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BAFICI 2017 – Competencia argentina

BAFICI 2017

EL ESPECTADOR IMAGINARIO se hizo presente, como todos los años, en la 19° edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI) que se realizó del 19 al 30 de abril, con dirección artística de Javier Porta Fouz y organizado por el Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

La programación ofreció más de 400 films, entre ellos, óperas primas y premieres mundiales que participaron durante diez días muy intensos y variados, ofreciendo un panorama cinematográfico apto para todo tipo de gustos y tendencias estilísticas.

La Competencia Argentina contó con 15 largometrajes de gran heterogeneidad, seis de ellos óperas primas (Las cinéphilas, Los Territorios, Cetáceos, Fin de semana, Orione, Una hermana). Las películas se realizaron dentro y fuera del país, reflejando el espíritu urbano de la ciudad o rescatando las costumbres de los paisajes bucólicos del Interior. La variedad estilística y temática se dividió entre ficción y documental, con límites, muchas veces, imprecisos entre ambos géneros. Varios de sus realizadores, provenientes de Córdoba, dan cuenta de la vigencia del llamado “nuevo cine cordobés” que hace unos años viene dando muestras en el Festival.

Nuestra mirada sobre el corpus de filmes de la Competencia nos acerca a tendencias o reiteraciones desde lo formal, que invitan a apreciar las distintas miradas sobre problemas o ámbitos similares, que los nuevos realizadores aportan como testigos de su tiempo. También, y como es habitual en el Festival, se exhibieron los nuevos trabajos de directores con más trayectoria, como José Celestino Campusano y Rodrigo Moreno.

De esta manera, los grandes temas de la Competencia Argentina se inclinaron hacia el drama, sobre conflictos familiares y personales, orientados en relación al peso de los problemas del entorno y sus vínculos. En segundo lugar, otros realizadores optaron por el género documental para narrar tradiciones, costumbres y hábitos de la vida pueblerina en algunas provincias o en localidades del Gran Buenos Aires. Por último, y en menor medida, están los filmes que reflexionan sobre el cine, el arte y los oficios.

 

Ficciones y documentales sobre conflictos personales y familiares

Vergel

En Vergel (Argentina-Brasil, 2017), la cineasta Kris Niklison (Diletante) desarrolla con elegancia un drama altamente estilizado sobre el proceso de duelo de una mujer brasilera que pierde a su esposo durante sus vacaciones de verano en Buenos Aires. El luto se prolongará demasiado tiempo dentro de un departamento prestado, en el que deberá cuidar de las plantas, mientras observa cómo la vida continúa a su alrededor, en esas plantas, en el vecindario y, especialmente junto a otra mujer, una vecina con que quien se relacionará sexualmente.

El relato pone en juego el Eros y el Tánatos como parte de un ciclo inevitable. El dolor, el deseo y la culpa se fusionan en un mismo cuerpo que desafía sus propios límites. Todo es posible frente a la angustia y la soledad de una pérdida.

La puesta en escena no deja nada al azar, todo parece muy calculado a través de la composición de los planos, las puestas de cámara y los encuadres. Se destaca un gran trabajo de fotografía y cuidado de las imágenes, principalmente las focalizadas en el rostro de su protagonista, a la que Niklison sabe altamente potenciar con mucha libertad.

 

Orione

Orione (Argentina, 2017) es un crudo y realista documental de la mano de la directora Toia Bonino, quien obtuvo el merecido premio a la Mejor Dirección de la Competencia Argentina. Y digo merecido, porque supo sortear el formalismo del género e imponer su estilo. Mientras se prepara una torta con muchos detalles y dedicación, escuchamos el testimonio en off de una madre relatando la imposibilidad de salvar a su hijo de un destino marginal. Ese dolor latente y asumido se distribuye a lo largo de la película con gran entereza.

Filmada en el barrio Don Orione, una zona humilde del Gran Buenos Aires, el documental da cuenta de la historia de Alejandro Robles que, al igual que otros de su generación, han optado por la delincuencia como forma de vida. A partir de imágenes de archivo, filmes familiares, relatos a cámara de algún vecino, escenas de un allanamiento policial y el testimonio periodístico sobre los hechos reales, se reconstruye no sólo el pasado y el entorno de Alejandro, sino la angustia de esa madre que se plasma en una torta que va quedando lista.

Un relato conmovedor de Bonino, donde toma la distancia justa y el equilibrio adecuado para registrar un panorama social difícil, en el cual la inseguridad y la delincuencia son consecuencia de un sistema político desigual. Sin una toma de posición elegida hacia un lado u otro, la observación profunda de la realizadora responde a la convicción de mostrar el destino actual de tantos jóvenes perdidos en medio de una coyuntura de lo más adyacente.

 

Otra madre (Argentina, 2017), del cineasta cordobés Mariano Luque (Salsipuedes) presenta un filme donde el rol de la mujer en la sociedad actual es el núcleo central, a partir del cual desarrolla la historia. La película narra la vida de una madre, Maby, que está separada y con una hija pequeña. Ella deberá trabajar en dos lugares y vivir junto a su familia para poder darle una vida digna a su hija. Maby no tiene otra opción, las condiciones y el contexto parecen no ayudar a un cambio de rumbo. La cámara de Luque la sigue de cerca, toma los detalles y las acciones mínimas que se reiteran cada día. Los hombres están casi ausentes en medio de ese universo femenino (madres, abuelas, tías, amigas). Ellas solas forman un núcleo de contención y solidaridad, donde no hace falta decir nada más. Los planos las contienen y el cansancio de sus gestos las llena de realismo.

 

Una hermana

En Una hermana (Argentina, 2016), las realizadoras Sofía Brockenshire y Verena Kuri vuelcan sobre el espectador la impotencia de una ficción referida a la angustia de la pérdida y la negligencia que rodea los hechos; también habla de la desprotección y el egoísmo.

Alba busca a su hermana que desapareció dentro de su pueblo. Pide ayuda, pero nada es suficiente ni a nadie le importa tanto como para disponer de todo el operativo necesario para encontrarla.

Ante el dolor de la pérdida, todo se derrumba en el seno familiar con el que tampoco cuenta. Una hermana da cuenta de la complicidad, los secretos, el silencio y la violencia sobre una joven, que es víctima en una sociedad que las vuelve, cada día, más vulnerables. Un relato angustiante que contextualiza la problemática actual.

 

Cetáceos (Argentina-Italia, 2017), de Florencia Percia, es una propuesta muy interesante dentro de la Competencia Argentina. Dicen que las mudanzas es uno de los hechos más estresantes. Ese es punto de partida y el comienzo del quiebre de Clara (Elisa Carricajo en una destacada interpretación) que, junto a su esposo (Rafael Spregelburd, el papel de obsesivo le sale muy bien), se mudan a un nuevo departamento. Él viaja y ella queda sola en medio de cajas y canastos para desembalar, pero no lo hace. Algo en ella se quebró y se busca todo el tiempo a lo largo del relato, intenta redescubrirse en nuevos ámbitos, con otras relaciones y se permite abrirse como nunca antes se animó.

Percia logra transmitir en cada plano los estados de ánimo de su protagonista con mucha soltura. Hay una mirada sobre lo femenino que se percibe muy bien. El relato, que no hace más que profundizar en la búsqueda interna, está acompañado de situaciones absurdas y personajes pintorescos que descomprimen el proceso íntimo de Clara. El filme muestra el camino de una mujer en busca de una libertad tan apacible como la de los cetáceos en el mar.

 

Fin de semana (Argentina, 2016), ópera prima de Moroco Colman, presenta un filme intimista sobre la dificultad de los vínculos y las pérdidas familiares. Filmada íntegramente en la provincia de Córdoba, la casa frente al lago es el escenario para el reencuentro de Carla con Martina después de un largo tiempo de no verse. Nada será fácil y ambas deberán esclarecer sus sentimientos.

Con un buen manejo de la tensión y de lo no dicho, el relato procura dosificar la información que el espectador tratará de ir hilvanando, pero así como no dice y juega con lo latente, lo expresará en imágenes, como en varias escenas de sexo explícito o de reacciones violentas. A pesar de ciertas desprolijidades técnicas (formato, color), se destacan las buenas interpretaciones de María Ucedo y Sofía Lanaro, con un desenlace que intenta resolver la falta de indicios, sin dejar lugar a más preguntas.

 

El Pampero (Argentina-Uruguay-Francia, 2017), de Matías Lucchesi (Ciencias Naturales) narra el viaje repentino de Fernando (Julio Chávez), quien padece una enfermedad terminal. Parte en su velero y navega por las aguas del Río de la Plata sin rumbo cierto. En medio de la travesía descubre que no está solo, hay una joven escondida llamada Clara (Pilar Gamboa). Tiene la camisa manchada de sangre y también huye. El rumbo de Fernando deberá ser otro.

El viaje con destino incierto se transformará en el escenario elegido para huir y reencontrarse a partir de distintas situaciones límites; un desafío que enfrentarán personajes violentados por distintas tensiones, de las que sólo habrá pequeños indicios y algunas sugerencias que vuelven más interesante al relato. Acciones mínimas, buenas actuaciones a las que se sumará César Troncoso, como un agente de la Prefectura, oscuro e invasivo, que generará una dosis de suspenso al drama. Lucchesi potencia la actuación de Chávez en su hermetismo e inexpresión para desarrollar un conflicto existencial con pocos elementos y gran sensibilidad.

 

Cicero impune

Cícero Impune (Argentina- Brasil, 2017), de José Celestino Campusano (Vikingo, Vil romance, Fango, El sacrificio de Nahuel Puyell), presenta una nueva historia cargada de violencia e impunidad. Campusano se aleja del conurbano bonaerense o de Puerto Madero de Placer y Martirio para narrar una historia en una zona humilde del sur de Brasil.

Cícero, un hechicero de la zona, es consultado por jóvenes, a quienes engaña y viola indiscriminadamente, bajo la impunidad de las autoridades y las fuerzas policiales locales. Entre las víctimas está Valeria, novia de César, un trabajador de la madera que al enterarse del hecho, buscará de múltiples maneras la ayuda necesaria para vengarse y hacerle pagar a Cícero todo el daño que ha hecho.

Una cámara en mano, por momentos desprolija, imágenes poco cuidadas no hacen más que exaltar el hiperrealismo localista, en donde todo parece alejarse de la belleza.

Los elementos iconográficos de su filmografía se hacen presentes a través de un paisaje selvático, tan protagonistas como el resto de sus personajes vulnerables. Hogares humildes, mujeres sometidas, el machismo local, los códigos y el poder haciendo la vista gorda. Campusano no tiene medias tintas y va al grano, se compromete con quienes no tienen una salida; así, logra un relato directo, con cierta crudeza visual y explícita, a la que suma una banda sonora que completa ese lenguaje visceral que lo caracteriza.

 

Documentales regionalistas

Casa Coraggio (Argentina, 2017), de Baltazar Tokman (Tiempo muerto, Planetario, I Am Mad), toma como punto de partida la Casa de Velatorios Caraggio en la localidad de Los Toldos, Provincia de Buenos Aires. La historia está contada por uno de los integrantes de la familia, Sofía Caraggio, quien viaja a su pueblo para reencontrase con su familia y ayudar a su padre en los trabajos funerarios de la empresa. A partir de allí, la cámara se mete de lleno en la intimidad de los ambientes. Sigue el día a día de Sofía, dando luz a los vínculos familiares y, paralelamente, registra la actividad que se desarrolla en la funeraria (el tratamiento del cuerpo, los distintos ataúdes y la ceremonia). Esa búsqueda narrativa se desarrolla entre dos contrastes: vida y muerte, ambos funcionan en relación directa con los deseos de Sofía, quien aún no decide si quedarse y continuar la tradición del negocio, sucediendo al padre, o volverse a Buenos Aires donde actualmente vive y trabaja. Sin embargo, el foco del relato sobre la actividad y el rol de la empresa comienzan a disiparse con prolongadas escenas de la intimidad familiar, generando un diálogo entre el rigor de las tradiciones y su adaptación al presente, que va perdiendo su verdadero leiv motive.

 

El espanto

El Espanto (Argentina, 2016), segunda película de Martín Benchimol y Pablo Aparo, luego de La gente del río (2012). Esta vez, eligen el pueblo de El Dorado, donde llegan con su cámara para dar a conocer las costumbres “sanadoras” de su comunidad. Los habitantes del lugar no van al médico, descreen de la medicina ortodoxa para sanar, ellos mismos se curan entre ellos: el mal de ojos, el empacho, la ojeadura, la pata de cabra, menos el espanto. Con eso no se meten, salvo un huraño y misterioso curandero que vive alejado del pueblo con métodos non sanctos, según dicen las malas lenguas. Pero ¿Qué es el espanto? ¿Qué misterio hay detrás de eso?

A partir de testimonios a cámara de los pobladores, imágenes locales y ejemplos de curación, el documental logra dar cuenta de la vigencia de las supersticiones, los prejuicios y los secretos que retroalimentan el paisaje de vida pueblerina, cerrada, aislada y sin aspiraciones. La mirada de los directores no se muestra comprometida ni empática con lo que registra, algunos de los planos fijos dejan a los entrevistados como seres algo freaks. El Dorado, del que poco se sabía y sobre el cual persiste ese halo de misterio, parece un lugar extraído de un cuento de ficción, donde el tiempo se ha detenido.

 

Una ciudad de provincia

Una ciudad de provincia (Argentina, 2017), de Rodrigo Moreno (El custodio, Un mundo misterioso, Reimon) obtuvo Mención Especial en la premiación del Bafici. La nueva propuesta de Moreno se aleja de la ficción, como intentó hacer en Reimon, para instalarse en la ciudad de Colón, provincia de Entre Ríos, y hacer un documental sobre esa localidad. Allí, transcurren las horas y los días registrados por una cámara que se inserta en la ciudad y entre la gente para captar las costumbres y los hábitos de sus habitantes. Las imágenes toman la cotidianidad y las ocupaciones: entra en la radio local, mostrando cada detalle del estudio; participa de la actividad de los pescadores, de su charla nocturna, la salida por el río; luego entra en la municipalidad, mientras la gente circula; y así, el mismo procedimiento para registrar un negocio de artículos regionales, un bar, un local de ropa interior o una partida de truco que juegan los chicos de la zona.

Una ciudad de provincia, como lo expresa su título, no se acerca al documental turístico ni al etnográfico; resulta una observación detallista, casi invasiva, del espacio y su gente, desde una mirada o, mejor dicho, con una intención poco clara en la construcción del relato. Una buena fotografía e imágenes cuidadas dan cuenta del diálogo que sólo en las regiones de provincia puede generarse entre el hombre y su entorno natural.

 

El cine, el arte y oficios.

Las cinephilas

 Las cinephilas (Argentina, 2017), de María Álvarez, es un bello documental que hace su merecido homenaje al cine. ¿Se deja de ser cinéfila con el paso de los años? No, al contrario. Las cinéphilas demuestra que el cine mantiene el espíritu vivo de seis mujeres jubiladas, procedentes de distintas partes del mundo: España, Uruguay y Argentina. Cada una de ellas, a la manera de un sagrado ritual, asiste todas las tardes al cine o participa en el Festival que se presente en la zona.

La ópera prima de María Álvarez destaca el encanto y la simpatía de Estela, Paloma, Norma, Chelo, Lucía y Leopoldina. Un grupo muy interesante, donde cada una aporta su mirada singular y la relación del cine y el arte en sus vidas; un logro que la realizadora supo resaltar y potenciar con el trabajo de cámara. Las historias se van intercalando, a través de entrevistas sin intervención y desde un registro cercano que las acompaña a sus actividades, entra en su hogar. La mirada de la realizadora se muestra respetuosa de sus cinéfilas y se divierte junto a ellas, al mismo tiempo, con una complicidad que funciona muy bien. Todas comparten la pasión por el cine, otorgándole un plus de frescura, y eso se nota.

Las seis participan del proceso de filmación, casi como una suerte de ensamble entre la ficción que tanto consumen y la realidad concreta de verse ellas mismas en una pantalla. Una forma de eternizarse, como dice Lucía.

Las cinephilas reflexiona sobre la importancia del cine no sólo como arte, sino como formador de quienes somos a partir de lo que miramos, leemos y vivenciamos.

 

Hora día mes

Hora-Día-Mes (Argentina, 2017), de Diego Bliffeld, es una propuesta muy original. Bernardo Talavera, alias “Nardo” (Manuel Vicente), trabaja de sereno en el Garage Alborada con gran placer, cuida los coches hasta la obsesión, es perfeccionista, poco sociable y sabe mucho de autos. Pero lo que más disfruta es cuando llega la madrugada y puede “adueñarse” de los automóviles, manejándolos con la soltura de un piloto de fórmula uno.

Producida por Gastón Duprat y Mariano Cohn (El Ciudadano ilustre, El hombre de al lado), la película se basa en los textos de Marcelo Cohen, quien narra en off las acciones y los pensamientos del personaje. Hora-Día-Mes se aleja de los convencionalismos narrativos (introducción, nudo y desenlace) y se pregunta, al mismo tiempo, si es una historia. La película se inclina más hacia la narración omnisciente de Cohen que al lenguaje cinematográfico. Una combinación que mezcla la mirada reflexiva, sociológica y enciclopedista del autor, con el esteticismo de Diego Bliffeld en el cuidado de las imágenes y la planificación de una puesta en escena con momentos logrados.

 

La vendedora de fósforos

La vendedora de fósforos (Argentina, 2017), de Alejo Moguillansky (El escarabajo de oro, El loro y el cisne, Castro, ganadora de 11º Edición del Bafici), fue elegida como Mejor película de la Competencia Argentina. Se basa en un hecho real. En el año 2014, el compositor alemán Helmut Lachenmann presentó en el Teatro Colón su versión de La vendedora de fósforos, transposición del cuento de Hans Christian Andersen.

La historia estará reflejada en la pareja de Marie y Walter, contratado para hacer la regié de la ópera. Ambos transitan el demandante mundo del arte, los problemas económicos y la vorágine diaria, sin por eso dejar de ocuparse, como puedan, de su hija pequeña, un personaje que el relato emparentará con la protagonista del famoso cuento.

 

Los Territorios (Argentina-Brasil, 2017), de Iván Granovsky, es un relato omnisciente, narrado en off y en primera persona. Expone la búsqueda personal que lo aqueja sobre su futuro profesional. ¿Convertirse en cineasta o corresponsal de guerra o periodista o…? Porque Iván Granovsky es hijo del periodista especializado en política internacional del diario Página/12, Martín Granovsky, quien participa en el documental. Es entrevistado por su hijo, con quien viaja, enseñándole el oficio de corresponsal y compartiendo, principalmente, un espacio afectivo entre padre hijo con intereses e influencias en común. También lo hace con su madre, porque la construcción individual del realizador y el proceso de desapego familiar concierne a sus vínculos más cercanos y al peso del “deber ser” que le fue inculcado.

Iván viaja por el mundo. Desde chico aprendió de memoria un Atlas que siempre lo acompañó. Las banderas de los países funcionan como separadores y guía de la región donde ejercerá un periodismo amateur y buscará acercarse lo más posible a la línea de fuego, como hacen los corresponsales. Fresco, auténtico y dinámico, el espectador será testigo de distintos escenarios, entrevistas y mails que intercambia Granovsky con su familia. En su afán por seguir sucesos geopolíticos termina construyéndose como personaje.

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