Críticas

Anclados y encerrados en mundos mentales

Anchoress

Chris Newby. Reino Unido, 1993.

Cartel de la película AnchoressCuando me encontré con esta película me llamó la atención su título, que significa anacoreta y la idea de que trataba de una historia con ciertas bases reales, referida a una joven, casi una niña, Christine Carpenter, quien se sometió a convertirse en anchoress de Shere, en la región de Surrey, en Inglaterra, en los comienzos del siglo 14. Al aceptar esta vocación, se sometía a que la encerraran de por vida en una pequeña celda al lado de la iglesia del pueblo, convertida en una especie de admirable e iluminada consejera espiritual y mística para los habitantes de la comarca, que se acercaban a traerle comida y a hacerle preguntas a través de una ventanita. Todo ello comenzó con las visiones que la jovencita tuvo sobre la Virgen María, que la llevaron a ilusionarse con una entrega mística.

La película gozó de un cierto prestigio, siendo exhibida en la sección un certain regard del Festival Internacional de Cine de Cannes de 1993. Fue filmada en blanco y negro, una decisión que se me antoja muy acetada dado el tema que trata. Es fácil ver analogías con Juana de Arco (Carl Theodor Dreyer, 1928) y con algunos de los filmes de Bergman. La protagonista Natalie Morse en verdad nos lleva a identificarnos con esta jovencita que se somete a este verdadero drama personal bajo las dudas y las ilusiones de su adolescencia y bajo las circunstancias a que estaba sometida en un hogar pobre, con una madre misteriosa llena de creencias extrañas y ante la perspectiva de tener que casarse por obligación o por conveniencia. Todo ello en un ambiente de primitivismo religioso, donde las personas realmente tenían una fe basada en los miedos, en la impotencia y el adoctrinamiento y donde abundaban las prácticas e interpretaciones mágicas de la realidad.

El filme es muy inquietante, contado en tonalidad de misterio y cierto suspenso, ya que no sabemos interpretar estas extrañas situaciones. Es bien difícil imaginar que una persona joven y atractiva va a encerrarse de por vida en un lugar estrecho, incómodo, húmedo; sometida a las arbitrariedades de vecinos que poco entienden la situación, pero que sienten respeto y curiosidad por la niña, a quien hacen preguntas que ella contesta en forma enigmática, tratando de conectarse con unas energías raras, que se comunican con ella mediante visiones, sonidos y sueños y que ella, por lo menos en un principio, interpreta como señales espirituales de la Virgen. Poco a poco se van asentando las duras y limitantes realidades del encierro, naturalmente combinadas con las naturales sensaciones de una joven adolescente en las cuales la sexualidad que despierta cobra protagonismo y con el desgaste de la imagen de rosa mística tanto entre las gentes como en la mente misma de la anacoreta ¿Cómo se resuelven estas situaciones imposibles? Como podremos ver a medida que el filme se desarrolla, todo es posible para las mentes humanas.

Anacoreta

Dado que las cosas pasan en esos ambientes del campo medieval, combina la película los recorridos por la mente de la protagonista, angustiada y soñadora, con lo que podría ser la vida cotidiana lugareña, permitiendo que apreciemos provocativas escenas del ambiente clerical, donde las tendencias inquisidoras conducen a la quema de brujas y a la maldición de las vidas en doble sentido, ya que los dardos de la ignorancia y de las palabras acusadoras afectan tanto a jueces como a las supuestas brujas; ese mismo ambiente religioso se mueve entre el poder egoísta y el deseo de servicio cristiano y sentimos que es casi que milagrosa la intervención del espíritu en medio de tantas creencias limitantes. Cualquiera que haga planteamientos razonables se arriesga a no ser escuchado o a ser acusado. Cuando el filme nos describe la vida de las personas, vemos que oscila entre el trabajo y alguna vida de hogar y de comunidad, muy sencilla, pero plagada de temores y de riesgos. Los animales, los alimentos, el cuerpo, las enfermedades, se revisten de misterios interpretativos bajo una creatividad que parece desorientada e inexplicable a nuestros ojos y que conduce a la magia, a las fórmulas y a la brujería como rutas de escape.

Anchoress, fotograma

¿Pero es esto algo que solo sucedía en épocas oscuras de la Europa medieval? No puedo resistir la tentación de caer en cuenta de estos tiempos que vivimos. También hoy hay niñas anacoretas que se encierran voluntariamente en las celdas de sistemas de creencias, convertidas en magas hechiceras que interpretan visiones, que dan respuestas que pocos están dispuestos a cuestionar, por ejemplo, las lamentaciones de la madre tierra que perece por culpa nuestra. Nadie se atreve a cuestionarlas, ya que la ciencia prevalente, a modo de nueva religión, las bendice radicalmente. Los que piensen distinto pueden quemarse en las llamas de las redes sociales o de las narrativas dominantes. Los testigos de todo esto adoran y dan fama a la moderna anacoreta; pero ella, quizás, se empieza a sentir fatigada, y empieza a darse cuenta de que las señales que escucha quizás son mucho más confusas de lo que su confiada inocencia interpretó en un principio. También hay anacoretas, hombres y mujeres, ancladas en la fama, las influencias, las tribus modernas, las drogas, el hedonismo creativo. Todas ellas animadas por tempranas ilusiones juveniles, por adoradoras multitudes y encerradas, ancladas, en mundos mentales de los cuales es difícil escapar.

 

Trailer

Ficha técnica:

Anchoress ,  Reino Unido, 1993.

Dirección: Chris Newby
Duración: 108 minutos
Guion: Judith Stanley-Smith, Christine Watkins
Producción: Paul Breuls
Fotografía: Michel Baudour
Reparto: Natalie Morse, Gene Bervoets, Toyah Willcox, Pete Postlethwaite, Christopher Eccleston, Michael Pas, Annette Badland, Julie T. Wallace, Ann Way, Jan Decleir

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