Festivales 

Rotterdam Film Festival 2018

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Tres ideas se expresaron con una mayor fuerza, aunque sea por una mera cuestión de repetición entre varias películas, en ese gigantesco evento que se convierte el Festival de cine de Rotterdam. Un evento que no solo se limita a proyectar películas, sino que intenta hacer de la proyección algo más que una experiencia. Así, este año, integrarla en el sueño de aquellos asistentes que reservaron habitación en el Sleep Cinema Hotel, es algo que vino de la mano del director tailandés Apitchatpong Weerasethakul. La propuesta consistió en un montaje de imágenes que se proyectaban por la noche, mientras las habitaciones eran camas situadas unas encima de otras, sin que realmente hubiese una división que diese forma a lo que entendemos por habitaciones, y todo el espacio podía entenderse como una única habitación. Así, la orientación de las camas era hacia la pantalla de cine y, a partir, de las diez de la noche, durante diferentes noches, los asistentes pudimos asistir a la selección de imágenes realizada por el director tailandés.

Sobre las tres ideas citadas anteriormente, la primera de ellas tiene que ver con que el festival haya optado por seleccionar diferentes películas donde el cuerpo humano se convierte en un vehículo, cuyo fin es articular un discurso que pone de relieve los males endémicos que aquejan a la sociedad (Sultry, Resurrection, I Have a Date with Spring, As boas maneiras). Se trata, por ejemplo, de advertir que los intereses políticos siguen situándose por encima de cualquier otro, sea individual o colectivo, en lugar de estar al servicio de los mismos.

La segunda idea es relativa a la maternidad (Ordinary Time, As boas maneiras) y esta se da la mano con el modo de vida por el que optamos hoy o quizás que nos imponen, al aceptar vivir en grandes ciudades. Se puede decir que el festival ha puesto de manifiesto la fisiología de las ciudades, estudiando los órganos que las componen y su funcionamiento. Este punto de vista se ha visto completado con una fuerte visión antropológica que mostró, por ejemplo, uno de los títulos premiados del certamen, Azougue Nazaré, de Tiago Melo. La película persevera en un intento de mostrar un fondo menos visible del que aparenta y se revela casi como un ensayo sobre costumbres culturales y manifestaciones sociales de un pequeño pueblo de Brasil, ubicado cerca de Recife, llamado Nazaré de Mata. En las antípodas hubo títulos que, con una mirada hacia lo espiritual o hacia una vida ajena a rascacielos, cemento y hormigón, consiguieron devolvernos un bello retrato sobre el proceso creativo en el cine. Este es el trabajo de Antón Corbal en Santos #2 Work in progress, un cine muy intuitivo, genial híbrido que busca socavar en un paisaje montañoso para averiguar cómo la profundidad de campo todavía no ha agotado sus posibilidades narrativas.

Y, por último, sobre el predominio de cine experimental, la tercera idea tiene que ver con la continua reflexión sobre la naturaleza de la imagen y cómo esta sirve también de espejo para mostrar nuestra historia y comportamientos. Se trata de recuperar el pasado y reconstruirlo a partir de material encontrado o creando material nuevo que emule el de una determinada época. El debate sobre la representación se vuelve a asomar aquí. Pero, en cualquier caso, el festival ha apostado por la edificación del pasado (véase la sección programada bajo el título A History of Shadows), con la visión del presente, de modo que la distancia que media entre ambos permita entender otros aspectos y que abra nuevos caminos (Aliens, La película inifinita, Interregnum). De este modo, el cortometraje Interregnum, de Andrea Paci, habla de la muerte de Jefes de Estado de diferentes países, tanto occidentales como orientales, y de lo que supone para las personas a las que han gobernado. Para ello, muestra el gran pesar que causa, entre muchos de los habitantes, su muerte. Cabezas agachadas, lágrimas, personas que apenas se sostienen de pie. La película se convierte en un desfile de gente que hace cola, espera, con el fin de pasar por delante del cuerpo del Jefe de Estado en cuestión. Sin embargo, sería interesante pensar por un instante qué ha hecho para llegar hasta ese punto. ¿Qué significa esto? ¿Por qué se produce ese efecto? Lo que Andrea Paci parece querer decirnos es que la onda expansiva del poder va más allá de la vida y es capaz de seguir expandiéndose, incluso después de la muerte. Este es un buen ejemplo de representación y de cómo, el fuera de campo, tiene un enorme potencial.

 

HIVOS TIGER AWARD

The Widowed Witch , de Cai Chengjie

The Widowed Witch

The Widowed Witch es la ópera prima del director chino Cai Chengjie, ganadora de esta edición del festival de cine de Rotterdam. Cai Chengjie renunció a su puesto de trabajo en la televisión estatal de su país (China Central Televisión –CCTV–) para convertirse en un director de cine independiente. No obstante, es conveniente aclarar que el origen de este proyecto llevaba por título Shaman, una versión más larga de la película proyectada en Rotterdam, cuyo metraje alcanzaba los 140 minutos de duración, por los 120 minutos con que se ha estrenado en Rotterdam. Presentada en el Xining FIRST Film Festival, un certamen que se celebra en China, y que ha conseguido distinguirse con valentía dentro del cine independiente de aquel país, Shaman tuvo una gran acogida, alzándose con el premio al Mejor Largometraje y al Mejor Director. Después, Cai Chengjie se encargó de recortar, volver a montar y subtitular la película, quedando lista, tras su selección definitiva, para su estreno mundial en Rotterdam.

Er Hao (Tian Tian), después enviudar por tercera vez, al perder a su marido tras una explosión en la fábrica de fuegos artificiales y vivir una experiencia traumática, decide emprender un viaje por la China rural, como si esta fuese la única vía de escape que le quedase. La película fue rodada en nueve días después del Año Nuevo chino, y el director trabajó sin actores profesionales, por lo que debían coger vacaciones, para que una vez concluido el rodaje, pudieran volver a sus trabajos habituales.

Er Hao, la protagonista, se ve obligada a emprender el camino, lo que se convertirá en una aventura, por la China rural con el hermano mudo de su marido recién fallecido, después de ser violada en la tercera secuencia de la película por su cuñado. Fue rodada en un ratio aspect de 4:3, con predominio de planos fijos y más bien escasos movimientos de cámara, así como en su gran mayoría en blanco y negro, con momentos muy puntuales, en los que hace uso del color o lo introduce en un objeto sobre la imagen en blanco y negro.

Sin ser tampoco la mejor película proyectada en esta sección, se puede llegar a entender por qué ha sido premiada y, en un contexto como el del festival de Rotterdam, es algo que favorece al cine. En The Widowed Witch hay muchos momentos  en los que impera un tono de comedia que cristaliza tan solo en un espejismo, solo genera empatía con la protagonista. La creación de situaciones desde el absurdo es una técnica de reclamo del director, pero tampoco le sirve para terminar de afianzar y dar mayor solidez a una historia que, en muchas ocasiones, parece diluirse. No obstante, hay aspectos que la avalan. Asombra el tratamiento que recibe la idea de la superstición y cómo sirve para enmarcar y contextualizar el ambiente rural propuesto. Pensar que la protagonista se convierta en una bruja con superpoderes vendría a ser reflejo de la situación cultural y económica de esa zona del país chino hacia la que se mira.

 

Djon África,  de Joao Miller & Filipa Reis

La dificultad de diferenciar  el documental de la ficción cada vez más imperante en el cine es algo que en muchas películas se logra, acercándose a esta idea, más desde un lado que del otro. Hay films que lo hacen desde el lado del documental y otros, como el que nos ocupa, lo hace mirando desde el lado de la ficción. Por este motivo, es difícil saber distinguir si la pretensión de la película de Joao Miller & Filipa Reis pudo ser, incluso, la confección de un retrato de una parte de la isla de Cabo Verde, con independencia de que hubiera por detrás hubiera otra idea que sostuviese la película.

Los directores contaron con el trabajo de Vasco Viana en la dirección de fotografía, cuyo trabajo se aprecia de un modo relevante en el modo de fotografiar los atardeceres y captar esa luz crepuscular que añade un tono nostálgico, melancólico, a la película. Igual que el modo de fotografiar la noche  con un gran naturalismo. Así, Djon África retrata la búsqueda del padre, al que el protagonista, Miguel, no conoce, para encontrarse a sí mismo, y desde la ficción, se disfraza también de documental, adoptando la forma de una road movie, para alcanzar el justo equilibrio con un frágil carácter existencial. Todas estas formas muestran una película camaleónica, capaz de adaptar múltiples formas y registros, con ricas lecturas. Sus directores fueron documentalistas y este viene a ser el modo en que siguen avivando el fuego sobre las posibilidades del cine, por ese carácter de exploración que parece haber en sus imágenes, más allá de ciertos convencionalismos que se puedan encontrar en algunos momentos. Una de las mejores películas de esta edición del festival de Rotterdam.

 

Sultry, de Marina Meliande

Sultry

En el film de Marina Meliande resuenan los ecos de Aquarius, de Kleber Mendoça Filho, pero la directora ha sabido dotar de personalidad su obra como para mantener la suficiente distancia con respecto a aquella. Esta idea surge de dos modos diferentes. Primero, una ciudad que, como personaje, aspira a evolucionar, a crecer, mientras se encuentra en manos de políticos o de intereses privados o empresariales. Segundo, la resistencia de sus habitantes, a través de ese coto privado, infranqueable, que es la vivienda de cada uno, la parcela que cada uno posee, y pareciera que es el único espacio íntimo con que se pudiera identificar. La película aborda desde el punto de vista de la llegada de las Olimpiadas a Río de Janeiro la mutación de la ciudad y lo que supone vivir en este tipo de espacios. La ciudad genera hostilidad y esto parece mostrar personajes que viven solos, independientes, aislados del mundo que les rodea. Sin embargo, parece que esta hostilidad les hace tomar conciencia y se produce el acercamiento entre ellos. Fantástico retrato, no exento de gran tensión, sobre del modo en que los desarrollos urbanísticos quiebran comunidades en ese proceso incesante de transfiguración, frente a lo cual, lo único que queda es la resistencia.

 

The Reports on Sarah and Saleem, de Muayad Alayan

Una película que retrata la infidelidad de un modo bastante abierto y descarnado, con el conflicto palestino-israelí de fondo, que se convierte, tras varios giros, en algo que recuerda a Con la muerte en los talones. Uno de los hallazgos de la película es presenciar el modo en que la ciudad de Jerusalén se encuentra dividida y cómo, en el fondo, es prácticamente inevitable esquivar el conflicto, presente en todo momento en la ciudad y usado como un arma arrojadiza implacable. Una película con una mirada hacia la ética, que permanece ajena a intereses personales, creando unos personajes honestos. Mención Especial del Jurado en el Festival y otra de las mejores películas de esta sección, por su apuesta humanista para reflexionar sobre el conflicto sin perder la racionalidad.

 

Possesed  / Metahaven (Vinca Kruk & Daniel van der Velden) and Rob Schröder

Los directores de Possesed han realizado un film a partir del cual construyen una idea, desde un lado menos narrativo, que el resto de las películas de esta sección oficial. La película adopta la forma de ensayo para realizar sentencias del tipo de que nada sobrevivirá al colapso de las redes. Imágenes de ciudades derruidas, otras en que hombres y mujeres se marchan de su país con sus maletas a cuestas. La película se abrió con el vertido de un líquido sobre móviles, el líquido arde y esta es una de las ideas centrales. La idea viene a ser el modo en que nos relacionamos a través de las redes sociales, la función y el lugar central que ocupan en la actualidad y cómo se debería buscar otras alternativas a este modo de relación. La idea sobre la imagen que cada uno crea y el modo en que estar fuera de ahí, supone no existir.

 

Piercing, de Nicolas Pesce

Piercing

Estrenada prácticamente a la vez que en el festival de Sundance, este thriller, basado en la novela de Ryu Murakami, narra la noche de Reed (Christopher Abbott), cuyo plan después de despedirse de su esposa y su bebé, es alojarse en un hotel y pedir un servicio para que venga una prostituta con el fin de asesinarla. Con este planteamiento inicial, la película podría pensarse desde un punto de vista onírico, al transcurrir durante una noche y mostrarse numerosos pasajes en los que el personaje sueña o recuerda.

Si hubiera que delimitar qué sucede en esta película, quizás, el mejor modo de expresarlo sería desde la idea de la tensión sexual que Pesce genera entre ambos. Esta tensión nunca queda resuelta y este es el principal aspecto que dignifica una película claustrofóbica, que recurre a la violencia como si esta fuese la única salida y el mejor modo de decirnos que el amor o el sexo son pura violencia, o como si, en el fondo, lo que Reed hubiese contratado hubiera sido un servicio de sadomasoquismo.

 

I have a date with spring, Baek Seungbin

Un director de cine se ha retirado al campo a escribir el guion de su nueva película. Hace diez años que no filma nada. Un día, de repente, en el proceso, aparece una mujer acompañada de otras tres personas. Se interesa por él, a quien conoce y le pregunta. Termina deduciendo que está escribiendo el guion de su nueva película. Le pide que se lo cuente. El desarrollo de la película se basa en tres historias independientes que hablan sobre la valentía y el coraje (tercera), sobre el agobio del día a día (segunda), y sobre las fantasías que nos ocupan y el modo en que se nos vienen encima (la primera).

Las tres historias están planteadas en primera persona y nacen de situaciones muy diferentes, aunque mantienen como nexo común en todos los casos, al igual que el director de cine que escribe, su cumpleaños y la idea del fin del mundo, por lo que se muestran desde ese prisma. Hay otros elementos en común. Las tres muestran de una forma determinada las relaciones paterno – filiales. De uno u otro modo, la película habla del seno familiar y de los problemas que el director ve en esa sociedad, bien entre los jóvenes, bien de los padres con sus hijos.

Un atractivo planteamiento con el que Baek Seungbin ha sido capaz de transformar las palabras y pensamientos en situaciones que expresan ideas sobre la angustia y nos hablan de la rutina, la soledad, como principales temas que parecen preocupar a su director. El autor parece moverse como pez en el agua y mantiene un pie de forma continua entre lo cotidiano y otro, en lo sobrenatural, en este viaje hacia el horror que ha conseguido llenar de cierta naturalidad. La idea es que todo parece estar en la mente de los personajes y parece haber una delgada línea que no permite distinguir si estamos en algo imaginado, proyectado por el personaje desde su mente o en una situación real. La película vendría a decirnos que cambiar nuestro punto de vista sobre la vida no es fácil, pero la mirada puede ser proclive a ello, motivo por el que se decide cambiar el título de la película que el director está escribiendo.

 

Nervous Translation, de Shireen Seno

Nervous Translation

Es curioso, pero hay algunos momentos en el estilo de la directora filipina Shireen Seno, en los cuales parece haber captado, incluso haberse apropiado de un modo inconsciente, de la misma mirada de Víctor Erice. Los momentos de soledad de Yael (Yana Agoncillo), la pequeña protagonista, el reloj que suena de forma permanente, los encuadres de aspectos muy concretos, mediante planos detalle, los movimientos descriptivos de la cámara… parecen recordar a ese cortometraje que el director español rodase en 2002, titulado Alumbramiento.

Ambientada en Filipinas, hacia finales de los años ochenta, cuando el país intentaba adaptarse tras la revolución popular, Nervous Translation es un fascinante retrato sobre la infancia, donde una niña de corta edad, que pasa muchas horas en soledad, se relaciona con su entorno, intentando imitar comportamientos de mayores, como cuando fríe algo, por ejemplo, en una cocina de juguete muy pequeña. Una historia en la que el fuera de campo vuelve a tener una gran influencia, por el contexto histórico y, además, por la ausencia de su padre que trabaja fuera del país y envía casetes que ella escucha una y otra vez.

Para Shireen Seno, filmar parece haberse convertido en una cuestión relativa a captar el detalle de un mueble viejo, de una radio. El punto de mira se pone en la rutina diaria entre madre e hija, y en la soledad de esta última, convirtiéndose en el retrato de un estado en el que ambas parecen dejarse llevar por el tiempo, cuyo paso viene bien marcado por ese reloj que suena de un modo constante.

No se debe olvidar ni pasar por alto a Shireen Seno por el gran potencial que muestra y la prometedora carrera que tiene por delante.

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