Robocop 2014Lograr un buen remake es desarrollar potencialidades no concretadas en el filme original y hacer de la película expresión de un autor. Es algo que traté de demostrar en un artículo de EL ESPECTADOR IMAGINARIO de junio de 2010, y es la razón por la cual el Robocop de José Padilha (2014) no es una buena versión del clásico de culto de Paul Verhoeven (1987).

El desarrollo de Robocop tiene un elemento meramente cuantitativo en el filme del director de Tropa de Élite (2007): el policía cyborg sigue siendo uno, pero los robots a los que se enfrenta se multiplican por obra del avance de la tecnología de efectos especiales. Desapareció, en cambio, el ácido humor de Verhoeven, en cuya película el prototipo, que manifiesta su fracaso al coser a tiros a un ejecutivo de Omnicorp, llora como un bebé al tropezarse en las escaleras. Esa es una diferencia esencial entre ambos filmes. Otra es que el cineasta brasileño no sazonó su película con falsos comerciales, como el holandés.

Escena de RobocopEl escritor de la versión de este año se rompió la cabeza intentando indagar en los problemas filosóficos que podría plantear el cyborg. Si en la versión original es la memoria la que hace recuperar al hombre-máquina su identidad como Alex Murphy, el primer guion por el que Joshua Zetumer recibe el crédito se extiende previamente en el problema de la capacidad de tomar decisiones. Eso sería lo distintivo del ser humano, pero constituye una desventaja con respecto a los robots, en términos de eficacia. Eso tiene como correlato en la historia una progresiva deshumanización de Murphy para hacerlo competitivo con las máquinas, y una mayor presencia de su rostro descubierto y de la relación del policía cyborg con su familia, en comparación con el Robocop de 1987.

Esa especulación es la base de otra política. En el mundo del Robocop de 2014 el empleo de máquinas para combatir el crimen se ha extendido por todo el mundo, como consecuencia de un esfuerzo estadounidense de “cooperación” en la pacificación, que ha llegado incluso a un Irán rocambolesco de terroristas islámicos suicidas. En Estados Unidos, sin embargo, una ley impide su uso, promovida por el senador Hubert Dreyfuss con el argumento de que el trabajo de la policía requiere decisiones que sólo deben tomar seres humanos con conciencia. El cyborg de Omnicorp tiene como principal fin hacer que cambie esa tendencia “robofóbica”, como la llama el presentador de televisión Pat Novak (Samuel J. Jackson), para que se abra el mercado de la seguridad más lucrativo del mundo.

Fotograma de la película Robocop (2014)La base de esa fantasía paranoica pareciera ser el cada vez más extendido uso de vehículos controlados a distancia, o drones, en las operaciones militares estadounidenses en el exterior, así como los avances en la tecnología robótica. Pero el resultado puede resultar fascinante como una espectacular teoría conspirativa, no como una indagación seria en los problemas actuales de la lucha contra el crimen, salvo por lo que respecta a la advertencia sobre eventuales estafas de las empresas promotoras de los robots. A eso se añade un elemento cortado a medida de Padilha: la corrupción policial en todos los niveles.

En todo caso hay otra característica del cine del realizador brasileño que se destaca más, y marca otra diferencia fundamental con el filme de Verhoeven. Se trata de su estilo de cámara en mano, que según Padilha proviene de su formación como documentalista y que se combina con planos de evidente inspiración en los llamados videojuegos de disparos en primera persona. Para ello cuenta con la colaboración del director de fotografía de Tropa de élite y Tropa de élite 2 (2010), su compatriota Lula Carvalho. En el montaje participó otro brasileño: Daniel Rezende, que también trabajó en esos dos filmes y en Ciudad de Dios (Cidade de Deus, 2002) de Fernando Meirelles, por el que estuvo nominado al Oscar.

Remake de RobocopEse estilo impresionista evoluciona en Robocop hasta llegar a un punto en el que se trasciende: la representación se diluye en imágenes que básicamente tienen valor plástico por la oscuridad, los colores de la luz y el movimiento en una secuencia de sistemas de visión nocturna, para darle ese toque “estético” a un tiroteo que deja el piso cubierto de cadáveres y casquillos de bala. Es en esa parte en la que Padilha hace su aporte principal a lo que hasta ahora había sido la violencia espectacular de su cine. Los saltos que permiten al cyborg colocarse encima de los robots para destruirlos podrían darle, además, la visa para hacer mejores filmes, después de este debut en la industria de Hollywood.

Tráiler:

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LA MIRADA DEL OTRO