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El Ministerio del Tiempo

Cartel de la serie El Ministerio del Tiempo

Hace poco una puerta se cerró, tal vez definitivamente. A ello por lo menos parece apuntar el último capítulo de la tercera temporada de El Ministerio del Tiempo (EMT). Con este cerrojazo, quizá por datos de audiencia, quizá por el gasto que suponía para la televisión estatal, o por todo ello y más cosas que se desconocen, también se clausura una de las series más valientes, inteligentes y entretenidas que ha poblado la televisión en abierto y en concreto la propia Televisión Española.

A lo mejor era el momento para dar carpetazo a la serie. Porque por mucho que nos gusten, alguna vez terminan, es bueno y necesario. Lo peor han sido las formas y el maltratado horario de esta última temporada, propiciado por quien la dio una oportunidad para nacer y triunfar.

Para los no iniciados o esquivos, El Ministerio del Tiempo presenta a una institución gubernamental secreta encargada de proteger los viajes temporales y evitar su utilización para cambiar los acontecimientos y la historia. Estos viajes se realizan a través de unas puertas que trasladan a quien las traspasa a otras épocas, siempre en el pasado. Las patrullas del Ministerio son las que se ocupan de que todo permanezca tal y como lo conocemos.

Esta serie, más fantástica que de ciencia ficción (aunque los géneros podrían ser más amplios gracias a los viajes en el tiempo), se atreve a hablar del pasado de España, de su historia, en constante polémica. Es una herramienta didáctica para el espectador al que acerca a acontecimientos o personajes, alguno hasta olvidado, y que ha llegado incluso a saltar a las aulas de colegios e institutos. Su tratamiento huye de ensalzar el chovinismo hispano. Opta por un proceder más sutil y maduro, llegando en ocasiones a la desmitificación: un proceso sano en una sociedad madura y formada, cura de fanatismos e irracionalidades.

Fotograma de El Ministerio del Tiempo

Pero no solo se vive del pasado. Tal vez la mejor característica de EMT sea el equilibrio, conjugando costumbrismo con la actualidad , sin olvidarse de construir un relato global accesible a todo el público. De ahí que se cuente, y bien, la historia particular de un país, aunando la cultura popular o las chanzas propias e incorporando además guiños cinematográficos, literarios, televisivos o incluso autorreferenciales.

Piezas claves resultan el espectador, al que la serie reconoce inteligencia y protagonismo, y el humor lejos de la risa fácil y de lo chabacano, algo que siempre parece tener el beneplácito de las cadenas españolas en abierto. Por estas razones EMT acumula devotos seguidores, dentro y fuera de la pequeña pantalla, muy activos en el mundo virtual.

Pablo y Javier Olivares, sus creadores, ofertaron algo diferente, nuevo, trabajado y enfocado de otra manera, una obra de calidad mejorada, gracias a una notable inyección económica en la segunda y tercera temporada. Cabe loar aspectos varios, desde la elección de los actores hasta la caracterización, y otros elementos técnicos muy logrados sin tener abultado presupuesto. Mención especial merece la segunda temporada, tanto por la calidad de la trama como por el desarrollo de los personajes. Es verdad que también hay carencias y errores de los que elijo destacar la ausencia de algún capítulo de la historia más reciente de España.

EMT alguna vez recuerda, con distancia y salvando anacronismos, a uno de sus personajes: el soldado que batallaba en Flandes para gloria del Imperio Español, al que nunca se le pagó a tiempo, que fue valiente en su lucha y poco reconocido por la monarquía y la nobleza, los mismos que se aprovecharon de sus esfuerzos, su patriotismo y su entrega. Algo así le ha pasado a El Ministerio del Tiempo, una obra por la que se apostó fuerte y que en el final ha sido con injusticia maltratada, pero a cuyas espaldas sigue un gran puñado de espectadores fieles, muchos entusiastas, que le reconocen su labor y originalidad. Y estos últimos son sus mejores compañeros en la batalla. Honor y reputación.

Una respuesta a “El Ministerio del Tiempo”

  1. Sólo vi el primer capítulo de la primera temporada, ya que aquí en Argentina fue muy difícil conseguir verla. La idea es muy original, la serie habla particularmente de hechos históricos de España que por estos lares desconocemos por completo (aunque nunca viene mal aprenderlos), razón por la cual quise seguir viéndola pero me vi imposibilitado de hacerlo! Después investigaré si puedo continuarla!
    De paso agrego que es una excelente idea para replicarla con hechos históricos de cada país (aquí Mario Pergolini -creador de CQC- y el historiador Felipe Pigna produjeron una serie docu-ficción de diez capítulos sobre la historia de nuestro país, llamada “Algo habrán hecho”, se puede ver en Youtube, aunque era diferente a EMT, ya que como decís, EMT se acerca más a la fantasía que a la ficción).

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