Críticas

Reducción a la nada

Teorema Zero

The Zero Theorem. Terry Gilliam. Reino Unido, 2013.

Cartel de la película Teorema ZeroDe sobra conocida es la carrera y el universo de uno de los grandes de los Monty Phyton. La personal visión de la vida, de la filosofía y del arte del cine de Terry Gilliam le ha mantenido siempre en el candelero como uno de esos directores que aportan algo muy valioso de sí mismos en todos sus films. Su estética barroca e hilarante y las tramas surrealistas y ambiciosas, le mantienen ajeno a la línea de la indiferencia, abundan tanto las críticas positivas como las negativas, no suele haber acuerdo. Punto positivo de esta falta de consenso es la expectación que se genera tras el anuncio de una película suya: ya seas seguidor o detractor, siempre se sabe que el estreno no dejará indiferente a nadie.

En mi caso, me presenté ante Zero Theorem como habitual seguidor de esa personalísima estética que Gilliam plasmó con especial ahínco en El imaginario del Doctor Parnassus (The Imaginarium of Doctor Parnassus, 2009) o en Las Aventuras del Barón Münchausen (The Adventures of Baron Münchausen, 1988). El británico es, además, director de dos obras cumbre de la “ciencia ficción distópica”, Brazil (1985) y 12 Monos (12 Monkyes, 1995), ambas piezas clave de la llamada “estética ciberpunk” popularizada en el ámbito cinematográfico por la celebérrima Blade Runner (Ridley Scott, 1982).

Visto el tráiler y reconocidas las señas de identidad del director, uno respira hondo y abre la mente, expectante ante Teorema Zero, la que promete ser otra brillante fantasía futurista del creador de Brazil, para descubrir, después de algo más de hora y media, que te has quedado frío.

Fotograma de Zero TheoremEn, algo así como un presente/futuro distópico, Mancom es una omnipresente empresa controlada por la misteriosa y poderosa Dirección, que se dedica a ¿tratar de dar sentido a la vida de la gente? Entre su plantilla se encuentra Qohen Leth, un excéntrico matemático/informático al que se le encargará la resolución del aparentemente irresoluble “Teorema Zero”, cuya respuesta se supone que explicaría el significado de la vida y del universo. Durante este trabajoso proceso, la vida del informático se verá sacudida por varios pintorescos personajes que… bueno, ¿le ayudarán a descubrir algo que desconocía sobre sí mismo?

A primera vista el argumento de la película resulta totalmente fallido: no se llegan a entender los pormenores de la trama, las escenas se desarrollan sin aparente valor argumental, y la conclusión, que se supone que es una llamada directa al intelecto del espectador, aparece vacía e insustancial tras noventa minutos intentando seguir una historia que no avanza ni divierte, ni incita a la reflexión, ni presenta significados ocultos que hay que ser muy listo para identificar.

La confusa historia del guionista Pat Rushin, nos retrotrae directamente a 12 Monos y Brazil. Teorema Zero es una inadecuada vuelta de tuerca a todo ese amasijo de ideas y reflexiones que componen la trama de esas dos grandes obras: el sentido de la vida y del universo, la cordura, el dominio de las máquina sobre la vida del hombre, la sociedad de masas… todo ello enfocado hacia una total y absoluta NADA que, efectivamente, acaba en nada.

Todo el aparato visual de la película se desinfla ante un guion flojo y pretencioso. El propio Gilliam reconoció en la presentación del film en el Festival de Venecia de 2013, que este había sido el proyecto con el que menos presupuesto había contado en toda su carrera. La reducción de presupuesto tiene consecuencias visibles en el departamento de arte del film que más o menos capea con éxito, llama la atención la estética horror vacui de los decorados “artesanales” y los interesantes cambios de iluminación, entre los rojos del interior de la casa de Quohen y el azulado exterior, factores que otorgan un interesante diseño de producción y fotografía que por desgracia no compensan el desfavorable guion.

Teorema Zero - EscenaEn lo que se refiere al reparto: Quohen, el protagonista, está interpretado por un muy correcto Cristopher Waltz, al cual se le reconoce el esfuerzo y las ganas, teniendo en cuenta que está muy alejado de los papeles de elegante y mordaz secundario que tantos éxitos le está reportando. Es una pena que, para una vez que toma el papel protagonista, el guion no le acompañe. El personaje al que da vida el austriaco es aburrido y poco grato, no lo salva ni una buena interpretación. Más afortunada ha sido la francesa Mélanie Thierry, que aparece interpretando a Bainsley, quizás el personaje más atrayente y con más “chicha” de la cinta.

Es una pena concluir que esta película en su conjunto es un fracaso, pero así es. Ni el reparto, ni el diseño de producción, ni el equipo de arte, ni la mano del avezado director sirven para remontar un guion farragoso y falto de interés. Es seguramente la peor película de Gilliam, una auténtica lastima. ¿Conseguirá el británico redimirse con The man who killed Don Quixote, esa obra que tuvo que abandonar tantas veces desde 1998 y que por fin parece que va tomando cuerpo?

Trailer

Ficha técnica:

Teorema Zero (The Zero Theorem),  Reino Unido, 2013.

Dirección: Terry Gilliam
Guión: Pat Rushin
Producción: Nicolas Chartier, Dean Zanuck
Música: George Fenton
Reparto: Christoph Waltz, Mélanie Thierry, David Thewlis, Lucas Hedges

Eduardo de Andrés Aguilar

Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

3 comentarios para “Teorema Zero”

  1. Guillermo

    No comparto tu crítica para nada. El Teorema Zero es la más profunda investigación que Terry Gilliam haya realizado sobre la condición humana. Toda la película gira en torno al alma perdida de Qohen. Creo que no la entendiste.

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  2. Andrea

    Concuerdo totalmente con el escritor del artículo, la película es vacía tanto en argumento como en el guión.

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