Críticas

¿Determinismo?

Deseos humanos

Human Desire. Fritz Lang. EUA, 1954.

DeseosHumanosCartelFritz Lang dirigió Deseos humanos tras Los sobornados (The Big Heat). Volvió a introducirse en el universo del cine negro, con los mismos protagonistas que en el filme anterior y con la esperanza de que el éxito que obtuvo con  dicha película volviera a repetirse. Pero el público es caprichoso y no le otorgó la misma acogida. Este nuevo largometraje está basado en una novela de Émile Zola, concretamente La bestia humana. Y no fue la primera vez que se pretendió llevar al cine. Jean Renoir hizo una magnífica adaptación en 1938 (La bestia humana, La bête humaine). El título que terminaron imponiendo a Lang en su adaptación nunca fue de su agrado al considerarlo redundante (¿es que todos los deseos no son humanos?). Pero además de la denominación, el realizador austriaco y su guionista, Alfred Hayes, aparte de otras facetas de indudable importancia, se apartaron de sus precedentes literarios y cinematográficos en un hecho fundamental: en el determinismo. Si las obras anteriores consideran que el destino ya está escrito y resulta infructuoso batallar contra nuestros instintos, Deseos humanos deja la posibilidad de elegir a sus protagonistas. 

Jeff Warren (Glen Ford) acaba de regresar de la Guerra de Corea tras tres largos años. Es maquinista de ferrocarril y se reincorpora a su antiguo empleo. Está soltero y va a alojarse en el hogar de Alec Simmons, un compañero de trabajo. Allí viven, además de Alec, su mujer y su hija Ellen, una joven agraciada que se ha convertido en adulta mientras Jeff estaba ocupado disparando a asiáticos. Jeff es un hombre amable, amigo de sus amigos, de buen humor y con muchas ganas de reintegrarse a su antigua existencia, olvidando padecimientos bélicos. En cualquier caso, no parece que la guerra le haya dejado huellas indelebles. Pretende trabajar, pescar, ir al cine… En definitiva, llevar una existencia tranquila sin preocupaciones adicionales. Pero sus deseos van a chocar con un grave inconveniente con nombre de mujer. En su camino se va a interponer Vicki Buckley (Gloria Grahame), una fémina casada con Carl, un empleado ferroviario bastante mayor que ella. Asemeja que mantienen un matrimonio bien avenido. Pero un día, Carl es despedido del trabajo y esa supuesta placidez hogareña se va a derrumbar cual castillo de naipes. 

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Las películas alrededor de los ferrocarriles se han convertido en un clásico de la historia cinematográfica. No en vano, la aventura comenzó con la llegada de un tren a una estación con los hermanos Lumière (La llegada de un tren a la estación de la Ciotat, L’Arrivée d’un train en gare de La Ciotat, 1896). Y siguió con muchos otros como El maquinista de la General (The General, 1926) de Buster Keaton y Clyde Bruckman, El expreso de Shanghai (Shanghai Express, 1932) de Josef von Sternberg, Alarma en el expreso (The Lady Vanishes, 1938) de Alfred Hitchcock, Breve encuentro (Brief Encounter, 1945) de David Lean o Asesinato en el Orient Express (Murder on the Orient Express, 1974) de Sidney Lumet. En este largometraje que analizamos de Fritz Lang el mundo ferroviario se convierte en un personaje más. La obra se inicia con imágenes cuasidocumentales relativas al mismo: tren en marcha, llegada a la estación, movimiento frenético de máquinas,  con aceros, hierros, personas que van y vienen, ajetreos diversos, entrada de la locomotora en los depósitos, registro de llegada por los empleados…

La secuencia inicial sirve únicamente de introducción para mostrar de manera rápida y en conjunto el universo en el que se desenvuelven los ferrocarriles. En el resto de la película ese universo, exhibido en un ambiente claustrofóbico, de noche y entre sombras, se convertirá en depositario y transmisor de todos los deseos, pasiones, celos y crímenes de nuestros personajes. El trávelin de una locomotora a gran velocidad sobre los raíles y otra repitiendo escena abren y cierran el filme. Una vía con destino marcado que parece desdecir la libertad que Lang ha resuelto otorgar a sus criaturas para que decidan sobre su futuro. Pero las vías del ferrocarril no son solamente rectas y directas. Además de ser cubiertas en ocasiones por túneles que engullen o tragan como los deseos sexuales más irrefrenables, en otras se entrecruzan en redes desasosegantes que pueden conducir a cualquier parte. 

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Deseos humanos es un melodrama de cine negro en el que la oscuridad lo domina todo. Además del carácter nocturno en el que se rueda cualquier escena desarrollada dentro de los ferrocarriles o en estaciones, el resto de la película transcurre en interiores. Y también se pueblan de negrura inmensa si el momento lo protagoniza cualquiera de los tres personajes que a la postre terminarán formando el típico triángulo trágico. El trío conformado por Jeff, Vicki y Carl. Los únicos instantes en los que parece que el sol ilumina corresponden a las escenas rodadas en el hogar de los Simmons. Porque aún no lo hemos dicho, pero en esta obra los buenos son muy buenos y los malos, malísimos. Ni siquiera la humana, valiente y noble decisión final tomada por uno de estos últimos le redime de todas las faltas cometidas con anterioridad. Error tras error para terminar casi cegado en el pozo de las inmundicias. 

Nos gustaría destacar el retrato que se conforma de la mujer en la década de los cincuenta en Estados Unidos. Parece que su único objetivo, o por lo menos la mejor opción para las féminas de aquellos años, era la de casarse, preferentemente con un hombre de solvencia económica, y dedicarse a las labores del hogar. Así se les educaba y así les incitaba con la propaganda y fuerzas mediáticas de la época. Y cambiando de género, en consecuencia, ningún hombre de valía, ningún macho con orgullo estaba dispuesto a que su mujer le mantuviera o necesitara trabajar fuera del domicilio familiar. ¿Verdad que sí, Carl? Y aparece el silencio, ante tantas mujeres frustradas y deprimidas encerradas en sus casas, o lo que es peor, dominadas, violentadas y machacadas por sus maridos. Vicki lo tiene muy claro: “Las esposas no son felices, aunque finjan lo contrario”. Fritz Lang se ríe de toda este montaje institucional acerca de las alegrías matrimoniales y hunde su cámara en las podredumbres que ocultan las paredes de esos supuestos hogares modélicos. 

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El director nos introduce en un triángulo de falsedades relleno de mentiras, pasiones egoísmo, violencia y testarudez. El ser humano se presenta muchas veces como parece que es: obstinado y absurdo. Y este filme nos ofrece grandes ejemplos. Si pueden elegir, no se asombren que sus criaturas escogerán aquello que menos les conviene, aquello que más daño les produce, aquello que les enredará en una telaraña de difícil salida. Muchos o la mayoría de los encuentros entre los tres protagonistas se producen en sombras, con la provisionalidad que otorgan pasillos o rincones oscuros, de pie, sin tomar un asiento que no se merecen. Todo envuelto en un ambiente opresivo que intensifica la calidad del lugar en el que se desarrolla: una pequeña población en la que todos se conocen y todos controlan los movimientos de sus vecinos. 

Las sombras acompañan a seres atrapados por sus propias debilidades y comportamientos bestiales. Y la puesta en escena se pone al servicio de esas existencias trágicas dominadas por la posesión, la atracción sexual o los celos. Lang se sirve, por ejemplo, del ruido de las locomotoras para subrayar los instantes en los que ciertos instintos se dirigen en la dirección equivocada. Y también los trenes se manejan para conformar magníficas elipsis en ciertos momentos culminantes del filme. Y ya hemos dicho, precisamente será uno de aquellos ferrocarriles el que cierre la obra dirigiéndose en un único sentido, pero albergando en su interior el destino individual de cada cual. Ese futuro que se quiere o se ha querido buscar o del que no se ha podido o no se ha tenido intención de escapar. 

Tráiler:

Ficha técnica:

Deseos humanos (Human Desire),  EUA, 1954.

Dirección: Fritz Lang
Duración: 90 minutos
Guion: Alfred Hayes (Novela: Émile Zola)
Producción: Columbia Pictures
Fotografía: Burnett Guffey
Música: Daniele Amfitheatrof
Reparto: Glenn Ford, Gloria Grahame, Broderick Crawford, Edgar Buchanan, Kathleen Case, Peggy Maley, Diane DeLaire, Grandon Rhodes

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