Críticas

Todo lo sólido se desvanece en el aire

Call Me by Your Name

Otros títulos: Llámame por tu nombre.

Luca Guadagnino. Italia / Francia / Brasil / EUA, 2017.

Cartel de la película Call Me By Your NameTodavía me cuesta comprender los motivos por los cuales considero que Llámame por tu nombre es una película grandiosa. La vi en dos oportunidades, y sus virtudes aún me parecen tan evidentes como esquivas, como si su belleza fuera algo que no perteneciera a nuestro tiempo, algo que no pudiera medirse con los estándares actuales de valoración de una película. Quizás haya que dar su grandeza por sentada, como hacemos con las ruinas históricas de una ciudad al apreciarlas como vestigios culturales de otra época. No es que haya algo particularmente extraordinario en ella, pero en un punto, la quinta película del cineasta siciliano Luca Guadagnino parece tratarse de una obra de arte inapelable, al igual que esas esculturas grecorromanas encontradas bajo las aguas del lago de Garda por un profesor de arqueología en un tramo inicial del relato.

Call Me by Your Name es la adaptación de una novela homónima del escritor egipcio André Aciman, publicada en 2007. En un principio, el proyecto recayó bajo la dirección del hoy muy inactivo cineasta James Ivory (Maurice, Lo que queda del día, La mansión Howard), pero distintas circunstancias empujaron a que este quedara a cargo únicamente del guion y la dirección cayera en manos de Luca Guadagnino, que había cobrado cierta notoriedad con sus últimas dos películas, Yo soy el amor y Cegados por el sol. En una instancia inicial de la producción, Guadagnino estuvo a cargo de la búsqueda de locaciones, pero el cineasta parece haberse adueñado por completo de la historia y hoy sería difícil negarle el mérito de haber brindado a la película una identidad expresiva única e intransferible.

Llámame por tu nombre

Los créditos iniciales de la película consisten en una breve sucesión de fotografías de esculturas masculinas grecorromanas, sobre las que se inscribe una tipografía manuscrita propia de un profesor académico. Inmediatamente después, se nos pone en contexto: la acción toma tiempo y espacio durante el verano de 1983, en “algún lugar del norte de Italia”. No puede decirse que el contexto histórico del relato sea demasiado significativo: ni el verano de 1983 ni la hermosa villa de un pueblo de Lombardía, donde viven el profesor Pearlman (Michael Stuhlbarg), su esposa Annella (Amira Casar) y su hijo adolescente Elio, funcionan como indicios singulares que den a entender que esta historia solo podría haber tomado forma en este momento particular y no en cualquier otro. De hecho, la ambientación de época es rigurosa, pero nunca demasiado vistosa, a tal punto que, sin renegar de la belleza del entorno, la película logra que el espectador adopte ese ambiente sereno y bucólico con total naturalidad. Un dibujo manuscrito pegado en la pared de una habitación del tenista sueco Björn Borg, muy popular en el momento en el que se sitúa el relato, es un indicio claro de la intencionalidad casi transparente de la película por apegarse al rigor histórico. Al situar su relato fuera de nuestro tiempo, Llámame por tu nombre funciona mucho más como un tratado sobre la especie humana ante la ausencia absoluta de teléfonos celulares, computadoras personales y redes sociales, que como un documento de época. Sus personajes pasan el tiempo leyendo, nadando en lagos y estanques, comiendo duraznos y discutiendo sobre temas relacionados con el arte sin alcanzar jamás la pedantería. Es otra de sus grandes virtudes que al involucrar a seres intelectualmente despiertos, esta película privilegie los aspectos más impulsivos, físicos y sentimentales de sus personajes. En esta maravillosa obra de Guadagnino, el cuerpo y el paisaje están solo al servicio de las pasiones, con el lenguaje como una tímida manifestación de los sentimientos. El pasaje del verano al invierno, como representación del nacimiento y extinción del ciclo sentimental, así como también las escenas que involucran truenos de tormenta o cascadas para aludir a lo intempestivo de ciertas pasiones, demuestran la enorme capacidad del director para jugar con los elementos propios del melodrama sin jamás caer en torpezas ni frivolidades.

La película describe una breve pero intensa relación amorosa entre dos hombres, uno de ellos adolescente y el otro adulto. Ambos mantienen una diferencia de edad significativa, aunque poco controvertida, de apenas siete años. Elio es interpretado por Timothée Chalamet, y su actuación es una de las mejores que se haya visto en mucho tiempo. El joven actor norteamericano redefine muchas de las virtudes que hacen a un gran intérprete, básicamente porque insinúa todo desde las miradas y los movimientos, inseguros por momentos y decididos por otros. El otro amante es Oliver (Armie Hammer), una especie de Don Draper veraniego, un hombre de belleza canónica y modelada, claramente definida por los criterios sociales establecidos sobre lo que la opinión pública considera atractivo en un ser masculino. Sin mostrarse nunca autoritario, Oliver es quien ejerce el dominio sobre la relación, en tanto objeto de deseo, pero también por el hecho de ser el más experimentado de los dos. El tono de la película no está del lado del dominante, sino en completa sintonía con Elio: comparte sus ansiedades y sus confusiones, se mueve a la velocidad de sus caprichos y sus deseos. Elio convive en total armonía con sus padres, un profesor de arqueología y una intelectual con los que comparte una clara afinidad por lo artístico. Esta relación armoniosa con sus padres da pie a una grandiosa escena, donde la madre lee un fragmento en alemán del Heptameron, texto histórico de cuentos que traduce en voz alta durante la lectura para comprensión de su esposo y su hijo, en un clima de intimidad compartida, de esos que contribuyen a hacer del cine algo eterno. La escena es significativa porque, aun por medio de las palabras, permite traducir en imágenes los miedos que mantienen las pasiones de Elio a resguardo del resto, algo que cambiará a partir de esa lectura. Un brillante diálogo final entre padre e hijo funcionará como única muestra de enunciación sobre lo vivido y experimentado.

Call Me By Your Name, crítica

Elio transcribe música clásica, toca el piano con un virtuosismo discreto y por las noches sale a bailar, mientras da rienda suelta a su inquietud sexual con su novia Marzia (Esther Garrel, hija del legendario cineasta francés Philippe Garrel). Oliver, de origen americano, irrumpe un verano como asistente de investigación para colaborar con el padre de Elio durante solo seis semanas. La estadía de Oliver es la que desatará el romance intempestivo, luego de algunas incomodidades iniciales, como la de la escena del partido de vóley, donde Oliver intenta masajear en el hombro a Elio ante la visible resistencia de este, perfecta muestra de asedio y hostilidad entre el cazador y su presa. Cuando el amor estival se concrete, Guadagnino apelará a una franqueza en el tratamiento, que oscila entre lo festivo y lo pudoroso. Muestra clara de ello es la escena de la masturbación de Elio con un durazno, filmada casi en su totalidad en un único movimiento de cámara y con la única intervención sonora de una radio encendida, que sintoniza una canción italiana. Donde uno intuye una oportunidad para el director de trascender con una escena escandalosa, polémica o controversial, Guadagnino resuelve con sensibilidad y elegancia.

El hecho de que se represente una relación homosexual no le da a la película mayor trascendencia. Su transgresión no es política ni estética, sino de orden sentimental, básicamente porque sus personajes no dan demasiadas vueltas para satisfacer sus impulsos ni tampoco desafían valores sociales establecidos con su relación. Guadagnino reconoce influencias directas de Bernardo Bertolucci, de Jean Renoir y de Maurice Pialat en el tratamiento de la historia. Parece mucho más cerca del realismo ascético de este último, aunque tamizado por la estilización de los dos primeros. No hay un contexto punitivo que condicione el vínculo entre los dos amantes. En ningún momento intuimos fatalidades ni condenas sociales, y de hecho son varias las escenas donde los padres de Elio intercambian miradas cómplices que dan por sobreentendido el atractivo mutuo que desarrollan ambos personajes. Entendemos, sí, lo efímero de la relación, pero su disolución no se percibe en términos excesivamente dramáticos, sino como condición prácticamente ineludible de una primera aproximación hacia el amor.

Llámame por tu nombre, imagen

El probable exceso de corrección política de los miembros de la Academia de Hollywood le dio a esta película la posibilidad de acceder a unas cuantas nominaciones a los premios Oscar, como ya ocurrió con Secreto en la montaña (Brokeback Mountain, Ang Lee, 2005), y más recientemente con Moonlight (Barry Jenkins, 2016), pero los méritos de Call Me By Your Name le pertenecen por derecho propio. Luca Guadagnino parece estar tan convencido de sus virtudes expresivas que no necesita realizar proezas de cámara ni de montaje para llevar adelante la historia. Si bien son innegables los méritos de la fotografía en 35mm del tailandés Sayombhu Mukdeeprom (colaborador habitual de Apichatpong Weerasethakul), los del decorador Violante Visconti di Modrone, responsable de la elección de los elegantes y rústicos interiores, así como también la selección musical que alterna entre las maravillas impresionistas de Maurice Ravel y la sensibilidad pop de Sufjan Stevens, Guadagnino parece estar al mando de una orquesta que ejecuta un adagio nada sombrío en tono menor, manteniendo siempre una cadencia reposada, dirigiendo una obra compleja, pero simple en su apreciación, desprovista de ornamentos innecesarios y solemnidades. Llámame por tu nombre será una película inmortal por toda su nobleza y honestidad.

Ficha técnica:

Call Me by Your Name  / Llámame por tu nombre ,  Italia / Francia / Brasil / EUA, 2017.

Dirección: Luca Guadagnino
Duración: 132 minutos
Guion: James Ivory, basado en la novela homónima de André Aciman
Producción: Samuel Deshors
Fotografía: Sayombhu Mukdeeprom
Reparto: Timothée Chalamet, Armie Hammer, Michael Stuhlbarg, Amira Casar, Esther Garrel

Una respuesta a “Call Me by Your Name”

  1. Hola!! es para decir, después de haber leído muchas y variadas críticas de esta película, que me encantó el análisis y las apreciaciones de Castriota. También me parece un film extraordinario, que llega directamente desde/y a las emociones.
    Un abrazo desde Argentina!!

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