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Anatomía del crimen. Guía de la novela y el cine negros

Portada del libro de Mariano Sánchez Soler

La relación entre Mariano Sánchez Soler (Alicante, 1954) y el género negro viene de antaño; él mismo es autor de novela criminal y fue periodista de investigación antes de dedicarse a la docencia. En Anatomía del crimen. Guía de la novela y el cine negros, que obtuvo el Premio de la Crítica Valenciana, Sánchez Soler ofrece al lector un repaso por todos aquellos títulos –tanto de cine como de novela– que han configurado su memoria criminal, su particular visión de un género que, necesariamente, tiene una naturaleza híbrida y mestiza, según él mismo ha demostrado en narraciones como Carne fresca (1988), Festín de tiburones (1990), Para matar (1996), Lejos de Orán (2003) o Nuestra propia sangre (2009), por citar solo algunas de sus novelas negras.

El autor de Anatomía del crimenAunque se trata de un volumen de carácter misceláneo y no trata de ser exhaustivo, sino sugerente y evocador, lo cierto es que Anatomía del crimen traza un completo panorama del género, desde sus orígenes remotos –en el siglo XIX– hasta nuestros días. A lo largo de quince capítulos de diferente extensión, precedidos por un prólogo y rematados por un epílogo y una serie de anexos, Sánchez Soler repasa los hitos fundamentales. En el primer capítulo, “Cómo se escribe una novela negra (¿Se puede freír un huevo sin romperlo?)”, trata de descifrar el código genético de la novela negra, sus ingredientes imprescindibles, que se pueden resumir en una máxima, “en la novela negra, como en la poesía, lo accesorio no existe”, y en una premisa, “la búsqueda de la verdad”.

Una foto de Veronica LakeEn el segundo capítulo, “Heterodoxos y desterrados”, Sánchez Soler se remonta a los primeros balbuceos del género, a la novela de misterio, con autores como Edgar Allan Poe o Arthur Conan Doyle, creadores los primeros detectives literarios, Dupin y Sherlock Holmes, respectivamente. Otro punto de inflexión lo supuso Dashiell Hammett, aunque quien consolidó definitivamente el género fue Raymond Chandler al dar vida al más famoso detective del siglo XX, Philip Marlowe. El tercer capítulo está dedicado precisamente al detective de Santa Rosa y repasa los relatos, novelas y películas en las que aparece, desde El sueño eterno (1939) hasta La historia de Poodle Springs (1959). Los siguientes capítulos se centran en autores concretos: Jim Thompson, autor de El asesino dentro de mí (1952) y responsable del guion de Atraco perfecto (The Killing, Stanley Kubrick, 1956); Chester Himes, creador de los detectives de Harlem Sepulturero Jones y Ataúd Johnson; Donald Westlake, autor de A quemarropa (1962) y guionista de Los timadores (The Grifters, Stephen Frears, 1990); Samuel Fuller, a quien aborda en su doble faceta de novelista y cineasta; Ed McBain, responsable de la serie de novelas de la Comisaría del Distrito 87 y del guion de Los pájaros (The Birds, Alfred Hitchcock, 1963).

Laura, de Otto PremingerAl llegar el capítulo noveno, “De qué hablamos cuando decimos ‘cine negro’”, Sánchez Soler interrumpe este completo repaso y trata el problema de la nomenclatura: polar, giallo, thriller, police procedural, crook story… Curiosamente, el marbete film noir lo acuñó la crítica francesa en 1946, al coincidir en Francia los estrenos de El halcón maltés (The Maltese Falcon, John Huston, 1941), Laura (Otto Preminger, 1944), Historia de un detective (Murder, My Sweet, Edward Dmytryk, 1944), Perdición (Double Idemnity, Billy Wilder, 1944) y La mujer del cuadro (The Woman in the Window, Fritz Lang, 1944).

Bogart y Bacall en El sueño eternoLos capítulos restantes, salvo el undécimo, los dedica a repasar el género negro en España: el tema del cine lo traza en el décimo, “Cine español ‘en negro’, francotiradores y visitantes”, desde sus orígenes, con títulos como Brigada criminal (Ignacio F. Iquino, 1950) o Apartado de correos 1001 (Julio Salvador, 1950), hasta las películas de Enrique Urbizu, como La caja 507 (2002) o No habrá paz para los malvados (2011). El siguiente capítulo, en cambio, repasa la novela de espías, centrándose en la obra de Eric Ambler, Graham Greene, John Le Carré y Len Deighton, mientras que los cuatro últimos se acercan a la novelística de Francisco García Pavón (creador de Manuel González, alias Plinio, jefe de la Guardia Municipal de Tomelloso), Andreu Martín, Francisco González Ledesma (que firmó muchas novelitas del oeste como Silver Kane) y Manuel Vázquez Montalbán, si bien en los dos finales Sánchez Soler abandona el estilo académico y opta por la evocación. Cierra el volumen una serie de anexos: el programa de un taller de novela negra, una selección de lecturas, una lista de películas basadas en ellas, una bibliografía esencial y un imprescindible índice de autores y obras.

No hay duda de que Anatomía del crimen presenta una aproximación al cine negro y a la novela criminal que puede servir para navegar por las procelosas aguas de un género que, por fortuna, ya no se considera menor. Es, claro, fruto de una vida dedicada al crimen…

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