Críticas

La dictadura de la provocación

El dictador

The Dictator. Larry Charles. EUA, 2012.

Cartel de la películaEl dictador es, hasta la fecha, la tercera colaboración entre el polifacético Sacha Baron Cohen y el director Larry Charles, quienes, desde Borat (Borat: Cultural Learnings of America for Make Benefit Glorious Nation of Kazakhstan, 2006), han optado por un cine basado en la incorrección política y en una sucesión de gags que rozan el absurdo. La misma fórmula empleada en Borat, en la que utilizaron cámara oculta y mucha improvisación para rodar algunas escenas, convertía algunas partes de la película en auténticos happenings. Lo mismo ocurría en Brüno (2009), donde la incorrección política se elevaba hasta niveles nunca antes vistos en cine comercial. Con El dictador, en cambio, han repetido la fórmula, pero no han llegado a los mismos niveles de exceso y provocación.

Aladeen sin barbaEn esta ocasión, Larry Charles y Sacha Baron Cohen se enfrentaban a una producción mucho mayor, que requería menos improvisación y mucha más planificación, lo que, a la larga, ha acabado por constreñir demasiado el proyecto, que, no obstante, sigue en la misma línea de incorrección política, sin dejar títere con cabeza ni tabú por tratar. El dictador es una sátira política al más puro estilo Sacha Baron Cohen, pero, en un tema en el que el actor podría haberse desmelenado sin límites, al final ha obtenido un producto relativamente convencional, mucho más digerible que Borat o Brüno, aunque el esquema argumental sigue siendo el mismo: un intruso en Estados Unidos, lo que permite mostrar el choque cultural en todo su esplendor.

Lo más curioso es que el General Almirante Aladeen (Sacha Baron Cohen), dictador supremo de Wadiya, un país norteafricano, ha resultado mucho más escandaloso y provocador en las entrevistas que ha concedido y en sus apariciones públicas que en la propia película. Eso no ha impedido que El dictador se haya convertido en la comedia del verano en España, al menos hasta que se ha estrenado Ted (Seth McFarlane, 2012).

Sacha Baron Cohen es AladeenLos personajes anteriores de Baron Cohen eran periodistas y modelos, pero Aladeen, en cambio, es un dictador de manual, que echa de menos a los grandes tiranos del pasado. El género de la sátira política, además, cuenta en el cine con algunos títulos de tanto peso que resulta difícil la comparación: ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú (Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, Stanley Kubrick, 1964), ¡Que vienen los rusos! (The Russians Are Coming, the Russians Are Coming, Norman Jewison, 1966) e incluso la denostada 1941 (Steven Spielberg, 1979). Ahora bien, la obra de referencia es El gran dictador (The Great Dictator, Charles Chaplin, 1940), pero Aladeen se parece más al protagonista de una comedia gamberra como El príncipe de Zamunda (Coming to America, John Landis, 1988) que al inolvidable Hynkel.

Ben Kingsley es TamirEl dictador cuenta con dos partes bien diferenciadas: en la primera, encontramos la presentación del personaje y su vida como sátrapa en Wadiya, mientras que, en la segunda, se produce el viaje a Nueva York, a instancias de Tamir (Ben Kingsley), consejero y tío de Aladeen, para asistir a una cumbre de las Naciones Unidas. En ese momento, Aladeen tiene que enfrentarse a una conspiración que trata de apartarlo del poder y debe vivir como un inmigrante más en la Gran Manzana. Una joven activista, Zoey (Anna Faris), se convierte en su protectora y lo pone a trabajar en su tienda de comercio justo.

Anna Faris es ZoeyLa película es, desde luego, una disección de nuestra propia sociedad –y, sobre todo, de la americana– desde el punto de vista de un dictador árabe, no muy distinto a otros con los que Occidente, en ocasiones, se ha aliado por razones estrictamente económicas. La mayor provocación de todo el film es, sin duda, la dedicatoria inicial al fallecido Kim Jong Il, el dictador norcoreano.

No hay tabú con el que Sacha Baron Cohen no se atreva. Su carrera, tanto en televisión como en cine, es muy interesante y, si bien sus proyectos más personales en este último medio han sido Ali G anda suelto (Ali G Indahouse, Mark Mylod, 2002) y las ya mencionadas Borat y Brüno, no convendría olvidar los magníficos papeles secundarios que ha interpretado en títulos como Pasado de vueltas (Talladega Nights: The Ballad of Ricky Bobby, Adam McKay, 2006), Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet (Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street, Tim Burton, 2007) o La invención de Hugo (Hugo, Martin Scorsese, 2011). Sacha Baron Cohen es, además, quien le pone voz al rey Julien en las tres entregas de Madagascar (2005, 2008, 2012). Aunque El dictador no sea una película genial, creo que Sacha Baron Cohen sí es un auténtico genio, y el director, Larry Charles, se ha curtido en algunas de las más prestigiosas series de la televisión, como Seinfeld, Loco por ti o Curb your Enthusiasm.

Zoey paga la fianza de AladeenEl dictador es una película que se queda corta porque, con el tema del que partía y viniendo de quien viene, podía haber llegado a cotas mucho más altas de incorrección política y sátira social, pero, de todas maneras, no está nada mal para un producto comercial que viene de una major. Lo mejor de todo es que Aladeen nos enseña a reírnos de nosotros mismos, y eso siempre ayuda a ser más tolerantes. No es poco.

Trailer:

Ficha técnica:

El dictador (The Dictator),  EUA, 2012.

Dirección: Larry Charles
Guion: Sacha Baron Cohen, Alec Berg, David Mandel y Jeff Schaffer
Producción: Sacha Baron Cohen, Peter Baynham, Alec Berg, Anthony Hines, Adam McKay, Scott Rudin, Jeff Schaffer, Mari-Jo Winkler
Fotografía: Lawrence Sher
Música: Erran Baron Cohen
Reparto: Sacha Baron Cohen, Ben Kingsley, Jason Mantzoukas, Megan Fox, Anna Faris, John C. Reilly

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