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El territorio de la esperanza

Afiche original de la película FRONTERA VERDE

Desde que el mundo es mundo, el hombre ha tenido que migrar en múltiples ocasiones buscando mejores oportunidades de vida. Se estima fue hace unos 60 mil años cuando las primeras migraciones humanas importantes se  movilizaron desde África, debido a eventos climatológicos que fueron la causa de una sequía que les obligó a buscar tierras más fértiles en Europa y Asia.

Desde principios del siglo XIX y hasta inicios del siglo XX (entre 1820 y 1920, aproximadamente), se estima en más de 60 millones de europeos los que migraron desde su continente de origen hacia territorio americano, particularmente hacia la América del Norte. Una segunda oleada, igualmente importante, se produjo al finalizar la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1990, se comienzan a desarrollar, de forma más o menos continua, migraciones diversas a lo largo del mundo, donde grupos de personas escapan de sus lugares de origen, buscando mejores condiciones de vida.

Como ejemplo de esas primeras migraciones, en El padrino Parte II (Francis Ford Coppola, 1974), podemos ver a un niño que llega por barco a la ciudad de Nueva York a principios del siglo XX, junto a tantas otras personas que buscaban cumplir el sueño americano. Ese pequeño, que adopta al llegar el nombre de Vito Corleone, se convertiría años después en uno de los más poderosos jefes de la mafia de esa ciudad, según la novela escrita por Mario Puzo.

Un caso particular podría considerarse el de la migración judía. Un proceso complejo de larga historia que, principalmente por causas religiosas, ha obligado a esa comunidad a desplazarse durante siglos, y que aún después de la creación del estado de Israel en 1948, como una nación para el pueblo judío, sigue siendo un tema álgido, como hemos podido ver en los conflictos que se han desarrollado en la franja de Gaza, donde las dificultades del pueblo palestino en contar también con su territorio se agudizan por intervenciones terroristas y el enfrentamiento con el ejército israelita, lo cual hace cada vez más difícil que se produzca un entendimiento entre las partes.

Éxodo, de Otto Preminger

La película Éxodo, de Otto Preminger, realizada en 1960, y basada en la novela escrita por León Uris, narra la historia de 611 judíos sobrevivientes a los campos de exterminio nazis, quienes en 1948 emprenden un viaje por barco desde Alemania hasta la recién creada Israel. En 1956, Cecil B. De Mille ya nos había ya mostrado en Los diez mandamientos, cómo las aguas del Mar Rojo se abrían para permitir el paso de los israelitas que escapaban del ejército egipcio.

Entre 1915 y 1923, durante el imperio otomano y promovido por el Comité de Unión y Progreso (conocido también como Jóvenes Turcos), ocurrió el genocidio armenio que intentó acabar con la cultura de esa región, provocando la muerte de entre 1.5 y 2 millones de personas, generando un éxodo enorme por todo el mundo de muchos otros que lograron sobrevivir a este exterminio.

Ararat, de Atom Egoyan

Atom Egoyan, cineasta canadiense de origen armenio, abordó en Ararat (2002) esa situación, con la participación en su elenco del cantante francés también de raíces armenias Charles Aznavour, cuya vida fue recientemente llevada al cine en Monsieur Aznavour, producción del año 2024, interpretada por Tahar Rahim como el célebre cantante, también compositor, escritor y ocasional actor. Rahim (francés de origen argelino), ya había interpretado a un personaje armenio en The Cut (2014) de Fatih Akin, historia del viaje emprendido por un hombre que sobrevive al genocidio, emprendiendo un recorrido en búsqueda de sus hijas gemelas. En La promesa (2016), el irlandés Terry George también trató el tema en una película protagonizada por Oscar Isaac, Charlotte Le Bon y Christian Bale.

A lo largo de la historia, y aún hoy, por hambre, por enfrentamientos, por discriminación o por guerras causadas por temas políticos, religiosos o sociales, el hombre se ha visto obligado,  solo o acompañado por su familia o amigos, a desplazarse teniendo que abandonar su lugar de origen, su hogar, para iniciar una aventura incierta que suele resultar dolorosa (física y emocionalmente) alcanzando en ocasiones niveles trágicos.

Estas migraciones pueden a veces ocurrir dentro de un mismo país, como se nos mostraba en Las uvas de la ira, dirigida por John Ford en 1940, con Henry Fonda y Jane Darwell como protagonistas. La novela, escrita por John Steinbeck un año antes, nos mostraba las penurias de una familia que, durante la época de la Gran Depresión norteamericana, debe abandonar su granja ubicada en Oklahoma, para dirigirse junto a muchos otros hacia California, la tierra prometida, donde esperaban encontrar trabajo, tierra, dignidad y un futuro.

Las uvas de la ira, de John Ford

En el documental La sal de la tierra, realizado en 2014 por Wim Wenders junto a Juliano Ribeiro Salgado, alrededor del trabajo del fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, se hace referencia al genocidio de Rwanda, donde el gobierno de origen hutu (la etnia mayoritaria en ese país) decidió aniquilar a la población tutsi, iniciando un proceso de vejaciones, violaciones y asesinatos (se estiman que podrían haber alcanzado el millón de víctimas), entre los meses de abril y julio de 1994, provocando desplazamientos de personas, primero del lado hutu y posteriormente del lado tutsi, que provocaron además muchas otras muertes. La película Hotel Rwanda (2004), dirigida por Terry George (también director de La promesa, como se indicó anteriormente) y protagonizada por Don Cheadle, aborda desde la ficción esa historia.

La sal de la tierra, de Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado

Las fronteras creadas por los distintos países en sus divisiones territoriales han establecido barreras en ocasiones infranqueables, donde el instinto más animal, presente en el hombre, atenta contra la compasión y el humanismo que debería imperar, estableciéndose una relación de enfrentamiento, en lugar de la solidaria, necesaria entre quienes las controlan y quienes buscan atravesarlas en la búsqueda de esa estabilidad deseada.

A Agnieszka Holland, cineasta polaca nacida en 1948, el tema le resulta particularmente sensible. Polonia, ubicada en Europa central y miembro de la Unión Europea, se ha convertido por su posición geográfica limítrofe con Rusia, Bielorrusia y Ucrania, en la puerta trasera europea, teniendo que hacer frente a numerosas olas migratorias que vienen de países como Siria, Afganistán o incluso de diversas partes de África, con refugiados que buscan entrar al país desde Bielorrusia. Por otro lado, el conflicto reciente entre Rusia y Ucrania ha obligado a numerosos habitantes de este país (se estima en más de dos millones) a cruzar la frontera para protegerse en la vecina Polonia.

La filmografía de Agnieszka Holland, marcada por su origen judío y católico, suele abordar temas como la fe y el misticismo, que forman parte de sus producciones. Sus personajes suelen recorrer caminos difíciles en la búsqueda de logros, fracasando por momentos o replanteándose sus objetivos para poder cumplir sus sueños. Suelen pasar por circunstancias difíciles, donde deben enfrentar dilemas morales que les harán tomar decisiones extremas.

Frontera verde. de Agnieszka Holland.

En Frontera verde, la cineasta aborda el tema de la migración desde Bielorrusia, a través de varias historias que se cruzan, a partir del viaje de una familia siria que busca reunirse con un familiar en Suecia y una profesora de inglés de nacionalidad afgana, que sueña con poder disfrutar en Polonia de una vida libre. Un joven guardia fronterizo y una psicóloga viuda, ambos polacos, son además personajes importantes de la historia. El primero por el cumplimiento de un trabajo y la segunda por decisión propia a causa de su sensibilidad frente al tema, les harán partícipes del conflicto, afectando la vida de cada uno de ellos.

Esta crisis migratoria entre Bielorrusia y Europa fue originada en 2021 por Alexandr Lukashenko. Cabeza del gobierno bielorruso desde 1994, cuando fue electo como presidente de ese país, se ha mantenido en el cargo de forma ininterrumpida desde entonces, realizando procesos electorales que han sido señalados como fraudulentos por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa. Lukashenko, mediante una política de puertas abiertas frente al tema migratorio, aumentó la frecuencia de viajes con el Medio Oriente, permitiendo además la venta de visas para ingresar a su país, convirtiéndolo en un territorio de paso, al ofrecerles a numerosos migrantes árabes, africanos o asiáticos, la posibilidad de ingresar desde allí a Europa a fin de generar una problemática de ese otro lado.

Al permitirles cruzar la frontera, los migrantes se encontraban en territorio polaco, en pleno bosque de Białowieża, enfrentando por un lado los peligros propios de una reserva natural y por el otro lado, el hostigamiento de la guardia fronteriza polaca que les llevaba de regreso a la frontera con Bielorrusia, sin posibilidad de pedir asilo y con poca ayuda humanitaria en el aspecto de hidratación, alimento o incluso medicinas. En ocasiones, eran literalmente arrojados al otro lado de la frontera, sin ningún tipo de consideración.

Holland logra construir dramatúrgicamente un relato estructurado en diversos capítulos, los cuales le permiten abordar el drama desde diversos aspectos, que involucran a todos los personajes que participan en su trama. Esta decisión nos ofrece la posibilidad de tener una mirada más objetiva sobre todo lo que involucra la situación por la que atraviesan sus personajes: desde el hombre con su instinto más animal hasta llegar a momentos mas compasivos.

Frontera verde

Filmada en riguroso blanco y negro, con una excelente fotografía a cargo de Tomasz Naumiuk, que había trabajado anteriormente con Holland en Mr. Jones (2019) y también  a cargo para la misma realizadora de la segunda unidad de fotografía en Charlatán (2020). Un plano cenital del bosque a color, con el que inicia Frontera verde, cambia inmediatamente de tono, para mostrarnos en esa escala de grises que va del blanco al negro, todas las vicisitudes de sus diferentes personajes, donde la frontera a la que alude el título de la película, formada por ese espeso bosque, se convierte en un personaje más de la misma.

Con un tono casi documental, las actuaciones de sus intérpretes (reconocidos actores profesionales), le confiere al trabajo final una credibilidad única, capaz de generar en el espectador la angustia necesaria para crear empatía con los diversos personajes.

Sus personajes, de edades diversas, nos muestran cómo una situación de esta naturaleza afecta las diferentes etapas de la vida y las terribles consecuencias que se pueden producir. La película, del año 2023, realizada después de la pandemia causada por la covid 19, nos muestra esa hipermodernidad descrita por Gilles Lipovetsky, como una etapa marcada por el aumento y la amplificación de ciertas tendencias modernas, y el hiperindividualismo que sitúa en primer lugar complacer deseos y necesidades personales, por encima de los intereses colectivos, aún cuando esto, pueda perjudicar a otras personas.

Lipotevsky, filósofo y sociólogo francés de origen judío, precisa con sus estudios sobre temas recurrentes “como el narcisismo apático, el consumismo, el hiperindividualismo psicologista, la deserción de los valores tradicionales, la hipermodernidad, la cultura de masas y su indiferencia, la abolición de lo trágico, el hedonismo instanteneista, la pérdida de la conciencia histórica y el descrédito del futuro, la moda y lo efímero, los mass media, el culto al ocio, la cultura como mercancía, el ecologismo como disfraz y pose social, entre otras”, elementos que caracterizan a nuestra sociedad actual, como base para el rechazo a poder aceptar a un emigrado, generando xenofobias que inciden en la aceptación de personas por origen social, étnico o religioso, culpándoles de los males que pueden estarles afectando.

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