Críticas

La culpa es de Amy

La última Navidad de Julius

Edmundo Bejarano. Bolivia, 2015.

BAFICI 2016 – Competencia Latinoamericana

La última Navidad de JuliusJulio Barriga es poeta en Tarija, un pueblo de calles de tierra, en Bolivia. Recibe a su interlocutor en una casa derruida, con baño compartido y una pileta en el patio para asearse. Su hogar se limita a una habitación con las paredes cubiertas de estantes, donde reposa la excesivamente ordenada biblioteca del escritor. La cama deshecha, además de lugar de descanso, es el espacio de trabajo del poeta, donde semidesnudo lee sus anotaciones.

Quizá con menos metraje, este documental hubiera crecido en énfasis y profundidad. Pero se queda en la repetitiva ceremonia de lectura, un soliloquio casi interminable, poblado de frases ocurrentes, como podrían ocurrírsele a un poeta bohemio en cualquier parte de la tierra.

La última Navidad de JuliusSi ese documental hubiera sido el corto que creemos sumaría a la obra que obtuvo una Mención Especial en Bafici 2016, lo único de lo que no podría prescindir es de un sensible homenaje, una poesía entre sarcástica y humorística, pero cargada de honda admiración hacia Amy Winehouse, a quien ha descubierto con la noticia de su fallecimiento: “Ya cerca de la muerte he visto la luz… y es Amy”. La describe como una mujer de “patética belleza y siniestra ternura”. De ella dice: “Hay momentos en que pasa a ser la luz de mi oscuridad”. Una oscuridad que tiene que ver más con la muerte: “nos redime sacrificándose a sí misma”. Y concluye: “Si la vida es insoportable, el suicidio es un deber”. A modo de travesura, por haber encontrado ese juego de palabras que no es políticamente correcto, define a Amy con una generalidad: “Las únicas chicas buenas son las malas”.

Este es el corazón del documental. Lo demás: la exhibición de un cuerpo que no parece tener la edad que delata la cara; la gimnasia a que lo somete, a modo de niño eterno; el compañero de lectura que posa con lentes oscuros en un interior iluminado con luz artificial, sin aportar nada con su presencia; las salidas y entradas de la casa por una puerta que no es más –ni menos- que una conexión con el exterior … Pareciera que estamos ante una obra inacabada, donde al personaje principal le encanta el juego de la cámara y trata de lucirse con sus dichos y acciones más extravagantes, para cautivarnos, como ha cautivado al director. Aunque no siempre lo logra.

La última Navidad de JuliusEl documental fue exhibido en la presentación del libro de Barriga, El hombre que amaba a Amy Winehouse, que recopila textos autobiográficos de este admirador del poeta Roberto Echazú, a quien le dedica “Cuadernos de sombra”, de donde nos lee con su apasionada e incontinente urgencia: “La muerte del poeta era un ómnibus al que todos querían subir”. Y así, jugando con la vida y con la muerte, Julio Barriga ha logrado pasar a la eternidad al quedar plasmado en la película de Bejarano. Lo ha hecho con conciencia, sabiendo que es el centro del universo durante esos minutos que dura que el documental. Y ha tratado de mostrarse lo más genial que ha podido… Apenas lo ha logrado.

 

Ficha técnica:

La última Navidad de Julius ,  Bolivia, 2015.

Dirección: Edmundo Bejarano
Guión: Edmundo Bejarano
Fotografía: Edmundo Bejarano
Reparto: Julio Barriga, Fernando Barrientos, Marco Montellano, Fabian Riera

Liliana Sáez

Directora de AULA CRÍTICA, Escuela de Crítica Cinematográfica y de EL ESPECTADOR IMAGINARIO

 

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