Críticas

La guerra de papá

A War (Una guerra)

Krigen. Tobias Lindholm. Dinamarca, 2015.

Cartel de la película A WarLa guerra como estado mental, como muestra de todas nuestras miserias como especie, es un tema recurrente de la ficción. Historias de personajes que fueron incapaces de dejar el infierno atrás, lastrados por su experiencia en combate, pueblan el imaginario cinematográfico. Sobre todo, tras el fiasco de la Guerra de Vietnam, que enfrió los ardores victoriosos de la Segunda Guerra Mundial. La glorificación del conflicto armado ya no sería gratuita a partir de ese momento, y aparecen las películas bélicas que, irónicamente, llenaban sus fotogramas de espíritu antibélico, mostrando lo peor del conflicto y sus consecuencias.

A War (Una guerra) utiliza el contexto del Afganistán pos 11S, un país que 15 años después continúa sumido en el caos, para construir una narración acerca de los horrores de la guerra y sus consecuencias. Alejada de todos los lugares comunes del cine bélico, la película de Tobias Lindholm incide en el aspecto humano. Deja de lado los fuegos artificiales y de la manera más sencilla posible, sin aspavientos, hace de su historia algo creíble, real, plegado de situaciones donde sale a relucir la fragilidad humana ante el drama de la guerra.

De manera inteligente, sitúa la acción en diferentes frentes, y nunca mejor dicho. Por un lado, seguimos el día a día del comandante Pedersen, al frente de un grupo de soldados demasiado lejos de casa. Muchos de estos jóvenes sufren el desánimo, la angustia y la tensión de estar insertos en una rutina en la que cada día se juegan la vida. El propio Pedersen está en la encrucijada personal, entre el deber, la obligación de mantener con vida a sus hombres y la misión casi imposible de traer algo de paz a los lugareños.

Krigen

Lindholm mantiene su trama con una segunda línea argumental, en la que somos invitados al día a día de la familia de Pedersen, en Dinamarca, muy lejos de la inhóspita realidad del protagonista. En casa, hay otras batallas. Una madre que lidia con hijos que añoran al padre, con las problemáticas emocionales que conlleva. Problemas en el colegio, evidentes llamadas de atención, y la distancia como enorme agujero negro que engulle la felicidad de los implicados.

El camino de las dos propuestas de Tobias Lindholm se une para dar un vuelco a la película, y convertir el último acto de la misma en un conflicto ético, en el que Pedersen regresa a casa y afronta las consecuencias de sus actos.

A war (Una guerra) es elegante y efectiva en sus formas. Abraza con contundencia la sobriedad y la sencillez, sin ningún tipo de afectación o truco de magia que rompa el tono de realidad que impregna el cine de Lindholm. El mismo pulso sostiene los dos mundos descritos por el cineasta, el de las áspera Afganistán y la Dinamarca que resuena casi como la Ítaca de la Odisea para los soldados en la otra punta del mundo.

Para la puesta en escena, el director utiliza un sentido casi de documental tras la cámara. El ojo de Lindholm se convierte en parte de la acción, la acompaña hasta las últimas consecuencias, un observador privilegiado del horror, de la intimidad de los protagonistas. Tanto es así que, en ocasiones, el director elige planos que sugieren cierto subterfugio, un Lindholm que se oculta tras los dinteles de las puertas, o las columnas, casi escondido con respecto a sus personajes.

Krigen - A War, fotograma

En ese sentido, aunque hay intención y cierta originalidad, la propuesta se enmarca en una distancia emocional que se traduce en cierto desapego para el espectador. A War (Una guerra) queda demasiado fría para el drama humano que contiene. Hay cierta linealidad emocional, que va más allá de la austeridad visual de la película. La equidistancia escogida por Lindholm es bastante astuta para dejar atrás los imperativos morales al espectador, que, camuflado por ese espacio que plantea el director respecto a sus personajes, maneja sus propias aristas morales a los muchos caminos que abre el conflicto al que se enfrenta Pedersen. Funciona, y convierte la película en algo distinto a cualquier pieza de cine bélico con cierto espíritu crítico, más allá del exotismo de la nacionalidad del ejército implicado.

El problema es que esa misma virtud se revuelve como el mayor punto débil de la película, y es que ese tono distante está muy bien para dar cierta apariencia de objetividad ante la problemática que sustenta A War (una guerra), pero, al final, resuelve muy pocas dudas con respecto a las que presenta. El alegato antibélico queda como algo difuso, y los callejones morales implicados se resuelven un tanto a cañonazos.

Las actuaciones están a la altura de esa contención que sirve de espíritu a la película, y vemos de nuevo a Pilou Asbæk, actor fetiche de Lindholm, como compinche delante de la cámara de este interesante cineasta.

A pesar de estos desequilibrios, A War (Una guerra) es una excelente demostración de las posibilidades del género bélico, que puede ser presentado sin ruido de fondo. Lindholm hace gala de mesura, estilo, sutilidad y control. De esos directores que saben como contar una historia con personalidad. El cine danés tiene relevo generacional en la figura del director de A War (Una guerra), capaz de ofrecer una ración de pureza entre tanto aditivo artificial que reina en las pantallas de cine.

 

Ficha técnica:

A War (Una guerra) (Krigen),  Dinamarca, 2015.

Dirección: Tobias Lindholm
Duración: 115 minutos
Guion: Tobias Lindholm
Producción: AZ Celtic Films / Nordisk Film Production
Fotografía: Magnus Nordenhof Jønck
Música: Sune Wagner
Reparto: Pilou Asbæk, Tuva Novotny, Dar Salim, Søren Malling, Charlotte Munck, Dulfi Al-Jabouri, Alex Høgh Andersen, Jakob Frølund, Phillip Sem Dambæk

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