta de amor por el producto final, ninguna gana de hacer algo decente que respete un mínimo al espectador. Al final, Exorcismo en el Vaticano parece un chiste horrible, cuyo narrador se ha dado cuenta a mitad de la broma que, efectivamente, no tiene ninguna gracia y ya no queda otro remedio que tirar hacia delante de manera casi suicida.

Exorcismo-SacerdotesLos personajes aparecen en la película como si alguien los hubiese lanzado con furia en su línea argumental, aportando el mínimo, sin ningún pudor en su constante referencia a los elegantes y carismáticos protagonistas de los mencionados éxitos infernales, como la citada El Exorcista. Cada giro es más estúpido que el anterior, el trasfondo de los personajes es tan increíble que te sientes insultado por ese sinvergüenza que tiene el valor de llamarse a sí mismo guionista y cobrar por su trabajo. Cuando llega el momento de sacar la artillería pesada, Neveldine se pierde por completo. Podría haber sido más hábil y consecuente, tomado el camino de la carcajada camuflada tras el inocuo susto de baratillo mil veces visto. El problema es que todo el mundo se toma en serio Exorcismo en el Vaticano, impregnados de una insana e incomprensible fe en que alguien pasará por el aro en la sala de cine. Aturdido por la desesperante incongruencia entre pretensiones y ganas de hacer una película, al final, Exorcismo en el Vaticano se desmarca con la extraña explosión de proselitismo católico, al dar una entidad a los aguerridos sacerdotes del lugar que ríase usted de SHIELD.

Delirante.

En fin, avisados están. Ahora, ya todo depende de sus conciencias, y de sus tragaderas. Yo me voy a regalar un maratón de monstruos de la Universal, por respeto a un género que amo, y no hace más que recibir bofetadas.

Tráiler:

Ficha técnica:

Exorcismo en el Vaticano (The Vatican Tapes ),  EUA, 2015.

Dirección: Mark Neveldine
Guión: Chris Morgan, Christopher Borrelli
Producción: H2F Entertainment / Lakeshore Entertainment / Lionsgate
Fotografía: Gerardo Mateo Madrazo
Música: Joseph Bishara
Reparto: Michael Peña, Olivia Taylor Dudley, Dougray Scott, Kathleen Robertson, Djimon Hounsou, John Patrick Amedori, Michael Paré, Daniel Bernhardt, Tehmina Sunny, Bruno Gunn, Peter Andersson, Noemi Gonzalez

Santiago Negro

Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

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