Reseñas 

Operación Palace

La Sexta TV, emitido el 23 de febrero de 2014.

Operación PalaceSi de periodismo arriesgado se trata, no dude en mencionar a Jordi Évole. Humorista de televisión devenido director de documentales, rompió la cuota de pantalla el pasado domingo 23 de febrero, para celebrar una fecha que es particularmente significativa para los españoles y que en su momento removió algunos temores en el resto de Occidente.

Es que aquellos que recordamos la irrupción del teniente coronel Antonio Tejero en el Congreso, cuando los diputados debatían el apoyo a Leopoldo Calvo-Sotelo, candidato de la UCD, ante la dimisión de Adolfo Suárez, no podemos olvidar la sorpresa que nos llevamos ante lo que se veía como un golpe de Estado en un país que apenas llevaba escasos años de vida democrática, luego de la eterna noche en que la sumió el franquismo. Lo que se ponía en juego era demasiado.

Este año se cumplieron 33 años de aquel día en que tambalearon las instituciones españolas.

Jordi Évole, intérprete del Follonero en la televisión, aquel personaje que ponía en duda todo lo que tuviera enfrente, convirtiéndose en un “contra” ante los personajes más acreditados, es además, humorista y guionista de televisión. En esta oportunidad, parece ser que rompió el molde al presentar un “documental” sobre el 23 F para la cadena de televisión española La Sexta.

Durante varias semanas previas a la emisión de Operación Palace, Évole venía anunciando un programa sobre el intento de golpe de Estado que no dejaría a nadie indiferente. Llegado el momento de la emisión, los televisores españoles se aprestaban a mostrar una realidad nunca antes presentada. Y así la audiencia asistió a una nueva versión del 23 F, donde se develaba que el golpe fue armado por los principales políticos, con la anuencia del Rey, para evitar un mal mayor. Es decir, todo lo que sucedió ese día había sido hábilmente orquestado. Los organizadores del falso golpe habían confiado la puesta en escena al cineasta José Luis Garci, quien se prestó a representar una ficción que llegaría a todos los españoles, ya que las cámaras estarían conectadas en un momento en que habría presentismo completo en el recinto de Diputados, debido al sensible tema que se trataría.

Operación PalaceCon material de archivo se sostienen las “verdades” que nos va develando Évole, entretejidas con los testimonios que ofrecen las personalidades involucradas en el 23 F. Y todo, o casi todo, coincide. Nos permitimos la duda en apenas un segundo, cuando en uno de los diálogos, Garci se equivoca, demostrando la mentira, y corrige lo que ha dicho… es la única sombra de duda que se arroja en la narración. Del mismo Garci es otra línea del libreto que permite saber para dónde va el programa: “lo que no sale en la televisión no existe”. Quizá allí esté el centro de lo que ha significado este falso documental.

Al final, cuando se nos ha desarmado la tesis oficial que hasta entonces habíamos consumido, y casi no salimos de la sorpresa, aparecen los títulos que informan que todo ha sido un engaño. Allí es donde Évole parte las aguas. Están los que aplauden el arrojo de este joven periodista que con su obra podría haberse hundido en el olvido y el descrédito y los que deploran que se tome un tema tan serio en broma.

Visto con los ojos extranjeros del que no se siente involucrado afectivamente, para bien o para mal, con el hecho, el falso documental no resulta ser otra cosa que una ficción. Los diálogos han sido escritos para la ocasión, las personalidades han aprendido sus líneas y las han recitado como se esperaba, la puesta en escena en el Hotel Palace ha sido diseñada como para una película más y se ha acudido al refuerzo de material documental para hacer creíble una ficción propuesta a los espectadores.

Algo así se le ocurrió alguna vez a Orson Welles, al emitir por radio la noticia de una invasión extraterrestre. Muchos se sintieron ofendidos porque se lo creyeron. Otros, lo catapultaron a la fama y a partir de allí es nombre paradigmático de la historia del cine.

Operación PalaceNo se trata de comparar, sino de tratar de entender que Operación Palace es una propuesta válida, que no solo pretende desdramatizar un hecho histórico, sino que pretende decir otras cosas, como la que literalmente propone su promoción: “¿Puede una mentira explicar una verdad?”, u otras que se dejan caer luego de ver el documental: la capacidad del poder mediático para influir en la construcción de la verdad ante la opinión pública, la necesidad del acceso a la documentación de la época, la manera de ver la historia con un viso de humor, la puesta en duda de lo que se nos cuenta…

Efectivamente armada, con testimonios creíbles de gente de renombre, personajes que no son actores pero que recitan sus diálogos con cierta convicción, y una edición que apura momentos en los que puede haber alguna grieta que debilite la argumentación o se detiene en lo anecdótico, explicando quiénes no se ocultaron tras la banca al irrumpir Tejero y sus hombres en el recinto del Parlamento.

La credibilidad del discurso está sustentada en entrevistas a personalidades como el intachable periodista Iñaki Gabilondo, responsable de dar la noticia del golpe en el único canal de televisión que había en ese tiempo; el asesor de Manuel Fraga, Jorge Verstrynge; el representante del PC, Felipe Alcaraz o el político Iñaki Anasagasti, del Partido Nacionalista Vasco, entre otros. Y lo que le permite a Évole armar una trama eficaz y creíble es, justamente, la falta de información cierta sobre los hechos acaecidos aquel 23 de febrero de 1981. Todos los espectadores sabíamos que la historia oficial adolece de credibilidad. Justamente, la credibilidad que le adjudicamos en un principio a un programa que tiene el valor de hacer una propuesta arriesgada al espectador, para luego desnudar la ficción detrás del falso documental.

 

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