Críticas

Aberrantes patologías

Tres anuncios en las afueras

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri. Martin McDonagh. Reino Unido, 2017.

TresanunciosenlasafuerasCarteDesafortunadamente, con este largometraje no nos encontramos frente a una distopía, en el sentido en la que la entiende la Real Academia de la Lengua Española: la de una sociedad futura no deseada. La última obra del británico Martin McDonagh se sitúa en Estados Unidos, en la América de la segunda década del siglo XXI. Y puede identificarse con cualquier lugar o población, a poco que nos alejemos de urbes importantes. Y ya no nos vale, incluso nos avergüenza, el invocar el socorrido lema de la “América profunda”. Los ejemplos que nos llegan de aquel país, allí y ahora, no dejan margen de incertidumbre. Y aunque nos movamos en una realidad ficcionada o en una ficción que se apoya en el verismo. Lo que en décadas pasadas pudo convertirse en un panorama de esperanza por una sociedad en camino hacia la tolerancia, la igualdad o la solidaridad, se ha esfumado por arte de magia, o por otros motivos, seguro que sí.

Martin McDonagh nos sacude con un brillante filme, con una obra que encontramos se encuentra entre las mejores de la última cosecha mundial. Arranca en las afueras de un pueblo de Missouri, el Ebbing del título, localidad, aunque imaginada, tristemente real. Una mujer llamada Mildred Hayes detiene su automóvil en una carretera secundaria, a pocos kilómetros de la población. Observa detenidamente tres carteles publicitarios con telarañas. Hace tiempo que no anuncian nada. Al parecer, les ha acaecido el mismo proceso que el de aquellos restaurantes o moteles emblemáticos de carretera que nos acogían y alojaban cada vez que transitábamos la zona en cuestión. Un día cualquiera, los gobernantes, los intereses políticos o económicos y la misma revolución social, con prisa por llegar lo antes posible a todas partes, decidieron su entierro. Bastaba con la construcción en las inmediaciones de una autopista o vía de muchos carriles para que la extinción se produjera. No es momento de detenerse en contar las fechas del año en que realmente están abarrotadas esas nuevas construcciones; ya saben, todos en masa los mismos días, pocos, y si coinciden las horas, mucho más satisfechos. No olvidamos que somos animales sociales, además de seres, en general, atropellados por un trabajo cuyas reglas de ocupación y ocio no las decidimos personalmente.

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Volvemos a Mildred Hayes, interpretada por una soberbia  Frances McDormand, en una de las mejores caracterizaciones de su ya dilatada carrera. Nuestra protagonista es una madre, o exmadre (ya hemos citado en otras ocasiones que dicha palabra ni siquiera existe en nuestro diccionario). Su hija Angela fue violada, quemada y asesinada, qué importa el orden, meses atrás. Como dio la terrible casualidad de la inexistencia de pruebas evidentes para la persecución de o de los culpables, y ni se trataba de la hija de un policía o de un banquero o político influyente, las fuerzas del orden no han avanzado ni un paso en la investigación. Tampoco parece que estén por la labor. (¿Qué pereza, no….?).

Con este arranque, el director británico nos lleva de viaje por demasiados frentes, aunque prácticamente todos ellos retratados de una forma excelente. El autor no necesita recurrir a maniqueísmo alguno para columpiarnos por la venganza, el racismo, la incompetencia, homofobia, adicciones, violencia natural o machista; también por la ira, por la búsqueda de la justicia, la nuestra, fuera de las instituciones, por analfabetos, anormales, por miradas y tratos de desprecio hacia minorías desfavorecidas (enanos, bizcos u obesos). Y sobre todo ello, esa madre “coraje”, cuyo mismo calificativo ya nos pone los pelos de punta. ¿A quién nos estamos refiriendo sino a aquel progenitor que destrozado por haber sido golpeado con algún delito atroz cometido a alguno de sus hijos, introduce la venganza como eje de su existencia? Y aunque actúe sin compañía de otros u otras, le rodea cierto halo de compasión y también de comprensión.

El largometraje se disfraza de un indudable tono irónico, lo que probablemente haya acercado a parte del  público, ajeno a estas sutilezas cinematográficas; unos espectadores que hasta ríen con lo abominable, por mucho que se disfrace de sarcasmo o humor negro. La obra, personalmente, nos ha provocado tristeza y emoción al mismo tiempo, en su maestría por mostrar miserias varias, sin caer en benevolencias. No termina habiendo malos y buenos. Si dichos caracteres extremos no se encuentran en la realidad, ¿por qué buscarlos en la  expuesta en pantalla? Triste destino nos espera cuando tenemos la escopeta cargada por si acaso nos “joroba” nuestra madre, incendiamos lo que haga falta, y ya veremos lo que decidimos sobre el destino de quienes resolvamos que son culpables de lo que nos parezca. Eso sí, esto último, por supuesto, sin previa acusación legal, procesamiento, juicio o condena. Parece que la máxima “más vale tarde que nunca”, pero a lo bruto, es lo que ha calado con la educación recibida en la infancia.

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La película, a pesar de caracterizarse por su ritmo acelerado, también sabe detenerse cuando lo cree necesario para que situaciones o sentimientos perforen de lleno en las entrañas del espectador. Ya hemos comentado la excelente interpretación de Frances McDormand, pero las demás actrices y actores también responden con eficacia al reto de sus personajes. Y tampoco hay que perderle la pista a una banda sonora, muy variada, que merece escucharse con detenimiento. Si la primera impresión del filme es el de “ya visto”, nada más lejos de ello en cuanto el mismo avanza y consigue sorprender con su paquete delirante, siempre sorpresivo en los punzantes virajes que nos va deparando un guion envenenado.

Con todo eso y mucho más nos encontramos en Tres anuncios en las afueras. Policías, dentistas, clérigos, periodistas, exmaridos consolándose con carnes prietas…; ninguno de ellos defrauda. Un simple trío de carteles arrancan la mecha de  una bomba atómica, a la que parece que ya nos vamos acostumbrando. ¿Alguna otra salida para que este tren se detenga? La locura de violencia, racismo y venganza ya ha recorrido demasiado camino, sin que parezca que haya perdido ni un ápice de energía. Claro, en definitiva, no hay que perder de vista que este western actual, al menos en su obsesiva y racista persecución con ira y hacia la venganza, ya tiene unos antecedentes muy diáfanos, entonces con protagonista masculino, en la obra de John Ford, con su Centauros del desierto (The Searchers, 1956). Intolerancia, desprecio, amargura y violencia, tras más de cincuenta años en los que parece que no hemos aprendido nada.

Tráiler:

https://www.youtube.com/watch?v=mder9JJPxMc

Ficha técnica:

Tres anuncios en las afueras (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri),  Reino Unido, 2017.

Dirección: Martin McDonagh
Duración: 112 minutos
Guion: Martin McDonagh
Producción: Coproducción Reino Unido-Estados Unidos; Blueprint Pictures. Distribuida por Fox Searchlight
Fotografía: Ben Davis
Música: Carter Burwell
Reparto: Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell, Caleb Landry Jones, Lucas Hedges, Peter Dinklage, John Hawkes, Abbie Cornish, Brendan Sexton III, Samara Weaving, Kerry Condon, Nick Searcy, Lawrence Turner, Amanda Warren, Michael Aaron Milligan, William J. Harrison, Sandy Martin, Christopher Berry, Zeljko Ivanek, Alejandro Barrios, Jason Redford, Darrell Britt-Gibson, Selah Atwood

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