Críticas

El desafío emocional y el acercamiento a la naturaleza

La forma del agua

The Shape of Water. Guillermo del Toro. EUA, 2017.

Cartel de La forma del aguaLa notable película La forma del agua tiene resonancias con otra extraordinaria obra de Guillermo del Toro, El laberinto del fauno (2006). Se nos antojan semejantes los tonos verde oscuros que aparecen en el trasfondo y las relaciones sentimentales entre seres humanos (mujeres) y criaturas míticas, además de que se refieren a fábulas, a historias irreales pero dotadas de un amplio humanismo. Incluso vale la pena anotar que las criaturas son protagonizadas en ambos casos por Doug Jones y que las mujeres sensibles en las dos películas anhelan viajar a los mundos extraños de las criaturas que las hechizan. Es evidente que Guillermo del Toro se siente a gusto con las películas de este género, que mezclan episodios descarnados en el mundo de las personas, con la existencia de un universo paralelo y mágico, que simboliza valores perdidos o valores idealizados, que bien pudieran perseguir los seres humanos.

La realidad es que no es fácil para el espectador identificarse con estas realidades paralelas, por más de que le sean presentadas a través de las vivencias y sentimientos de mujeres sensibles, con capacidades para acercarse a esos mundos. Entonces Del Toro decide ir revelando esas naturalezas mágicas poco a poco, entreteniendo a los espectadores con unas historias a lo thriller, desgranando una trama de corte tradicional, en la cual intervienen la aventura, el engaño, el heroísmo, las segundas intenciones y los correspondientes personajes que encarnan la lucha entre el bien y el mal.

The Shape of Water

¿Qué es el mal en La forma del agua? Es el establecimiento norteamericano,  allá en los años 50 y 60 de la Guerra Fría (y por extensión, se insinúa que poco ha cambiado en la época actual), años en los cuales se insinuaba una carrera por el dominio de espacio, con toda una infraestructura de investigación y desarrollo, dotada de los mejores instrumentos y máquinas, centrada en laboratorios y espacios secretos, en los cuales, para los científicos, es claro que el fin justifica los medios, especialmente cuando todo el proceso es supervisado por militares de corte violento. De cierta forma, esa parafernalia de guerra científica se justifica con la existencia de un equipo de espías soviéticos, capaces de infiltrar los proyectos e, igualmente, dispuestos a todo lo legal e ilegal que sea del caso, con tal de penetrar y destruir los progresos de los norteamericanos.

El bien, en cambio, está personificado por la gente humilde, algo así como la clase obrera, que trabaja sin pausa en los laboratorios de investigación, sin alcanzar ningún protagonismo especial, dedicados a trabajar en las lavanderías, en las limpiezas, en los servicios de restaurantes. En estos personajes pone el director altas dosis de altruismo, un sentido del humor que le permite trabajar horas y horas en el anonimato, sin sentir efectos, sin deprimirse, disfrutando con sabor malicioso de esos pequeños momentos de independencia, a los cuales no llega la presencia o la conciencia de los jefes que administran todo el complejo.

Fotograma de La forma del agua

En este ambiente de lados opuestos del espectro humano, llega al laboratorio un extraño personaje, un ser anfibio traído de algún lugar salvaje, lleno de inteligente rebeldía y de comportamientos extraños, que bien vale la pena estudiar, ya que su puesta a punto entre los humanos, puede facilitar muchas cosas dentro de los objetivos de las investigaciones. Convenientemente para los fines de la trama, transcurre todo en una época en la cual hacer experimentos con criaturas y con animales se veía muy bien, completamente natural y necesario, aunque ello implicara su muerte y sus sufrimientos. Nada de esto es posible en el mundo actual, y menos si se trata de una forma de vida en peligro de extinción o de características y funcionamientos únicos e irrepetibles.

La ciencia ha avanzado notablemente en acercarse a las profundidades de la mente y del cuerpo de la criatura, a base de ensayos en los cuales se la somete a estímulos que la hacen sufrir y experimentar modos depresivos y tristes. De estas tristezas nada saben los científicos ni los militares, incapaces de sentir y de experimentar empatía. Tampoco los sencillos operarios, centrados como están en cumplir sus obligaciones e instrucciones de trabajo. Entonces sucede un milagro relacional: una mujer de la limpieza, que además es sordomuda, se acerca, cada vez más, y establece contacto emocional y de comunicaciones con la criatura, dando lugar a una cadena de eventos y aventuras que mantienen en vilo al espectador hasta el último instante y que transformarán por completo la vida de la tímida empleada y de los varios personajes que giran alrededor de la trama.

La forma del agua, imagen

Se puede tomar a La forma del agua en el sentido literal de este término. Existen inteligentes y sensibles formas en el agua (en los mares y lagos, en los ríos y marismas, incluso en las profundidades abisales y en los enormes depósitos de agua de las profundidades de los suelos del mundo), formas que están siendo estudiadas y caracterizadas por la ciencia, en general con fines de aprovechamiento como recursos de potencial valor económico, y que se están extinguiendo o desequilibrando rápidamente, sin que los humanos comprendan realmente el sentido profundo de la existencia de tantas criaturas. Tal como sucede en el filme, este es un llamado a que desde la base surjan seres conscientes, dotados de estados de alerta y capacidades de observación y de inteligencia emocional, que les permita acercarse con empatía y aprecio a su naturaleza esencial. La cinta se atreve a plantear que habría que pensar, incluso en transformar lo humano y dejarlo que se vea afectado profundamente por un desafío emocional y empático, para que se logre una clara identificación y un equilibrio respetuoso con esas formas del agua y de la naturaleza ya descubiertas o por descubrir.

 

Trailer

Ficha técnica:

La forma del agua (The Shape of Water),  EUA, 2017.

Dirección: Guillermo del Toro
Duración: 123 minutos
Guion: Guillermo del Toro, Vanessa Taylor
Producción: Guillermo del Toro, J. Miles Dale
Fotografía: Dan Laustsen
Música: Alexandre Desplat
Reparto: Sally Hawkins, Michael Shannon, Richard Jenkins, Doug Jones, Michael Stuhlbarg, Octavia Spencer

3 opiniones en “La forma del agua”

  1. A MI ME PARECE QUE LA VERDADERA PROTAGONISTA ES EL AGUA.
    ME PUEDEN DECIR SI ESTOY EN LO CIERTO, GRACIAS
    ESTELA
    SÍ, YA LO PUBLIQUÉ PERO ME DIJERON QUE ERA DEMASIADO LARGO,POR ESO AHORA LO REDUJE.

  2. Estela, sin duda el agua tiene un claro protagonismo en este película, tanto en su presencia en escenas claves, como en el origen del personaje principal, como en la escena final

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