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Venecia: La Serenísima en el cine

 

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Venecia es un lugar imposible, la ciudad de los canales, la perla del Adriático, la Serenísima… “la isla inaudita”, como la llamó Eduardo Mendoza en su novela homónima. Un lugar tan excepcional no podía pasar inadvertido para el séptimo arte, que no solo ha tenido necesidad de plasmarlo, sino que ha instalado en la ciudad uno de los festivales de cine más prestigiosos del mundo. Cuando se llega a la ciudad en tren, a la estación de Santa Lucía, uno no distingue nada, pero, de repente, se encuentra en medio de una ciudad imposible, practicada sobre los arrecifes arenosos de una laguna. Sin duda, el lugar más incómodo y bello en el que haya podido habitar el hombre, donde no existe el pragmatismo y todo está al servicio de la estética. Es, en definitiva, una ciudad de artistas, diseñada para ellos.

vista-aerea-del-gran-canalAl descender por primera vez la escalera de Santa Lucía, todo lo leído sobre la ciudad toma cuerpo repentinamente y cualquier lector puede recordar las inolvidables obras de Jan Morris, Thomas Mann, Henry James, Eduardo Mendoza, Giacomo Casanova o Luis G. Martín, entre otros muchos. Venecia está plagada de falsos decorados y trampantojos y de personajes que han acabado por metabolizar sus máscaras. Además, hay una gran anecdotario referido a la ciudad: el barrio judío, por ejemplo, se llamaba ghetto porque allí había una fundición, pero la palabra ha acabado por trascender las fronteras vénetas y ha adquirido un significado tristemente universal; el fenómeno denominado acqua alta, por el contrario, es típicamente veneciano y permite contemplar una Plaza de San Marcos inundada por la marea de la laguna…

mapa_plano_veneciaSiempre me ha intrigado la peculiar numeración de los edificios venecianos, no por calles sino por sestieri, cada uno de los seis distritos administrativos en que se divide la ciudad: Cannaregio, Castello, San Marco, Dorsoduoro, Santa Croce y San Polo. En muchos sentidos, esta ciudad es única, pero terriblemente incómoda para sus visitantes, que acaban perdidos sin remisión. Desde el Campanile de San Marcos, Venecia parece una ciudad de tejados, y, como tal, un reino de gatos salvajes que lo dominan todo con garra retráctil. En San Michele, la isla cementerio, se encuentran las tumbas de Ezra Pound, Igor Stravinsky y Serge Diaghilev, y al otro lado de la laguna está el Lido, la playa y el Grand Hotel des Bains.

Venecia es una de las ciudades cinematográficas por excelencia, de ahí que el periodista Txerra Cirbián le haya dedicado una interesante monografía, Venecia de cine, que se puede encontrar en formato electrónico (http://www.ecosediciones.com/producto/venecia-de-cine/978-84-15563-78-5). Allí repasa los principales escenarios de la Serenísima, pero si hay una película estrechamente relacionada con la historia de Venecia, esa es Muerte en Venecia (Morte a Venezia, 1971), de Luchino Visconti. Podemos mencionar muchas otras, pero empezar por la trasposición de la novela de Thomas Mann es comenzar por la obra de referencia, si bien las primeras imágenes de Venecia las tomó Alexandre Promio en 1896 desde una góndola que navegaba por el Gran Canal.

mercader2“Otra vez se presentaba a la vista la magnífica perspectiva, la deslumbradora composición de fantásticos edificios que la república mostraba a los ojos asombrados de los navegantes que llegaban a la ciudad; […] y comprendió entonces que llegar por tierra a Venecia, bajando en la estación, era como entrar a un palacio por la escalera de servicio. Había que llegar, pues, en barco, a la más inverosímil de las ciudades”. La cita procede de La muerte en Venecia, novela corta de Thomas Mann publicada por primera vez en 1912, pero bien podría servir como una excelente descripción de los primeros planos de Muerte en Venecia, la trasposición ejemplar que Visconti realizó de la obra de Mann. Y así, de la mano de estos dos genios llegamos a uno de los casos más extraordinarios de relación entre literatura y cine. Visconti, con la ayuda de Nicola Badalucco en el guion y la de Pasqualino De Santis en la fotografía, logró convertir una obra maestra de la literatura en una obra maestra del cine. Se trata, desde luego, de piezas autónomas e independientes, pero no podemos obviar que la de Visconti procede de la de Mann, y alguien que accediera exclusivamente a una o a otra se estaría perdiendo una obra maestra.

muerte_en_venecia-caratulaLa novela comenzaba en Munich, pero Visconti optó por reordenar la historia y lo primero que muestra es la llegada de Gustav von Aschenbach a Venecia a bordo de un vaporetto llamado Esmeralda –así se llamaba también la prostituta que visita el protagonista en un flashback–. En la vida y en el oficio de Aschenbach es donde Visconti y Badalucco han practicado más cambios: el escritor de la novela se convierte en músico en la película, y no un músico cualquiera, sino uno inspirado en Gustav Mahler (1860-1911), ya que, al parecer, según afirma Visconti, fue el personaje real en el que se inspiró Mann para crear a Aschenbach. Lo cierto es que se produce aquí un magnífico juego de espejos difícilmente superable. Es más, las reflexiones en torno a la pureza del arte, presentes en la novela, las asociamos mejor con alguien que se dedique a la música que con alguien que se dedique a la literatura, y eso es algo que Visconti conocía de primera mano, ya que no solo era guionista y director de cine, sino un reputado director de teatro y ópera.

death_in_venice-jpegSi hay algo que siempre me ha llamado la atención de Muerte en Venecia es que, a pesar del título, el escenario principal de la acción no es Venecia, al menos en un sentido estricto, sino el Lido, concretamente el Grand Hotel des Bains –en la novela, aparece un ficticio Hotel Bader– y su playa privada, repleta de casetas (capanne) para los bañistas. Aunque hay una presentación monumental de ciertos lugares imprescindibles de la ciudad, como la Plaza de San Marcos o el interior de la basílica, poco a poco vemos cómo esa Venecia de postal se va transformando en un lugar de desolación y muerte, de recelos y desconfianza, en una “ciudad muerta”, en definitiva, detenida en el tiempo, la codicia y la miseria de la peste.

muerte-en-venecia02Son muchas las pequeñas modificaciones que va realizando Visconti para convertir esa novela breve en una magnífica película, pero creo que no es ahí donde radica el acierto de su trasposición, sino en el hecho de que presenta a Aschenbach directamente en Venecia, y, una vez allí, a través de una serie de flashbacks, cuenta el pasado del personaje y en qué condiciones físicas y anímicas ha llegado hasta Venecia. Y, dado que en la novela había muchas reflexiones del propio Aschenbach sobre el arte, decide incorporar otro personaje que le sirva de interlocutor, Alfred (Mark Burns), presente en los flashbacks y con el que discutirá todas estas cuestiones de estética.

muerte-en-venecia01Cuando Mann escribió la novela, todavía existía una clase aristocrática en la Europa del Este. Visconti, al recrear 1911 en los salones del Grand Hotel des Bains, sabía que ese mundo había desaparecido para siempre. Al final, Venecia se convierte en un jardín cerrado (hortus conclusus) del que Aschenbach no va a poder escapar, por eso decide quedarse hasta el final, prendado de la belleza griega del joven Tadzio (Björn Andresen), que contrasta con el patético aspecto de Aschenbach en su última visita a la playa del Lido. Ha llegado allí maquillado –en cierto modo, embalsamado para la muerte–, pero el sudor le ha desteñido el pelo y el siroco, junto con la arena, le han agrietado el maquillaje.

muerte-en-veneciaParece una historia decadente, pero lo que encontramos es cómo alguien que había aprendido a domar la belleza es nuevamente conquistado por ella y atrapado por sus redes. Aschenbach no es tanto un personaje decadente como el último romántico en un mundo que hace mucho tiempo que dejó de serlo. Hay cierta actitud quijotesca en su admiración y contemplación de la belleza de Tadzio. Y su muerte, por tanto, es una “muerte dulce”, una “agonía placentera”, a pesar de los espasmos del cólera y de toda la podredumbre, la suciedad y el hedor que poblaban Venecia en esos momentos. Muerte en Venecia es una buena metáfora de la propia ciudad.

anonimo_venecianoOtra referencia imprescindible es Anónimo veneciano (Anonimo veneziano, Enrico Maria Salerno, 1970), un melodrama prototípico que también sitúa la acción en Venecia y toma su título de la pieza musical homónima. Le toma el pulso a la ciudad, pero lo cierto es que, tras comenzar por Muerte en Venecia, lo único que podemos hacer en adelante es descender. De todas maneras, hay muchas películas que ambientan su acción o parte de ella en la ciudad de los canales. Txerra Cirbián ofrece en su libro más de setenta referencias ordenadas cronológicamente y se detiene pormenorizadamente en treinta y seis. No podemos dar cuenta de todas ellas, pero sí hacer un breve repaso por las más conocidas.

sensoCitaremos, en primer lugar, Senso (Luchino Visconti, 1954), que presenta una historia amorosa ambientada entre la primavera y el verano de 1866 e incluye una espectacular escena rodada en La Fenice. Otra referencia inexcusable es Locuras de verano (Summertime, David Lean, 1955), protagonizada por Katharine Hepburn (hay una escena muy famosa en la que la actriz cae al canal cuando trataba de tomar una fotografía), pero no deberíamos olvidarnos de Venecia, la Luna y tú (Venezia, la luna e tu, Dino Risi, 1958), un título al servicio de Alberto Sordi, que interpreta a un gondolero. Otra cita imprescindible es la de Mujeres en Venecia (The Honey Pot, Joseph L. Mankiewicz, 1967), en la que Rex Harrison interpreta al excéntrico y teatral millonario Cecil Fox, que cita a tres antiguas amantes en Venecia para decirles que se está muriendo, lo que es falso. La ciudad no aparece demasiado, ya que el film tiene una evidente estructura teatral.

indiana-jonesEl popular James Bond también ha visitado Venecia en varias ocasiones, ya que la ciudad aparece en Desde Rusia con amor (From Russia with Love, Terence Young, 1963), Moonraker (Lewis Gilbert, 1979) y Casino Royale (Martin Campbell, 2006), si bien en la primera Sean Connery no viajó hasta la ciudad de los canales. También Spielberg hizo pasear al más célebre arqueólogo cinematográfico por Venecia en Indiana Jones y la última cruzada (Indiana Jones and the Last Crusade, Steven Spielberg, 1989).

las_alas_de_la_palomaYa en la década del noventa, directores como Paul Schrader, Norman Jewison y Woody Allen también han utilizado Venecia como escenario de sus películas, en concreto en El placer de los extraños (The Comfort of Strangers, 1990), Solo tú (Only You, 1994) y Todos dicen I Love You (Everyone Says I Love You, 1996). De esos mismos años es una película de época basada en una novela de Henry James, Las alas de la paloma (The Wings of the Dove, Iain Softley, 1997), protagonizada por Helena Bonham Carter, y El talento de Mr. Ripley (The Talented Mr. Ripley, Anthony Minghella, 1999), basada en la novela de Patricia Highsmith y protagonizada por Matt Damon y Jude Law.

casanovaYa en el siglo XXI, títulos como El mercader de Venecia (The Merchant of Venice, Michael Radford, 2004) o Casanova (Lasse Hallström, 2005) justificaban ya desde su propio argumento la presencia de Venecia en sus fotogramas, pero es en The Tourist (Florian Henckel von Donnersmarck, 2010) donde la Serenísima vuelve a lucir en todo su esplendor.

Todos hemos estado, de alguna forma, en Venecia, y puede que, si regresamos, nos encontremos con Tadzio jugando frente a las capanne de la playa del Lido, o en los callejones del barrio de San Marco próximos a La Fenice, el edificio de la ópera que, haciendo honor a su nombre, resurgió de las cenizas de su propio incendio, como la propia ciudad de los canales, insumergible, inaudita, bellissima…

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