Reseñas 

En la mente de un genio: Stanley Kubrick aterriza en Barcelona

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«Si se puede escribir, o pensar, se puede filmar”. Con esta rotunda frase, el CCCB (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona) nos da la bienvenida a una de las exposiciones más exhaustivas sobre la vida de un genio del séptimo arte, Stanley Kubrick.

La muestra exhibe cronológicamente toda la vida del artista; desde sus inicios como fotógrafo en la prestigiosa revista Look, donde se retrata, en su mayoría, bellas instantáneas de la ciudad de Nueva York hechas con una sensibilidad expresiva destacable, pasando por sus primeros cortometrajes y experimentos noveles con la cámara; rarezas dedicadas casi exclusivamente a filmar combates de boxeo, terminando por su último estreno mundial: Eyes Wide Shut (1999), polémico filme sobre el deseo y las desestabilidades emocionales de un matrimonio en crisis. No faltan aquellos proyectos que estaban en la mente del autor y que finalmente no llegaron a ver la luz, como la película (A.I.) Inteligencia Artificial, que llevaría Steven Spielberg a la gran pantalla años más tarde o Napoleón, proyecto en el cual advertimos una colosal documentación del propio Kubrick, en el que cifran más de quince mil fotografías exclusivamente para localizaciones, así como innumerables lecturas biográficas sobre el emperador francés.

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Cada una de las habitaciones de la exposición se detiene minuciosamente en sus doce filmes, agregando escenas extra de la propia película, storyboards, guiones, fotografías, entrevistas, archivos y attrezzo original. En una de las salas nos encontramos con la icónica hacha con el que Jack Torrance destroza la puerta en la mítica escena de El Resplandor (The Shinning, 1980), o el distinguido casco con el lema “Born to kill» de la antibelicista película La chaqueta metálica (Full Metal Jacket, 1987), así como el famoso objetivo Zeiss de alta velocidad que el director utilizó en Barry Lyndon (1975) para grabar a la luz de las velas, o el auténtico disfraz de hombre mono en su más consagrada película, 2001: Una odisea del espacio (2001: A Space Odissey, 1968).

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Cuando uno se ve sumergido dentro de la mente del director, se da cuenta (si es que no lo había hecho ya con sus filmes) de la meticulosidad y la obsesión que había en cada una de sus obras; desde su primer trabajo, Miedo y deseo (Fear and Desire, 1953), obra que maldecirá el autor durante toda su vida, ya se aprecia un especial cuidado y atención a la fotografía y a la puesta en escena. La espectacular complejidad que resultó filmar Espartaco (Spartacus, 1960), demuestra el infatigable talento del director para dirigir. Su preocupación por la condición humana y la polémica que siempre le perseguirá por haber hecho filmes como La naranja mecánica (A ClockWork Orange, 1971), así como un pintorreado y esquemático planning de trabajo de los días de rodaje en Senderos de Gloria (Paths of Glory, 1957) nos permite darnos cuenta del enorme tiempo y trabajo de investigación y dedicación previos que había en la preproducción de una obra kubrickiana.

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Advertimos otras curiosidades no menos importantes, como la repetida correspondencia entre el director y Vladimir Nabokob para adaptar la obra literaria de este a la gran pantalla con Lolita (1962) o la milimétrica representación a pequeña escala de la sala de negociaciones de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (Dr. Strangelove, or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bom, 1964). La fijación y constancia por la perfección queda impregnada en cada una de sus obras, y demuestra una personalidad tan imperante que, pese a involucrarse en géneros cinematográficos muy diferenciados, como la comedia, el terror o la ciencia ficción, su alma se mantiene intacta e inalterable.

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La exposición es reveladora, pues enseña el enorme y colosal trabajo que se esconde detrás de cada obra cinematográfica. Toda esa disciplina, amor y constancia han dejado para el recuerdo inmortalizadas películas de un nivel superior, llegando a una calidad profesional digna de ser estudiada. Entregado totalmente a esa meticulosidad enfermiza por el detalle y que, sin embargo, quería que el espectador la aceptase, no como sesudas historias metafísicas, sino como obras de expresión sensorial que simplemente conectan y llegan al alma. He aquí el trabajo y el pensamiento de uno de los mejores directores de la historia del cine.

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