Críticas

Filias, adicciones, huida

Calvary

John Michael McDonagh. Irlanda, Reino Unido, 2014.

CalvaryEl filósofo alemán Peter Sloterdikj, en su libro Crítica de la Razón Cínica (Kritik der zynischen Vernunft, 1983), desarrollaba el concepto de “razón cínica”, como un atributo que acompaña al hombre de nuestro tiempo. “La falsa conciencia ilustrada” es aquella que no rechaza la realidad, tan sólo elige omitirla. Una posición ante la vida de desafección. Sentimiento que se desarrolla en otro de sus célebres libros, El extrañamiento del mundo (Weltfremdheit, 1993), con el que forma un díptico de causa/efecto. El libro habla de un mundo enfermo, preso de la imperfección. El hombre como mediocridad insatisfecha que huye cuando se extraña del mundo que le rodea, para caer irremediablemente en “algo” que le conduce a otra realidad. Todo un retrato contemporáneo de “experiencias secuestradas” que oscilan en las entrañas de Calvary.

La película es un ensayo filosófico disfrazado de thriller. La trama detectivesca funciona de asidero narrativo que tensa la verdadera naturaleza de la propuesta. Pero Calvary es tan ecléctico que las etiquetas se quedan cortas. Si El Irlandés (The Guard, John Michael McDonagh, 2011) era una especie de thriller cómico, Calvary es un “thriller costumbrista”. Suspense, humor y filosofía nihilista, un trinomio que junta extraños compañeros de viaje fuera de las fronteras del carácter irlandés, pero perfectamente reconocibles en las inquietudes sociales que nos rodean. Ingredientes que se tejen con diálogos inteligentes, sin tapujos, y muy directos, algo que el espectador no tardará en percibir.

CalvaryAl igual que en El Irlandés, McDonagh repite con el majestuoso Brendan Gleeson, en el papel de padre James. Casi sin tiempo de acomodarnos en la sala, asistimos a un impactante prólogo, en el que se dispara el hilo argumental. En su confesionario, el sacerdote escucha estoicamente cómo un misterioso personaje cuenta una turbadora infancia de traumas y abusos relacionados con la institución. Lo inculpa y lo sentencia a muerte por ello. El sacerdote tiene una semana “santa” para expiar los pecados del poder que representa. Los inesperados acontecimientos se ciernen sobre el venerable confesor e inician el “tour de force” de su vida.

Sin alardes ni efectismos, la magnífica fotografía de Larry Smith, con el que McDonagh también repite, no deja nada al azar. Desde un confesionario donde se filtra una luz acusadora, propia de los mejores cuadros de Rembrandt, hasta la nostálgica perspectiva atmosférica que envuelve el pueblo de la costa irlandesa. Elementos que, unidos a un programa iconográfico enriquecido en matices, ayudan a proyectar la personalidad de los personajes en su espacio físico y anímico.

CallvaryEl estudio de McDonagh sobre las filias y las adicciones recoge todas las edades. Mientras el espectador juega al “cluedo”, la trama recorre las vidas de todos los personajes por un río de frustraciones y abismos existenciales. Hay de todo. El sacerdote (David Wilmot) que se agarra como un parásito a un rol que no le corresponde; el matrimonio roto, enredado en atracciones ocultas que evaden la abstinencia de la rutina; el terrateniente apegado al poder del dinero (Dylan Moran), sumido en el vacío del abandono; soledad compartida con el anciano escritor (M. Emmet Walsh), aferrado a su máquina de escribir y sus sueños; un psicópata violador (Domhnall Gleeson, hijo de Brendan Gleeson en la vida real) que no puede explicar la naturaleza de sus actos, como si viviese un desdoblado trance mortal; el chico (Killian Scott) que quiere canalizar sus impulsos con las chicas alistándose en el ejército.

Cada subtrama constata la fuerza gravitatoria de todas sus dependencias y evasiones. La indefinición de los “porqués” no permite descansar a la atareada mente de James. Alguien que sabe perfectamente lo que significa huir de la realidad. Del mismo modo que todos los demás necesitan escapar de sus demonios, ya sea de la soledad, de la vergüenza, de la monotonía, del rechazo, de la misma vida y hasta de cualquier tipo de fe (como el médico encarnado por Aidan Gillen). Nadie, ni siquiera la propia hija de James (Kelly Reilly) está a salvo de ello. En su caso, la huida destapa la falta de dosis paternal, cuando más lo necesita.

Parece una película coral, porque hay numerosos personajes, pero en realidad  hay un pivote “solo ante el peligro” donde converge todo. El padre James es el guía espiritual. Un hombre que carga con la pesada cruz de los pecados de la institución a la que pertenece y representa, pero que no hace suya. Un hombre bueno porque sí, rodeado de feligreses que le atormentan. Gente que yergue la ira de su frustración golpeando sus propias miserias sobre un muñeco de pim, pam, pum.

Mientras tanto al reloj del sacerdote le falta tiempo para descubrir al “Judas” que le traicionará. Cada diálogo parece decir al espectador, ¿seré yo maestro?, del mismo modo que James acepta su papel de redentor. La cinta de McDonagh está repleta de reminiscencias alegóricas, muy audaces y pertinentes. Tal es el caso de aquella escena en la que un enrabietado James descarga su ira en el bar, en clara alusión a la expulsión de los mercaderes en el templo.

CalvaryLo más admirable es que tal simbología velada y tales enredos dialecticos no obstruyen la intriga. Porque, la esencia de Calvary está en la brillantez del guion. Todos los diálogos nos sorprenden con el ademán de juzgar, desde posiciones axiomáticas seguramente, y que acabarán por derretirse. Nos dejarán en silencio, mientras encajamos preguntas duras, directas a la conciencia, y nos pillará desarmados. ¿Por qué no somos capaces de separar al representante de una institución, la que sea, de la persona?; ¿por qué no admitimos que lo que sentimos fuera de nuestro círculo vital nunca nos afecta como creemos?; lo fácil es huir de esa realidad que debería “punzarnos”, como diría Barthes, y que, sin embargo, la contemplamos anestesiados, víctimas de la hipervisibilización de imágenes que vemos en las noticias.

McDonagh se supera con un cine de altura, que incomoda sin ofender, que interpreta sin caer en la demagogia. Cómplice con todos aquellos que no tengan miedo a la reflexión íntima del mundo que nos rodea. Porque sin ni siquiera eso, el efecto se desvanece sin implicación, y no nos implicaremos, porque somos adictos a “la razón cínica”.

Tráiler

Ficha técnica:

Calvary ,  Irlanda, Reino Unido, 2014.

Dirección: John Michael McDonagh
Guión: John Michael McDonagh
Producción: Chris Clark, James Flynn
Fotografía: Larry Smith
Música: Patrick Cassidy
Reparto: Chris O'Dowd, Brendan Gleeson, Domhnall Gleeson, Kelly Reilly, Aidan Gillen, Dylan Moran, Isaach De Bankolé, M. Emmet Walsh, Marie-Josée Croze, David Wilmot

Mario Cea Millán

Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

Un comentario para “Calvary”

  1. Celia Sutton

    Mario felicidades!! me encantó la crítica, muy amena y bien escrita! me quedo con ganas de ver la película, espero que llegue pronto a México.
    Saludos

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