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Oscars 2018

Oscars 2018

Una vez más, con la entrega de los premios Oscar presentamos y celebramos la incorporación de nuevos colaboradores de EL ESPECTADOR IMAGINARIO: los cursantes del Máster en Crítica Cinematográfica que dicta AULA CRÍTICA.

Ya hemos dicho en varias oportunidades que hay muchos eventos más importantes que este, pero no tan populares, sobre todo porque llega a las pantallas de nuestros países en Europa y América Latina, de donde procedemos los que formamos parte de esta revista.

Cada uno de los nuevos colaboradores ha escrito un breve comentario sobre el evento de la Academia y le ha dedicado dos reseñas a películas nominadas.

Los invitamos a leerlos…

 

El canon académico

Martín Paradelo

A estas alturas poco puede sorprender que los premios otorgados por una Academia, sea del tipo que sea, puedan tener poco que ofrecer como garantía de calidad. Como toda Academia, la que otorga los Oscar no puede dejar de premiar aquellas obras que mejor reproducen el canon que ella misma establece. Es decir, la lista de premiados habla más de la propia institución que de las obras en sí.

Y tampoco puede culparse a la Academia por esto. Sigue sus propias normas, lo cual es lógico, por lo que en todo caso serán estas normas las que deban ser sometidas a crítica. Pero tampoco puede pasarse por alto que las academias no solo sancionan lo que consideran más o menos adecuado, sino que por su posición dominante establecen patrones, sancionan formas y crean gustos.

¿Es, entonces, relevante o no que los patrones que sigue permanentemente la Academia sean los de la ideología dominante? Digamos que sí, que es relevante, que limitar los discursos que llegan con facilidad al público es una forma de reproducir una concreta ideología y una forma social determinada. El cine no cambia el mundo, pero puede ayudar a que sea más difícil hacerlo. Y no es casualidad que, año tras año, las películas nominadas y premiadas sean tan poco críticas, se coloquen tan cerca de lo dominante o sean artefactos de recuperación sistémica de determinados discursos “peligrosos”.

La sintonía formal con el canon académico es algo que se presupone en los filmes seleccionados, nadie pide que un film como Columbus, el hermosísimo debut de Kogonada en la dirección, se cuele triunfal en la gala de los Oscar, pero ¿es posible que obras como The Meyerowitz Stories o Detroit no tengan sitio? Pues parece que no, que un año más los Oscar son una oda a lo normativo, en todos los sentidos.

 

La decadencia de un prestigio

Misael Trujillo

Una vez más, como cada año, vuelven los premios más famosos de la industria cinematográfica. Todas las personas, dentro y fuera del mundo del cine, conoce los Oscars. Son, tras los eventos deportivos, el acontecimiento más seguido del planeta. Sin embargo, su popularidad no concuerda con la excelencia que gozaba hace ya muchos años. La ceremonia de los premios de la Academia de este año será la número 90 de un certamen, desgraciadamente, muy politizado y hermético, que lentamente abre las puertas a todo y a todos aquellos que, no hace mucho tiempo, las tenían cerradas. Esto se puede apreciar analizando la lista de nominados, en la que destaca la cifra record en representación de género y raza (Jordan Peele, Guillermo Del Toro, Greta Gerwig, Yance Ford, Rachel Morrison, Dee Rees, etc). Dicha apertura se debe a las numerosas presiones de diferentes colectivos sociales, a los enormes escándalos que han envuelto a grandes estrellas y a la diversificación del jurado que otorga los premios.

Los responsables de los Oscars parecen esperar a encajar los golpes para realizar cambios y evolucionar en un mundo que avanza progresiva e inexorablemente hacia la tolerancia y el respeto. Sin embargo, esta evolución áspera y tardía no es suficiente para combatir el detrimento del prestigio de unos premios que antaño eran el faro y el anhelo de todo artista cinematográfico. Han visto cómo otros galardones le han igualado en popularidad e incluso en calidad. Solo los nostálgicos y la maquinaria propagandística estadounidense hacen que los Oscars mantengan su halo de misticismo. Esta caída se viene gestando desde hace varias décadas, donde premiaban a razón del dinero invertido o la publicidad suscitada.

Para los amantes del cine, solo nos queda la esperanza de que vuelvan esos galardones que distinguían a Amadeus (1984) o Sucedió una noche (1934) por su enorme calidad artística y no a Shakespeare In Love (1998) y a Titanic (1997) por presiones de las productoras, cuando competían con películas de la talla de La vida es bella (1998) y Salvar al soldado Ryan (1998) o con El indomable Will Hunting (1997) y Mejor… imposible (1997).

 

 Los escándalos en la alfombra roja

Oscar Balleza

La industria cinematográfica atraviesa uno de los episodios más aberrantes de su historia. Un año marcado por una ola de denuncias de abuso sexual, que originaron el movimiento #Metoo (Yo también), integrado por mujeres víctimas que buscan contar sus terribles experiencias y que mantuvieron el silencio por miedo.

También se han unido actrices que han simpatizado con este movimiento y han hecho manifestaciones al respecto. Todavía recordamos a Natalie Portman cuando anunció la terna para mejor director en la pasada entrega de los Globos de Oro y mencionó: “Todos hombres”.

Así, en este marco, llega la edición número 90 de los Premios Oscar.

Se sabe que muchos de los publicistas detrás de la organización de esta ceremonia han recomendado evitar el tema en el evento e incluso preparan respuestas políticamente correctas ante alguna manifestación imprevista. En tanto, hay asesores de imagen que sugieren no ignorar o ser indiferentes de estos acontecimientos.

Lo cierto es que la entrega del Oscar 2018 ya tuvo sus primeros afectados.

El actor Cassey Affleck, ganador como Mejor Actor en 2017 por Manchester by the Sea, determinó no asistir a la ceremonia por las denuncias de acoso sexual en su contra, originadas en 2010. Con esto, se rompe la tradición de que el ganador a mejor actor de la edición anterior entregue el premio a la mejor actriz del año en curso.

Tras ganar un Globo de Oro como mejor actor de comedia y convertirse en favorito para competir por el Oscar a mejor actor, James Franco quedó fuera de las nominaciones por The Disaster Artist, luego de que lo denunciaran en Twitter por comportamiento sexual inapropiado.

Desde luego, el productor Harvey Weinsten y el actor Kevin Spacey han quedado fuera de la ceremonia por sabidas razones. Y, en tanto se decide cómo abordar el tema en la ceremonia, las mujeres, con su trabajo, se han apoderado de fuertes categorías.

Son tiempos de denuncias por abuso sexual, pero también son tiempos de ponderar el trabajo de las mujeres en la industria cinematográfica. En lo personal, espero que predomine lo segundo.

 

 A los 90, Oscar mira a las mujeres

Elizabeth Rojas

Tres de las películas nominadas para esta edición, La forma del agua, de Guillermo Del Toro, Tres anuncios por un crimen, de Martin McDonagh, y Lady Bird, dirigida por Greta Gerwig, son historias -protagonizadas por mujeres- de valentía, de coraje para nadar contra corriente y salir airosas en el intento.

En el largometraje de Del Toro, Eliza –magníficamente encarnada por Sally Hawkins, también nominada como actriz principal–, contra todo pronóstico, pasa de ser una muda empleada encargada de la limpieza a retar al poderío militar y salir triunfante, llevándose, además, el trofeo de un amor inusual, como ella.

En Tres anuncios por un crimen es Mildred Hayes –a cargo de una Francis McDormand que desborda maestría actoral y ostenta otra nominación en la misma categoría– quien se enfrenta de una manera más que original a las incompetentes autoridades locales para impedir que el abominable crimen cometido contra su hija quede sin castigo.

Lady Bird, con una versátil actuación de Saoirse Ronan que la hizo acreedora de su respectiva nominación, presenta la épica transición de una adolescente en su último año de escuela y el ingreso a la universidad, en medio de una lucha feroz –e hilarante a ratos– con su omnipresente madre, para encontrar su propio camino e identidad. Y Gerwig, en su ópera prima, sabe narrar esta extrema carga de emotividad con una deliciosa sofisticación.

 

Premios Oscar

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