Críticas

Impotencia

Custodia compartida

Jusqu’à la garde. Xavier Legrand. Francia, 2017.

CustodiacompartidaCartel¿Se acuerdan ustedes del terror, del pánico que sentía aquel par de críos, perseguidos por la sombra del personaje encarnado por Robert Mitchum en el filme La noche del cazador (The Night of the Hunter, 1955)? Sí, estamos hablando de la obra cumbre de Charles Laughton, la única que realizó como director, de aquella película inolvidable, merecedora de estar entre las mejores de toda la historia cinematográfica. Pues rememoren por un momento aquel terror extremo que se sentía como propio. Y ello viene a cuento porque el realizador galo, Xavier Legrand, en su primer largometraje, consigue ir conformando un ambiente, que tras una inicial y tensa situación de partida, seguida de un desarrollo en evolución en el cuerpo del filme, logra desembocar en una tesitura al  límite. Estamos ante uno de los finales que más nos han impactado desde hace años. No nos  limitamos a observarlo, ello resulta imposible. Además, nos aterrorizamos como si lo  estuviéramos padeciendo en persona.

Myriam y Antoine eran un matrimonio que se ha divorciado y luchan por la custodia y derecho de visitas de sus dos hijos comunes: Josephine, una joven a punto de cumplir 18 años, y Julien, un niño de 11. El director no tienen empacho y reparo alguno, gran mérito por cierto, en no recurrir a elipsis para los momentos clave del filme, y entre ellos se encuentran la escena inicial y, también, la final.  

Centrándonos en las imágenes que abren la película, consisten en la celebración, en toda su extensión literal, de una vista para que la jueza de turno resuelva sobre la custodia y régimen de visitas del hijo menor (la mayor ya puede decidir por sí misma). Julien, el hijo, desde la separación, ha estado al cuidado absoluto de la madre, principalmente por cuestiones prácticas de residencia. Pero el progenitor ha conseguido que la empresa en donde trabaja lo traslade al lugar en que habitan su exmujer  e hijos. Por ello, pretende obtener la custodia compartida, alegando sus derechos como padre, como el responsable al 50% de la procreación, cuidado, atención y mantenimiento de sus vástagos. Vaya, cuando interesa, las tareas cotidianas y domésticas sí que parece que deben repartirse por igual; en fin… Volviendo al filme, contemplamos una vista judicial aséptica, en la que el realizador se preocupa para que no tomemos partido alguno, desde el principio, en favor de cualquiera de los personajes, intentando alejar tal peligro para que la trama funcione, forjada en forma de thriller. Ya se sabe que las separaciones de pareja son traumáticas, y cualquiera puede aprovecharse de las circunstancias para vengarse del cónyuge a través de los hijos. Pura maldad y egoísmo del ser humano, para el que es más importante la revancha que el bienestar de sus retoños. Y ya puestos, se podría iniciar una discusión acerca de la ausencia de educación en civismo, responsabilidad y en cierta ecuanimidad, no se hable ya de objetividad, no vayamos a excedernos en exigencias. 

Custodia compartida

Pues bien, tras el mencionado proceso civil y ya con la decisión tomada por la magistrada de ir concediendo la custodia también al progenitor, en un proceso de derechos evolutivo, escena a escena, los acontecimientos se van a ir sucediendo, de tal manera que la tensión alcanza, poco a poco, gran intensidad. Con ello, se conseguirá mostrar a cuentagotas la verdadera realidad de una situación lamentable, mientras parece que no sucede cosa alguna entretanto nos abrochamos y desabrochamos el cinturón de seguridad del coche. 

Ya se ha indicado que el realizador Xavier Legrand no tiene prisa alguna, no se precipita en mostrar las cartas. La realidad la va exhibiendo, una monstruosa verdad, con paciencia y recurriendo inteligentemente al suspense y a la incertidumbre. Entre los medios que precisamente no utiliza para que no nos despistemos sobre el descarnado panorama en el que nos movemos, se encuentra la música, cuyo uso es meramente diegético. Con ello, el atronador ruido de la existencia sobresale sin que aparezcan elementos que lo edulcoren. Además, recurre con asiduidad a primeros planos y utiliza la cámara con una amplitud focal muy centrada y cerrada. ¿Vemos al lobo con piel de cordero o al cordero con piel de lobo? A pesar de que la fisonomía del actor protagonista no creemos que sea la más acertada con el thriller buscado, ello no termina siendo obstáculo para que, junto a los demás elementos utilizados, además de un guion muy sobresaliente, la intriga y la incertidumbre termine aniquilando a los espectadores.   

La película cuenta con excelentes interpretaciones de la pareja protagonista, a cargo de los actores Léa Drucker y Denis Menochet, y también de su hijo en la ficción, de Thomas Gioria como Julien. Por lo que respecta a Joséphine (Mathilde Auneveux), goza de una intervención bastante menor, pero en cualquier caso, peca de un punto insípido o anodino. Y acordándonos de este último personaje, entendemos que nada sobra del metraje, excepto cierta escena en el baño con la joven como protagonista, aunque también destacaríamos la belleza de su puesta en escena. 

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El filme va evolucionando como el ritmo de una tortuga en movimiento hasta que llegamos a ese largo plano secuencia casi ininterrumpido de la fiesta, con su música ensordecedora, interpretaciones en directo y la alimaña acechando por los alrededores. Resulta difícil elaborar esta crítica sin desvelar la trama y con la misma ahondar en concienciación sobre la importancia de la educación desde la infancia, sobre el meollo central y vomitivo del largometraje. Atrocidades que han pasado, lo están haciendo y seguirán ocurriendo mientras no se busquen soluciones de base y se siga intentando remediar casos concretos con parches que se despegan a la primera. Nadie es dueño de ningún ser humano y, por supuesto, hay derechos que para conseguirlos debemos cumplir una serie de requisitos, entre los que no se encuentran privilegios congénitos o hereditarios.  Bueno, es simplemente un comentario o reflexión, que puede inducir a la risa a cualquier monarca. 

No podemos olvidar la impresión que nos produjo el filme ante ese terror que paraliza, conduce a la máxima angustia y deja sin reacción. Situaciones que denuncia la obra están pasando todos los días, en todas partes, las están sufriendo seres que podrían ser cualquiera de nosotros, de nuestros familiares, amigos, vecinos o conocidos. Violencia que, con su fuerza bruta, pretende apoderarse del mando de dirección. Bestialidad, celos, posesión…; éticas y procederes a cuyas víctimas, aquellas que consiguen continuar, es fácil imaginar que marcarán y condicionarán física y psicológicamente el resto de su existencia. Ya está bien. Esto no puede continuar, y la responsabilidad no es únicamente de los políticos dirigentes, sino también del resto de la sociedad.

Para terminar, un último recuerdo, no precisamente el menos importante, hacia aquellos o aquellas que no miran hacia otro lado y sus acciones no son movidas por intereses espurios. Nos referimos a los  que saben enfrentarse y dar la cara ante las atrocidades, conducidos por su espíritu compasivo, solidario y comprometido. 

  

Tráiler:

Ficha técnica:

Custodia compartida (Jusqu’à la garde),  Francia, 2017.

Dirección: Xavier Legrand
Duración: 93 minutos
Guion: Xavier Legrand
Producción: K.G. Productions/France 3 Cinéma/Golem Distribucion
Fotografía: Nathalie Durand
Reparto: Léa Drucker, Denis Menochet, Thomas Gioria, Mathilde Auneveux, Saadia Bentaïeb, Jean-Marie Winling, Martine Vandeville, Florence Janas, Jenny Bellay

2 opiniones en “Custodia compartida”

  1. Este comentario está hecho solamente para aquellos que han visto el film. Como no me cuento entre ellos, me he quedado leyendo algo insustancial, sin lograr determinar la justificación de los comentarios.
    Del comentarista, mi peor opinión, pues muestra unos visos macho-feministas que al menos en mi país, Chile, clasifican en conceptos de siglos atrás.

    1. Eduardo, te recomendaría que antes de opinar sobre cualquier asunto, tengas la precaución de documentarte sobre el mismo.
      Saludos,
      Pilar

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