Críticas

Sensaciones que llenan la vida

Jericó. El infinito vuelo de los días

Catalina Mesa. Colombia / Francia, 2016.

Cartel de la película JericóJericó es un pueblo bastante famoso de las montañas antioqueñas. Desde que era muy pequeño lo oía mencionar, ya que nací y viví en Fredonia, lugar vecino de Jericó, por el cual pasaban los buses que comunicaban estas regiones con Medellín, la capital. Ha tenido fama Jericó de tierra de monjas y de curas, rico en comunidades religiosas, la más famosa de todas, la de la Madre Laura Montoya, que fue la primera santa colombiana oficialmente canonizada como tal. A pesar de ser un pueblo relativamente modesto en tamaño, cuenta con obispo propio y ahora con un santuario que recibe miles de visitantes, atraídos por la fama y la devoción hacia la nueva santa Laura. La belleza de la región es impresionante. Está situado el pueblo en una zona asentada en las laderas de la cordillera occidental de Colombia, mirando hacia el profundo cañón del Río Cauca. Todo allí es verde, y montañero, lleno de naturaleza y de vida. Como lo es Jericó, el infinito vuelo de los días, el documental colombo-francés espectacularmente dirigido y concebido por la cineasta colombiana Catalina Mesa, quien ha vivido en Francia por muchos años y quien realizó esta película, al menos en parte, como homenaje al recuerdo de su tía abuela, quien le transmitió las historias de su infancia en Jericó. Dice la directora que este es un “trabajo a nivel colectivo, para dejarle a la familia antioqueña, a la familia de Colombia, el espíritu femenino de esa generación, como memoria, como entidad y como visión de su autenticidad”. Seleccionó doce mujeres reales. “… buscando un caleidoscopio, donde cada mujer fuera un color. Me senté a conversar con ellas, a hacerles preguntas sobre sus vidas”.

Jericó, el infinito vuelo de los díasNinguna de las mujeres es actriz. Sin embargo, es evidente la calidad de su trabajo en el filme, que más que un documental, es una ocasión para que Catalina Mesa teja doce entretenidas historias de vida, llenas de sencilla fantasía, pasando el umbral que conecta ficción y realidad. Cada mujer es muy consciente de que está asumiendo una gran actuación y que a través de su papel, está representando el de tantas mujeres, protagonistas de vidas reales cargadas de aventuras, de incidencias, de logros y frustraciones y de humanismo. Se nos muestra todo el amplio espectro de vivencias que se dan naturalmente en cualquier pueblo, resaltando con amor y con orgulloso cuidado, cada incidencia, humilde o notable, sin acosos, sin críticas ni moralizaciones, sin comparaciones, de manera que se puedan degustar. Nos convertimos en testigos embrujados por la magia de la vida cotidiana, nos sentimos identificados con personas admirables, en las cuales quizás vemos a nuestras propias abuelas, tías abuelas o madres. Digno y apreciativo es el trabajo con las mujeres protagonistas, en el cual cada una puede decir sus cosas, dejando que se sientan plenas, lógicas, razonables. Pienso que todos los que podamos apreciar estas historias, nos sentimos empáticos y cercanos.

Fotograma de Jericó, la películaLa escenografía es fundamental, hasta el punto de que cada historia es identificable con detalles cuidadosos: colores, vestimentas, colgaduras y cuadros, utensilios, música. Si bien son detalles y cosas reales, han sido escogidos con bastante maestría y diseño. Todo ha sido facilitado por las características mismas del pueblo, que se distingue por sus casas tradicionales con puertas y ventanas ricamente pintadas con colores vivos, llenos de contrastes y de serena y digna alegría. Casas adornadas con matas y jardines, en las cuales se conservan con orgullo los amoblamientos tradicionales, los retratos de los antepasados, los recuerdos de los viajes y las imágenes religiosas. Ha establecido la directora un conexión fundamental entre las vidas de las mujeres y ciertos objetos, asunto que ha explorado con amplios detalles, a través de los diálogos y monólogos, y de las escenas. Es notable el tratamiento que hace de las imágenes religiosas como entidades vivas, con las cuales se comunican las personas de muchas comunidades en nuestras regiones latinoamericanas, permitiéndose a sí mismas experiencias casi terapéuticas para el manejo de la soledad. De manera sutil, sin intentos de venta publicitaria o de invitación al turismo, el espectador capta el ser de este pueblo y sus impresionantes atractivos, que se aprecian naturales, tranquilos, que lucen tal como son, honestos, casi inocentes.

Jericó, película colombianaImpresionante el manejo de la música y la forma en que se combina con las escenas. En general, se trabaja por medio de canciones o piezas musicales que perduran en el tiempo, como las que escucha la gente, de origen mexicano, cubano, puertorriqueño o de la costa colombiana. Piezas que se oyen muy bien, a modo de coreografías, sincronizadas y vitales en la historia.

La directora escogió el apelativo del título, resaltando otro aspecto de Jericó, donde es tradición la realización de un festival de cometas, aprovechando que el pueblo tiene unas colinas cercanas, en las cuales los vientos se prestan para elevar estos objetos tradicionales que los niños pueden diseñar, construir y volar. Conecta a través de estos vuelos a las mujeres con sus sueños y su niñez, estimulados ambos por las posibilidades que se ofrecen para las personas montañeras, que pueden liberarse un poco al contemplar el paisaje lejano. Paisaje rico en inmensidades que se extienden, desde lo alto de esos cerros tutelares que cada pueblo tiene. Alturas casi siempre coronadas por algún monumento, que se antoja imponente para cualquier niño pueblerino, que deja recuerdos para siempre y que estimula sensaciones de infinito que llenan la vida.

Escena de la película JericóComo niño pueblerino que fui, habitante de esas montañas de la región de Antioquia, siento que Catalina Mesa ha hecho un trabajo memorable para registrar esos sentimientos y esas sensaciones. Trabajo que vale la pena apreciar y disfrutar.

 

Tráiler:

Ficha técnica:

Jericó. El infinito vuelo de los días ,  Colombia / Francia, 2016.

Dirección: Catalina Mesa
Guion: Catalina Mesa
Producción: Emile Frigola Salelles, Juan Pablo Tamayo
Fotografía: Catalina Mesa
Reparto: Cecilia Bohórquez, Manuela Montoya, Elvira Suárez, María Fabiola García, Luz González, Licinia Henao, Ana Luisa Molina, Celina Acevedo, Laura Katherine Foronda, Jaime Restrepo, Luz Dora Henao, Rosa Margarita Velázques, Emilsen Río

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