Críticas

A vueltas con el derecho a decidir

Desmontando la muerte

Germán Roda. España, 2016.

DesmontandolamuerteCarteEl realizador granadino Germán Roda, autor de cortos y más recientemente de largometrajes, tanto de ficción, como El encamado (2012), o de carácter documental con Juego de espías (Canfranc-Zaragoza-San Sebastián) de 2013, participó en el Festival de Valladolid del pasado año también con un largometraje documental, Desmontando la muerte. En el mismo, no solo se acerca, sino además consigue que se reflexione con profundidad y emoción sobre un tema tabú en las sociedades actuales, el referido en el propio título.

Los recursos cinematográficos utilizados por el director son diversos, entre ellos, entrevistas a personas implicadas profesional o personalmente con el asunto (aunque pretendamos ignorarlo, todas y todos lo estamos o lo estaremos de la segunda manera). También se reúnen actuaciones en vivo de grupos de teatro o seres humanos que ya no están entre nosotros y que seguimos recordando y hasta necesitando, como José Antonio Labordeta, cantautor, escritor y político aragonés, fallecido en 2010. E igualmente se maneja un mecanismo que singulariza el filme: la inclusión del rodaje de otra película, la del director Norberto López Amado, del filme de ficción La decisión de Julia (2015). Precisamente, López Amado es copartícipe del guion de Desmontando  la muerte, junto con Germán Roda. En La decisión de Julia, protagonizada por Marta Belaustegui y Fernando Cayo, con un austero blanco y negro, una mujer se instala en la habitación 216 de un céntrico hotel madrileño, donde dos décadas atrás tuvo una experiencia que no ha olvidado, mientras espera una visita definitiva y va recordando su pasado en amor, dolor y soledad. No en vano, se utiliza en el documental de Roda y en su tráiler imágenes de la Gran Vía madrileña, concretamente del edificio La Adriática, rodeado de hoteles, y que cuenta en la escultura de su puerta con una inscripción en el libro sostenido por el León de San Marcos, la de “Pax tibi Marce, evangelista meus” (“La paz esté contigo, Marco, evangelista mío”), asociado en la tradición cristiana a un ángel que anunció al apóstol dónde descansaría y sería venerado su cuerpo.

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Combinando los diferentes registros con un ritmo ágil pero sereno y muy sentido, nos acercamos a testimonios diversos. Entre ellos, quienes han sufrido la impensable pérdida de un hijo, periodistas especializados o directores de revistas, cuyo propio nombre no necesita mayor explicación sobre su contenido: La muerte. Igualmente se entrecruzan sentimientos infantiles expresados con inocencia. Así, conocemos la opinión sobre la eutanasia de la conocida periodista Nieves Concostrina, que fue directora y presentadora del inapreciable espacio Polvo eres en Radio 5 Todo Noticias, además de haber creado o colaborado con otros programas sobre el tema del  final sin retorno. No extrañará que también haya sido redactora jefa de la revista Adiós. Precisamente el director de la publicación, Jesús Pozo, también expresa su opinión en el documental, así como el escritor del libro La hora violeta, Sergio del Molino, conmovedor relato sobre la pérdida de su hijo Pablo por leucemia, a la que se suma la voz y sentimientos de la madre, la periodista Cristina Delgado; o la existencia del cantautor Labordeta en el recuerdo de su viuda, Juana de Grandes. Y tampoco faltan profesionales de la medicina. Todos ellos van desfilando ante la cámara con manifestaciones que desprenden gran entereza, en posiciones firmes y muy meditadas o experimentadas.

En realidad,  no estamos hablando de la muerte, sino del paso hacia la misma y del derecho básico y primordial de todo ser humano en elegir como realizar ese tránsito, si tiene la oportunidad de ello. No se les escapará que nos encontramos ante un tema muy peliagudo, no solo por la inevitabilidad u ostracismo de la experiencia, momento prácticamente escondido en la opacidad de una sociedad (la occidental), entregada al consumismo y a la búsqueda del placer inmediato.

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El recorrido cultural que se hace de ese tránsito en la película de Germán Roda no es extenso pero sí muy escogido. Ya se ha nombrado la obra de Sergio del Molino, y también cobra protagonismo el director del documental suizo  Exit: le droit de mourir, de Fernand Melgar (2005). Precisamente, Exit se corresponde con una de las asociaciones que ofrecen asistencia al suicidio en Suiza, país que cuenta con una de las legislaciones más permisivas con respecto al derecho a morir dignamente. Y la película de Melgar retrata el trabajo de esta organización, tomando como personaje central a su presidente. Además, se interesa por las personas anónimas que prestan ayudas desinteresadas para colaborar en el proceso. Precisamente, estas últimas personas también tienen su hueco en el filme Desmontando la muerte, como los pertenecientes a la asociación DMD (Derecho a Morir Dignamente), con la voz e imagen de su director en Aragón, José Luis Trasovares.

Sin miedo y olvidándose de que el fiscal de turno puede andar al acecho, las almas de los intervinientes en la película se van abriendo y relatan experiencias personales, que sí o sí, les marcarán de por vida. Tampoco faltan argumentos jurídicos acerca de la dignidad humana y el derecho a decidir nuestro propio futuro como individuos. Si parece que no tenemos claro ese derecho con respecto a una colectividad, imagínense los problemas que pueden surgir cuando hablamos de personas en la tesitura del último paso, y las religiones no solo enseñan sus garras e intentan orientar en el delicado asunto, sino que, por supuesto, como en casi todo, pretenden imponer su propia moralidad al conjunto. Además de intentar dirigir vidas, concentran  esfuerzos en marcar nuestras muertes, y si encima sacan beneficio económico con ello, qué les vamos a contar. Y el largometraje no se olvida de ofrecer testimonio (escaso, eso sí), procedente de la bioética o la teología, de algunos que pueden enseñar sus cruces pero ponen remilgos a los velos femeninos, que además, soportan en su propia casa. Pura hipocresía.

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Se llega a divagar en el filme sobre la existencia en el estado español de una Constitución laica, la que permanece en vigor desde 1978. Lamentablemente, ya nos gustaría, no estamos ante una norma de ese carácter, aunque se pretenda desde ciertos ámbitos. Dicha laicidad queda en puro espejismo en una Carta Magna aconfesional, que no es independiente de cualquier religión, sino que únicamente se declara como no perteneciente a alguna en concreto. Tampoco pierde el tiempo en primar a una de ellas, a la Iglesia católica, organización beneficiada con excelsas ayudas y subvenciones directas o indirectas, muchas procedentes de acuerdos preconstitucionales que se perpetúan por el miedo de políticos grises y acomodados a perder votos que les alejen de ese mundo que se han creado y sostenido.

Cambiando de registro, jamás habíamos establecido conexión alguna entre el serbio Emir Kusturika y la muerte; su cine, su vitalidad,  más bien lo asociábamos con la vida, esa que se desarrolla alocadamente y de forma surrealista. Pero sí, a lo mejor el secreto se encuentra en asumir lo inevitable con humor y ruido, todo el necesario.

Hemos encontrado sobrecogedoras las declaraciones de aquellos que consiguen verbalizar el distanciamiento que el sufrimiento, por la experiencia en muertes de seres muy cercanos, les ha originado con respecto al resto de humanos. Hay una pensamiento contenido en el filme que nos sigue golpeando sin contemplaciones: “El dolor te hace peor persona”, muy lejos de aquellos mensajes bienintencionados acerca de la purificación a través del mismo. Un divorcio, el despido laboral o ña quiebra de la propia empresa puede resultar totalmente insustancial cuando se padece el deceso de aquellos a quienes amábamos sin fisuras.

Y no nos olvidamos de las sinceras y entregadas interpretaciones y declaraciones de los protagonistas de La decisión de Julia, Marta Belaustegui y Fernando Cayo. E impagable la introducción de la explicación en la infancia, cuando se comprende perfectamente que jamás dejarías sufrir así a tu perro, y por asociación, la postura que adoptarías con tu padre.

Con la obra de Germán Roda nos encontramos ante una película dura, que por supuesto, ni se ha visto ni se le espera en salas comerciales. Y para acabar el largometraje y este artículo,  lo hacemos con su final, que se mantiene a tono en calidad con el resto del filme: qué mejor que hacerlo con la emocionante “no despedida” de José Antonio Labordeta.

Tráiler:

Ficha técnica:

Desmontando la muerte ,  España, 2016.

Dirección: Germán Roda
Duración: 70 minutos
Guion: Germán Roda, Norberto López Amado
Producción: Patricia Roda, Jaime Fontán. Productora Estación Cinema, Aragón TV
Fotografía: Álvaro Amador
Reparto: Norberto López Amado, José Luis Trasovares, Jesús Pozo, Fernand Melgar, Nieves Concostrina, Emilio González, Manuel García, Marta Belaustegui, Fernando Cayo, Sergio del Molino, Cristina Delgado

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