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Los nuevos sin techo

Cinco metros cuadrados

A comienzos de este siglo, la burbuja inmobiliaria española se infla gracias a la complicidad de la locura urbanística y la insensatez de hipotecas laxas que reparten las entidades bancarias. El aumento constante de los precios de la vivienda pasa de ser una apuesta segura a una auténtica especulación.

Pero hace una década la crisis dio una estocada a esta gran ilusión. Fue el pinchazo mortal a un gran globo que se escurrió de nuestras manos dejando a las constructoras endeudadas y sin compradores, mientras que los bancos cerraban los créditos y sus pares más débiles empezaban a quebrar. Miles de personas, hipotecados o alquilados, padecieron la destrucción de empleo y se quedaban sin vivienda. Son los nuevos sin techo, aquellos que perdieron para siempre su propio hogar; y lo único que les queda es un cordón de deudas imposibles de cortar, convertidos ahora en pobres a perpetuidad.

El sueño perdido de la casa propia, arrasó con toda una generación, que vio esfumarse las historias felices de ascenso social y se quedó con una miserable tragedia de vergüenza. Hogares de treintañeros recién casados y familias con hijos menores de edad son los protagonistas indudables de esta fracasada historia inmobiliaria. Que bien se reflejan en la pareja de Alex y Virginia (Fernando Tejero y Malena Aleterio), en Cinco metros cuadrados (Max Lemcke, 2011); la familia nuclear de Sonia y Dani (Silvia Pérez Cruz e Ivan Massagué) junto a su hija de diez años, en Cerca de tu casa (Eduard Cortés, 2016); y la familia monoparental de Rocío y su hijo Adrián (Natalia de Molina y Jaime López), en Techo y comida (Julio Miguel del Castillo, 2015).

Así, la gran pantalla española nos presenta a héroes de un mundo ordinario, trabajadores asalariados o en paro, como consecuencia de la crisis, que son súbitamente expulsados de su cotidianidad por el empujón de una mano cercana con un rostro familiar: el amigo comercial en una constructora, Nacho (Secun de la Rosa) en Cinco metros cuadrados; el vecino empleado de banco, Pablo (Oriol Vila) en Cerca de tu casa; o el casero jubilado con el que tratamos personalmente, Gaspar Campuzano en Techo y comida. Secundarios menores, simples peones embaucadores que también han sido engañados, también endeudados y con la vida pendiente de un hilo.

Techo y comida

Mientras, constructores y autoridades, que conjuntamente inician y lucran con el negocio de la vivienda, dan la cara, en un comienzo, en los rostros de Montañés (Emilio Gutiérrez Caba) y Arganda (Manuel Morón), en Cinco metros cuadrados. Pero luego desaparecen del reparto para dejar a los bancos como grandes responsables sin rostro de las tragedias familiares en Techo y comida y Cerca de tu casa. Así, la mujer del casero se justifica ante Rocío por la conducta de su marido: “mi hijo se ha quedado en paro, tengo dos nietos, tú sabes que los bancos no perdonan”. Mientras, Pablo se ve con las manos atadas y sin poder hacer nada por su amiga de infancia, ante la directora del Banco que le recuerda que también él está hipotecado con un piso y unas vacaciones por pagar.

El inicio del declive es la historia truncada de Alex y Virginia, que compran en planos un piso con una terraza de cinco metros cuadrados con vista al mar. El detalle que hace la diferencia, para disfrutar el verano y soñar con un hogar para toda la vida. Ellos siguen los pasos de su generación que, sin saberlo, viven los últimos días de la bonanza inmobiliaria y se suman al lema de “alquilar es botar el dinero”. Así, para empezar con buen pie una vida en común, planean un banquete de boda con bogavante, que luego dará paso a un piso en propiedad, aunque sea con una hipoteca a cuarenta años.

Pero la ilusión se trunca, los meses pasan de largo, esperando el ansiado piso a estrenar y la construcción se para. El fraude se hace evidente y Alex decide luchar por la vida que soñó junto a Toño (Jorge Bosch), otro comprador embaucado, con el que comienzan a organizar las primeras acciones reivindicativas junto a otros afectados.

La familia de Virginia es, en un comienzo, el soporte a la joven pareja, como lo es, al final, la familia de Sonia. Una primera red que contiene la expulsión del hogar, ya que curiosamente la familia por la parte masculina está ausente en ambas historias. Sin embargo, como una muestra de orfandad en que nos va dejando la crisis, está el caso de Rocío,que carece por completo de lazos familiares, además de pareja. Siendo la generosidad de su vecina María (Mariana Cordero) el único afecto y apoyo, aunque insuficiente para salvarla del abismo del desahucio. Lo que, sin duda, marca la diferencia de quedar en la calle o tener un techo provisorio.

Así, Alex es el primer abanderado de la lucha por el derecho a la vivienda en la gran pantalla del cine español. Su caso exige justicia evidente, ya que pagó por su piso y se ve privado del mismo. No acepta chantajes ni propuestas alternativas, demostrando una heroica entereza que los lleva a situaciones límites, al dedicarse en cuerpo y alma a su causa. Pero la soledad se cierne sobre él. Sus compañeros de lucha se dispersan, Toño finalmente acepta una pequeña indemnización. Mientras que en plano personal queda sin trabajo, Virginia se aparta de él y roza los límites de la locura, al terminar ocupando simbólicamente el piso de muestra de su futura vivienda. Por lo que decide tomar la justicia por sus propias manos, emprender una lucha de David contra Goliat, que nos deja una historia con la consecución de un logro personal, pero al precio de un amargo sabor de boca.

No obstante, la realidad es otra, como bien lo aclara Eduard Cortés al inicio de Cerca de tu casa, al contextualizar la acción en la España del año 2007. Aquí la policía irrumpe en un hogar donde se atrinchera una pareja junto a su hija, desalojándolos violentamente y dejándolos en la calle con sus escasas pertenencias.

Cerca de tu casa

El piso de Sonia y Dani, no tiene nada de lo soñado por Alex y Virginia, ya que es una modesta vivienda en un vetusto bloque multifamiliar, igual como el de Rocío y su hijo en Techo y comida. Son los hogares reales que se destruyen dramáticamente ante los desahucios por no poder hacer frente a los pagos de una hipoteca o alquiler. La lucha de Sonia y Dani está anclada en la cronología real que hace referencia al surgimiento de las primeras plataformas de afectados de las hipotecas en 2008, en Barcelona. Por lo que su historia es un proceso inverso al de Alex, de la soledad del fracaso personal a formar parte de un movimiento social, en el cual se involucran sus familiares y amigos, constituyendo, en la escena final, un escudo humano que impide la extinción de un hogar más, uno de los 170 que llegarán a ejecutarse por día entre 2007 y 2017.

La historia de Rocío y su hijo es una crónica de un desahucio anunciado. Ella, madre soltera sin empleo, tiene muy pocas cartas de conservar su hogar, ya que su vida anterior de trabajadora la ha perdido por completo. Julio Miguel del Castillo nos sitúa en Jerez de la Frontera, en el año 2012, esa gran metáfora de ciudad española citada por el Times, que se precipitaba en caída libre con un paro que rondaba el 36% y unos servicios públicos en proceso de extinción.

A diferencia de los protagonistas de Cinco metros cuadrados y Cerca de tu casa, Rocío libra una lucha interna, solitaria y silenciosa. Se niega, en un principio, a aceptar su realidad, ignora las advertencias legales y las de su casero, y mantiene la falsa esperanza de que su situación cambie y pueda retomar el pago de su alquiler. Pero el tiempo se agota y, finalmente, debe sincerarse con su hijo, su obligado compañero de viaje, a una vida sin techo.

Sí al día de hoy, las historias de nuestros protagonistas continuaran, serían igualmente desalentadoras. Estarían todos rondando los cuarenta, más viejos y cansados, y aún sin recuperar el hogar perdido.

Alex y Virginia, posiblemente, seguirían separados. Ella aún viviría en la casa de sus padres, y Alex, aunque haya recuperado en un cheque parte del dinero invertido, seguramente no le alcanzaría para comprar otro piso o, si encontró una alternativa más modesta, no podría comprarla. Su despido lo dejó sin paro, y se habría consumido lo cobrado.

Techo y comida

Mientras que Sonia y Dani seguirían viviendo con la familia de ella, continuarían al día de hoy activos socialmente y endeudados, ya que el contexto no ha cambiado mucho. La salida de la crisis se muestra en números, pero los desahucios continúan. Y sí lograron trabajo, sería igualmente precario, por lo que aún no podrían reconstruir su propio hogar.

Y Rocío, seguramente, lograría cobrar el “sueldo social” que le ofrecieron, pero muy tarde. Ya no pudo ni podrá pagar un alquiler para tener un hogar junto su hijo. Por lo que deberá seguir caminado en solitario de su mano, ahora adolescente, sin un trabajo ni domicilio fijo.

Historias desalentadoras, de las que no esperamos secuelas, sino remakes, que lamentablemente se siguen repitiendo día tras día. Mientras, el cine rescata una entre miles, para no olvidar en la sala oscura lo que ocurre a plena luz en nuestra realidad.

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