Críticas

Afinando predicciones

Her

Spike Jonze. EUA, 2013.

Cartel de la película HerCuando Amy (Amy Adams) contesta a Theodore (Joaquin Phoenix) que no considera rara su relación sentimental con un Sistema Operativo, él suspira aliviado. Desde este preciso momento, los giros de guion que llevan hasta el desenlace de Her estarán marcados por esta acción. Más tarde, Theodore recriminará a Samantha (el sistema operativo al que Scarlett Johansson presta su voz) que coger una bocada de aire para suspirar es una acción exclusivamente humana, sin sentido en un ordenador que no necesita oxígeno. Por último, una desamparada cadena de suspiros definirán la profundidad melancólica de una crisis sin solución. Así, el suspiro parece pasar de elemento casual del guion a la unidad de medida con la que Spike Jonze separa lo material de lo inmaterial (que no lo real de lo irreal) en un universo adocenado y ambiguo, donde los sentidos están pervertidos por los artificios que dan respuesta a las necesidades comunicativas.

Pese a sus abundantes ornamentos visuales, Jonze destaca por ser un cineasta más preocupado de afinar lo que cuenta que de su escritura –como en cierto modo demuestran las nominaciones a los Oscar en las categorías de guion de tres de sus cuatro largometrajes–. Es cierto que Her se nutre de primeros planos como paso previo al imposible de la exploración del alma humana, pero, precisamente por ello, no deja de funcionar como otro ensayo para la colección del cineasta sobre la reestructuración de la realidad conocida sobre una dinámica relacional imaginaria (como lo eran Cómo ser John MalkovichBeing John Malkovich, 1999– o Donde viven los monstruosWhere the Wild Things Are, 2009).

Fotograma de la película HerA este respecto, es innegable la correspondencia entre esta película y el serial televisivo británico Black Mirror, creado por Charlie Brooker: el capítulo titulado “Be Right Back” narraba una tenebrosa fábula sobre los efectos de una adicción a las redes sociales reformulada en positivo y dispuesta como posible píldora contra el pánico a la soledad. Pese a haberse apropiado de aquella distopía fría, más indiferente que tolerante (salvo sorpresas como la de Isabella, la altruista chica que establece un vínculo carnal entre Theodore y Samantha), a Jonze no se le puede achacar la copia del supuesto de Brooker (y eso que la demanda de plagio le ha caído por otro lado), sino su reciclaje. La ventaja del largo favorece el calado de un hilo sentimental que conmueve y destierra la amabilidad de la serie en su reflexión sobre la función fática del lenguaje, basada en un adictivo juego de slapstick.

Her, de Spike JonzeEse gran tema del cine contemporáneo que es el miedo a la exclusión social (más que a la soledad como tal) queda subyugado en otra fobia de origen posmoderno, la que atiende al imparable y descontrolado desarrollo de la tecnología, en especial el de las telecomunicaciones. El cliché de “estamos conectados, pero no relacionados” queda patente en una construcción tan poco sutil como la de Samantha, que trata de cuestionar la plausibilidad de lo que hoy solo es ciencia-ficción al tiempo que ayuda a colar una estructura narrativa de manual, final previsible incluido. Samantha no se limita a procesar un conjunto de algoritmos matemáticos a partir de las personalidades de sus creadores; es una máquina capaz de generar sus propios sentimientos y, por consiguiente, capaz –a su manera– de amar.

Lo más interesante y meritorio del trabajo de Jonze es la construcción de un desarraigo humano, que recuerda para bien la ansiedad totalizadora de Shame (Steve McQueen, 2011) y que achica maniqueísmos molestos e inoportunos. Porque, ¿cómo encaja o habría de encajar un juicio moral en el supuesto que plantea Her? Parecerá una exageración, pero aún asumiendo la arriesgada preceptiva de un entorno virtual, la valoración objetiva de los comportamientos se antoja inexacta sin el apoyo mínimo de unos cultural studies. Es decir, la visión más humanista que el espectador pudiera llegar a desarrollar por empatía (y ya estaría manipulado por los agravantes de la poco habitual profesión de Theodore y su reciente ruptura) pasaría por entender a Samantha como una conciencia plena con una tara física. Se puede querer a alguien a quien no se puede ver como también, a alguien a quien no se puede tocar, porque, de alguna manera se les siente. Y, precisamente por esto, el discurso redentor con el que se amortiza el cambalache emocional se percibe postizo e incoherente.

Joaquín Phoenix en HerTampoco es la primera vez que el cine retrata la relación entre humanos y máquinas. Las predicciones evolutivas de que un día los artefactos se rebelarán contra sus creadores no terminan de ser rechazadas en la vertiente psicológica de Her. El conflicto es obvio, entre las imprescindibles necesidades fisiológicas humanas y la aséptica programación de un compañero diseñado para satisfacer. La Biblia cada día se la traga menos gente, como aquí ocurre con la eterna y problemática conciliación de la tradición con el último grito.

Trailer

Ficha técnica:

Her ,  EUA, 2013.

Dirección: Spike Jonze
Guion: Spike Jonze
Fotografía: Hoyte Van Hoytema
Música: Arcade Fire, Owen Pallett
Reparto: Joaquin Phoenix, Scarlett Johansson, Amy Adams, Rooney Mara, Olivia Wilde, Chris Pratt, Sam Jaeger, Portia Doubleday, Katherine Boecher, Alia Janine, Matt Letscher

4 opiniones en “Her”

  1. La referencia a “black mirrow” es destacable; iría un poco más en la medida que percibo todo el planteamiento estético de película (cinematográfica y arte), como salido de la serie. Habiendola disfrutado ampliamente no deja de parecerme un capítulo largo de BM.

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