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65° Festival del Film – Locarno 2012

Del 1 al 11 de agosto de 2012 se llevó a cabo la edición número 65o del Festival del Film de Locarno. Es uno de los más antiguos del mundo, con su primera edición en 1946 al igual que el de Cannes y en el mismo año que se restituyó el festival de Venecia luego de la Segunda Guerra Mundial.

La ciudad de Locarno es una pequeña población (de unos 15.000 habitantes) en la región italiana de Suiza. Es un lugar muy especial ya que el idioma es el italiano, pero por pertenecer a un país donde la mayor parte de la población habla alemán o francés, se puede prácticamente hablar en cualquiera de estos tres idiomas (sumando al inglés), y con una sonrisa nos contestarán lo que estamos preguntando. Esta universalidad de idiomas se traslada a las presentaciones, conferencias y proyecciones, donde casi siempre se asegura la presencia de estos cuatro idiomas. El poblado tiene una parte histórica medieval que parece salida de un cuento, tiene un bellísimo paisaje lacustre al ubicarse en la orilla del lago Maggiore con montañas de fondo. En agosto, al ser pleno verano, el festival siempre cuenta con un clima y un paisaje paradisíacos, necesarios para llevar a cabo el corazón del festival: las proyecciones diarias en la Piazza Grande, para 8.000 personas, al aire libre.

Parece increíble que un fenómeno tal como un festival de cine de esta magnitud siga vigente luego de tantos años, pero lo más increíble es la forma en que fue mutando su estilo. Actualmente es un festival de cine independiente, pero que también cuenta con secciones para dar soporte al cine en países en vías de desarrollo, para homenajear directores clave en la historia del cine mundial, para brindar publicidad y sustentar al cine nacional (el cine suizo) y, sobre todo, para premiar a los directores de cine más jóvenes que necesitan apoyo económico y de publicidad para poder lanzar su carrera.

Sin duda, el festival de cine más grande de Suiza da espacio y abre sus brazos a quienquiera que esté interesado. En mis dos participaciones en el festival (2009 y 2012) logré conseguir transporte, alojamiento (la parte más difícil) y entradas a todas las proyecciones y charlas con directores a las que quise asistir. El festival cuenta con una organización excelente, al estilo de la mecánica de un reloj suizo. Durante los once días de festival, al menos cinco salas proyectan diversos films en siete turnos. Luego existen otras cuatro salas que proyectan alguna función en particular y la mítica proyección de la Piazza Grande por las noches. Conectando las salas, existe transporte público gratuito con una frecuencia y puntualidad eficientes.

Como en todo festival de esta magnitud, nos queda una angustia por perdernos una gran parte y por no llegar a ver todo lo que se ofrece. Pero en estos días intensos las satisfacciones son infinitas, no sólo por las proyecciones a las que uno asiste, sino también por tener la oportunidad de escuchar a los realizadores: directores, productores, actores, etcétera. Sumado a esto, eventos en los cuáles se discute sobre historia o teoría del cine, convirtiendo la experiencia en once días de aprendizaje continuo: sobre cine, por supuesto, pero también sobre arte, distintas culturas, costumbres, idiomas, etcétera.

Al finalizar el festival, el presidente anunció que hubo un pequeño incremento en la audiencia, comparado con el 2011, pero ambos números estuvieron cercanos a las 160.000 personas. Alrededor de 4000 delegados y 900 miembros de prensa de 45 países diferentes y casi 1000 representantes de la industria del cine.

La principal competencia del festival es el concurso internacional. En esta edición participaron diecinueve films y al igual que en años anteriores los films fueron muy diversos. Puede haber algunos que gusten más que otros, pero todos fueron interesantes, originales y recomendables, demostrando que la ardua labor de preselección fue realizada de forma impecable. Este año, en particular, noté con pena una participación muy escasa del cine latinoamericano. Sólo una película es de origen sudamericano, Polvo (Julio Hernández Cordón, Guatemala/España/Chile/Alemania, 2012) y Los mejores temas (Nicolás Pereda, México/Canadá/Holanda, 2012), mexicana, es un film muy latinoamericano, por su estilo y porque aborda tópicos tales como el desempleo y la inmigración, entre otros temas. Participaron también sólo dos films asiáticos: Playback (Sho Miyake, Japón, 2012) y Wo hai you hua yao shuo (When Night Falls, Ying Liang, Corea del Sur, 2012), cuatro de Estados Unidos y el resto, todos europeos. La participación en este año de Estados Unidos fue muy importante, considerando también que la sección de retrospectiva se dedicó a Otto Preminger. El director artístico del festival, Oliver Père, justificó esta alta participación del cine independiente de Estados Unidos, ya que es el más desconocido por los europeos. Según Père, los europeos sólo tienen acceso a los films masivos norteamericanos y existe un mundo muy interesante en el cine independiente.

El festival brinda también apoyo a realizadores provenientes de países que se encuentran en una situación injusta de gobierno para la opinión pública, tal es el caso de Polvo, Wo hai you hua yao shuo y Á última vez que vi Macau (João Pedro Rodrigues y João Rui Guerra de Mata, Portugal/Francia, 2012). El Leopardo de Oro se lo llevó, en cambio, la única película francesa La Fille de nulle part (Jean-Claude Brisseau, 2012).

El segundo concurso más importante es el denominado Cineastas del Presente. Está dedicado a directores emergentes de todas partes del mundo, que presentan su primer o segundo film. Quince películas participaron en el concurso, de las cuáles tuve la suerte de ver una pequeña joya: Not in Tel Aviv (Nony Geffen, Israel, 2012). Lamentablemente, la única película latinoamericana que participó fue Boa sorte, meu amor (Daniel Aragão, Brasil, 2012), la cual encontré aburrida, llena de obviedades y con actuaciones que dejaban bastante que desear. El Leopardo de Oro fue para Inori (Pedro González-Rubio, Japón, 2012) que tiene la peculiaridad de ser una película japonesa dirigida por un mexicano.

Una sección que disfruté mucho fue Appellations Suisse, creada y organizada por el centro de films suizos Swiss Films. Su objetivo es dar la oportunidad a la audiencia de Locarno de descubrir films suizos que tienen potencial internacional. De esta sección, me parecieron de una calidad excelente y lograron interesarme mucho, por los temas que tocan, L’Enfant d’en haut (Ursula Meier, Suiza/Francia, 2012), Virgin Tales (Mirjam von Arx, Suiza, 2012) y Summer Games (Rolando Colla, Suiza/Italia, 2012), de las regiones francesa, alemana e italiana de Suiza, respectivamente. Se puede explicar la evolución del cine suizo al observar la cantidad de concursos y premios nacionales (presentados también en el festival) para dar soporte económico a proyectos cinematográficos.

La sección Open Doors tiene el objetivo de apoyar a realizadores de films y a películas de países cuyo cine se está aún desarrollando, para lograr que encuentren productores para sus proyectos futuros. Este año se dedicó a la región africana francoparlante al sur de Sahara.

Todas las secciones nombradas son de largometrajes, pero el festival cuenta también con el concurso Pardi di Domani, dedicado a cortos realizados por autores jóvenes e independientes o estudiantes de cine que todavía no realizaron un largometraje.

Los films de la Piazza Grande se caracterizan por ser estrenos mundiales o en Europa y son films en general agradables y bastante llevaderos, ideales para una noche al aire libre luego de un día completo de proyecciones.

Diversas personalidades del cine vienen a Locarno para ser premiadas en el festival. Este año, entre otros, estuvieron Charlotte Rampling, Alain Delon, Gael García Bernal, Arnon Milchan y Leos Carax. Relacionado con estas personalidades, se realizan proyecciones y así tuve el placer de ver una tarde en pantalla grande Il portiere di notte (El portero de noche, Italia, Liliana Cavani, 1974).

Olivier Père dijo, al finalizar el festival, que esta edición fue una celebración del film en todas sus formas, con competencias desafiantes, amplias retrospectivas, discusiones con el público, iniciativas de educación, reuniones de industria y tributos a aquellos que hacen o hicieron cine. Adhiero y deseo fervientemente que se mantenga o mejore esta calidad en los años venideros.

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