Reseñas de festivales 

Bestiaire

Bestiaire es antidocumental y antificción. Denis Côté toma como locación el Safari Park de Montreal y allí instala su cámara. Hay pocos “comentarios” del autor en una película despojada de propuestas, más allá de las que pueda obtener el espectador con la observación de la serie de planos fijos que expone el director quebequense. Côté se instala en las antípodas de las series de Animal Planet o NatGeo, donde acostumbran a mostrarnos a los animales en su hábitat, con sus costumbres e instinto de supervivencia, y con una resolución que viene a corroborar la tesis darwiniana de que sobrevive el más apto. Tampoco se trata de un claro alegato contra el maltrato y encierro de los animales… No, no es nada de eso.

Los primeros planos de Bestiaire nos muestran trazos sobre el papel, luego la referencia de un dibujante (su mano, su brazo) para terminar la escena componiendo un grupo de personas ubicadas en círculo que retratan a un animal disecado, que permanece fuera de cuadro. Con esa introducción ingresaremos al zoológico de los animales vivos. Ya no seremos nosotros quienes visitemos el zoo, sino los animales los que se desplacen frente a la cámara y nos miren con ojos curiosos, como si fuéramos bichos raros. La cámara encuadra cada jaula… mejor dicho, cada porción de jaula: una pared, el piso, una esquina, siempre un espacio con una estructura física inamovible, donde entrarán y saldrán de cuadro los distintos animales: una llama que camina de lado a lado, una vaca que mira sin mirar, un avestruz que se asoma con curiosidad, las cebras nerviosas que resbalan en su trote… El marco no se mueve, se queda fijo sobre la pared corrugada, sobre la placa de aluminio acanalada, sobre la pared lisa. Los animales no son el sujeto de la cámara, pues no los sigue en su movimiento. Pero el encuadre fijo, estático, se ve modificado por los animales que entran y salen de cuadro, proponiendo diversas escalas de planos a la profundidad de campo.

Los seres humanos apenas aparecen: en el prólogo (los dibujantes), en escenas de alimentación, aseo y cuidado de los animales, y en el epílogo (los visitantes del zoológico), pero no son protagonistas ni sus apariciones son nucleares en la narración. Sólo funcionan como rupturas de una narración “objetiva”. Rigurosa composición. Fondo y forma. Campo y fuera de campo. Relación del animal con el espacio y del cuadro con el espectador, que se asoma para ser observado desde la cámara, desprovista de comentario. Si bien al principio una especie (el ser humano) mira, y otra posa (el animal disecado), luego se pasa a su contrapartida, donde el espectador es apelado por los seres que se acercan a la óptica de la cámara.

Denis Côté logra ofrecer un discurso estético, donde “todo es intuitivo, todo está en el campo de la hipnosis”. La intelectualización se da por parte del espectador, no la ofrece el film. Bestiaire es de lo mejor visto en Bafici 2012 y debió llevarse algún premio. LS

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