Críticas

La vida en gris

Bárbara

Barbara. Christian Petzold. Alemania, 2012.

Cartel de la película BarbaraLa vida tras la antigua Cortina de Hierro de las naciones comunistas de Europa va a ser por muchos años un tema muy interesante para plasmar en el cine. Se trata de formas de vida que fueron objeto de grandes debates ideológicos muy influenciados por esfuerzos propagandísticos, ante los cuales es bien difícil asumir posiciones objetivas. Hay que aplaudir los esfuerzos que hace el cine para  acercarnos a estas realidades. Es muy posible que a través de este medio tengamos un conocimiento más real y una posibilidad más certera de acercamiento, que si hubiéramos hecho  viajes de exploración a esos países en esas épocas ya idas.

Bárbara es uno de esos esfuerzos, en mi parecer, bastante valioso. En una entrevista concedida por  Christian Petzold, su director, que aparece en la revista de resúmenes de prensa 45 minutos, este dice algo muy importante, que señala las complejidades a que se enfrenta alguien que quiere interpretar situaciones en esas naciones y épocas: “El miedo salía de la propia gente y funcionaba de maravilla. La desconfianza había envenenado la belleza, el cariño y la libertad”. Estamos hablando del miedo como un producto humano que contamina los ambientes, es decir, algo que va a envenenar también a las interpretaciones, tanto de los que están sujetos al miedo, como de aquellos que son testigos de lo que pueda estar sucediendo. Naturalmente que aquellos que observan situaciones de miedo van a tener la tendencia a ver el aspecto gris dominante y con ello van a tener problemas para acercarse a los colores que necesariamente subyacen (ya que nunca es posible envenenar totalmente el alma humana). Al respecto, señala  Petzold que “en las películas de estos últimos años se ha mostrado una Alemania del Este bastante desaturada. No hay colores, no hay viento, tan solo los grises de las fronteras y los cansados rostros que recuerdan a los pasajeros con la mirada vacía de los trenes nocturnos en la estación de cercanías… No queríamos filmar a una nación oprimida y acabar yuxtaponiendo el amor como fuerza inocente, pura, liberadora. No queríamos símbolos. Basta con entenderlos, pero nunca aportan más de lo que ya se sabía”.

Fotograma de BarbaraEl personaje protagónico de Bárbara es una doctora que quiere salir de la Alemania del Este y que además tiene un novio en Occidente, dispuesto a facilitarle su salida del país. Lo primero se sabe, pues ella ha pedido los permisos del caso, que han sido negados, y ello pone en algunas duras pruebas a Bárbara por parte del aparato estatal. Pero también la somete a otras, quizás todavía más duras, resultantes de su desconfianza hacia todo lo que la rodea, especialmente hacia las personas que trabajan y que conviven con ella. Bajo estas presiones se la ve hosca, solitaria y misteriosa, cuando en realidad es un ser sensible, amistoso y cercano. Si bien la película hace un gran esfuerzo por aproximarnos a las mentes de los personajes, a través de su delicada atención a los pequeños detalles y a través de su excelente fotografía de los rostros y de los gestos, también nos muestra sus dudas y miedos por medio del guion, con lo cual el espectador es como otro personaje que no sabe cómo entender o acoger a la doctora protagonista o a los demás personajes. Nos queda la impresión de que bajo este sistema de miedos nunca sabremos lo que la gente realmente piensa.

Imagen de la película BarbaraA modo simbólico, para resaltar las dificultades de interpretación cuando hay dudas inherentes en las situaciones, se presentan en el filme dos casos de naturaleza médica, inesperadamente técnicos y objetivos, que en un principio están mal diagnosticados y que se resuelven únicamente a base de franqueza interpretativa, apoyada en observaciones más inteligentes y más detalladas que las que surgen a primera vista, como las que, por ejemplo, pueden resultar de la aplicación simple de principios de autoridad o de mando. Estos casos se resuelven en Bárbara, en circunstancias que acercan mutuamente a los dos protagonistas hacia una cierta confianza, hacia verdades comunes que trascienden y que, aunque tímidamente, vencen la desconfianza.

Entonces, el cine, con su sentido creativo, con su capacidad de establecer escenarios y simulaciones, nos puede en verdad trasladar a esos gigantescos ensayos (fallidos o exitosos) que se han hecho en la historia para moldear las sociedades y que no conocemos bien, que no acabamos de entender ni de comprender. Una riqueza de visiones puede aportar un cierto equilibrio interpretativo que nos permita aprender y aplicar conceptos con mayor sabiduría.

Barbara, película alemanaDesde otro punto de vista menos interpretativo, Bárbara es cine y por lo tanto, concebida como entretenimiento y potencialmente como arte. En el primer sentido, se desarrolla secuencialmente en una forma que mantiene una buena tensión narrativa, solamente al final se resuelven las diversas situaciones, algunas de modo inesperado; hay por lo tanto una buena historia bien contada. En cuanto a lo segundo, es una película bella, con muchas imágenes memorables. El viento es un protagonista inesperado, rico en sonidos y movimientos, bien intercalados con los estados mentales de la protagonista; igual sucede con la música y con el piano que toca Bárbara, que se aprovechan para resaltar la humanidad y la estética y para iluminar y colorear los tonos grises. Son de mucho acierto las escenas en bicicleta, en tranvía, en los caminos y los bosques; reciben atención esmerada, están muy bellamente fotografiados y se constituyen en espacios de tránsito entre las escenas actuadas, dando un gran equilibrio a la película.

Bárbara es una muy humana aproximación a la vida en gris. El director se ha esforzado por mostrar los colores subyacentes y lo ha logrado al enfocarse en los personajes, en sus circunstancias y en sus sentimientos. Pero ha sido fiel con su visión: el miedo y la desconfianza son grandes condicionamientos y pueden apagar el alma humana.

Trailer

Ficha técnica:

Bárbara (Barbara),  Alemania, 2012.

Dirección: Christian Petzold
Guion: Christian Petzold, Harun Farocki
Producción: Florian Koerner von Gustorf, Michael Weber
Fotografía: Hans Fromm
Música: Stefan Will
Reparto: Nina Hoss, Ronald Zehrfeld, Rainer Bock, Jasna Fritzi Bauer, Mark Waschke

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